MES DE JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Claves de la encíclica ‘Dilexit nos’, del papa Francisco, sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo
Dominio público
«En un mundo líquido, es necesario volver a hablar nuevamente del corazón», subraya el Pontífice
Dilexit nos, la nueva carta encíclica del papa Francisco, sobre el amor humano y divino del Corazón de Cristo, ya ha visto la luz. Un texto con cinco capítulos y una conclusión, 220 puntos y 227 notas. Un documento con numerosas referencias bíblicas, de grandes santos y de los pontífices que le precedieron.
A lo largo de las páginas de Dilexit nos, Francisco ofrece varias claves en relación con el mensaje del Corazón de Jesús para la Iglesia y la sociedad de hoy.
«Necesitamos recuperar la importancia del corazón»

En un primer momento, el Pontífice insiste en la necesidad de recuperar la importancia del corazón, máxime en un contexto en el que es una realidad la tentación de «convertirnos en consumistas insaciables y de nuestra existencia». esclavizados por los engranajes de un mercado al cual no le interesa el sentido

Nada, dice el Papa, vale la pena si se construye sin el corazón. La apariencia, el disimulo y el engaño dañan y pervierten, y solo ofrecen vacío. Por eso, propone hacerse las preguntas decisivas: quién soy, qué busco, qué sentido quiero que tenga mi vida, por qué y para qué estoy en este mundo, quién soy frente a Dios…

E insiste: «En este mundo líquido, es necesario hablar nuevamente del corazón. Pero nos movemos en sociedades de consumidores seriales que viven al día y dominados por los ritmos y ruidos de la tecnología, sin mucha paciencia para hacer los procesos que la interioridad requiere».

De hecho, defiende que en un mundo digital, marcado por el algoritmo, los pensamientos y la voluntad humana son más estándar de lo que parece: «Son fácilmente predecibles y manipulables. No así el corazón». Un corazón, explica, que hace posible los vínculos auténticos.

El Corazón de Jesús, que tanto amó

Otra de las claves de la encíclica Dilexit nos es la amplia reflexión que hace sobre la devoción y el culto al Corazón de Cristo. Y lo hace con una advertencia primera: «No lo adoramos aisladamente, sino en cuanto con ese corazón es el mismo hijo encarnado que vive, ama y recibe nuestro amor. Nadie debería pensar que esta devoción nos pueda separar o distraer de Jesucristo y de su amor. Nos orienta a él y solo a él».

Un corazón que habla también de la naturaleza humana de Cristo, «que ha querido entrar en nuestra condición histórica, hacerse historia y compartir nuestro camino terreno». «Una forma de devoción más abstracta o estilizada no será necesariamente más fiel al Evangelio, porque en este signo sensible y accesible se manifiesta el modo como Dios ha querido revelarse y volverse cercano».

Así, expone que el Corazón de Cristo incluye un triple amor. Ante todo, dice, el amor divino infinito que encontramos en Cristo, pero también en la dimensión espiritual de la humanidad del Señor y el amor sensible. «Es enseñanza constante y definitiva de la Iglesia que nuestra adoración a su persona es única, y que comprende inseparablemente tanto su naturaleza divina como su naturaleza humana».

Al concluir el capítulo, recoge que la devoción al Corazón de Cristo es algo esencial a la propia vida cristiana, pues significa apertura, llena de fe y adoración, al misterio del amor divino y humano del Señor: «El Sagrado Corazón es una síntesis del Evangelio».

Además, libera de otro dualismo: el de las comunidades y pastores solo concentrados en actividades externas, reformas vacías, organizaciones obsesivas, proyectos mundanos, reflexiones secularizadas… «Estas enfermedades actuales me mueven a proponer a toda la Iglesia un nuevo desarrollo sobre el amor de Cristo representado en su corazón santo».

Experiencia espiritual personal

La tercera clave recogida en Dilexit nos apunta a la importancia de la experiencia espiritual personal. Cita textos bíblicos y padres de la Iglesia, pero, quizás, quien mejor resume la propuesta es san Buenaventura cuando dice que las dos líneas espirituales en torno al Corazón de Cristo son los sacramentos y la gracia y el encuentro personal de amor.

A renglón seguido, Francisco realiza una síntesis de la difusión de la devoción al Corazón de Cristo a lo largo de la historia hasta llegar a la «nueva declaración de amor» a sata Margarita María Alacoque, cuya experiencia invita a releer a la luz del Evangelio y la tradición de la Iglesia. Aparecen también figuras como san Claudio de la Colombière, san Carlos de Foucauld santa Teresa del Niño Jesús.

Muestra así la larga corriente de vida interior en torno a esa devoción. Y agrega: «A veces, tenemos la tentación de considerar este misterio de amor como un admirable hecho del pasado, como una bella espiritualidad de otros tiempos, y necesitamos recordar una y otra vez, como decía un santo misionero, que este corazón de ningún modo ha dejado de amar».

La dimensión comunitaria, social y misionera

El último capítulo de la carta encíclica Dilexit nos subraya la necesidad de que culto y devoción tienen una importante dimensión comunitaria, social y misionera.

A nivel social, recoge Francisco citando a san Juan Pablo II, la necesidad de reparar las estructuras de pecado de nuestro mundo es «una respuesta al corazón amante de Jesucristo que nos enseña a amar».

También el Sagrado Corazón tiene algo que decir en la misión de la Iglesia, pues esta se convierte así en una cuestión de amor. De hecho, el mayor riesgo, apunta Francisco, es que se digan y hagan muchas cosas, «pero no se logre provocar el feliz encuentro con ese amor de Cristo que abraza y salva».

«Hablar de Cristo, con el testimonio o la palabra, de tal manera que los demás no tengan que hacer un gran esfuerzo para quererlo, ese es el mayor deseo de un misionero de alma. No hay proselitismo en esta dinámica de amor, son las palabras del enamorado que no molestan, que no imponen, que no obligan, solo mueven a los otros a preguntarse cómo es posible tal amor. […] No tengas vergüenza de reconocer tu amistada con él», explica.

Finalmente, recuerda que la misión se vive en comunión con la comunidad y la propia Iglesia: «Si nos alejamos de la comunidad, también nos iremos alejando de Jesús. Si la olvidamos y no nos preocupamos por ella, nuestra amistad con Jesús se irá enfriando. Nunca se debería olvidar este secreto. El amor a los hermanos de la propia comunidad es como un combustible que alimenta nuestra relación de amigos con Jesús».

Conclusión

A modo de cierre, Francisco recuerda los vínculos de este documento con Fratelli tutti y Laudato si’, pues el encuentro con Jesús posibilita «tejer lazos fraternos, reconocer la dignidad de cada ser humano y cuidar juntos nuestra casa común».

Y denuncia que en un mundo en el que todo se compra y se paga, parece que no hay lugar para un amor gratuito. «Él es capaz de darle corazón a esta tierra y reinventar el amor allí donde pensamos que la capacidad de amar ha muerto definitivamente. La Iglesia también lo necesita, para no reemplazar el amor de Cristo con estructuras caducas, obsesiones de otros tiempos, adoración de la propia mentalidad, fanatismos de todo tipo que terminan ocupando el lugar de ese amor gratuito de Dios que libera, vivifica, alegra el corazón y alimenta las comunidades», termina.

Fran Otero

Fuente: Ecclesia