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| Dominio público |
El Corazón de Jesús,
que tanto amó
Otra de las claves
de la encíclica Dilexit nos es la amplia reflexión que hace sobre la devoción y
el culto al Corazón de Cristo. Y lo hace con una advertencia primera: «No lo
adoramos aisladamente, sino en cuanto con ese corazón es el mismo hijo encarnado
que vive, ama y recibe nuestro amor. Nadie debería pensar que esta devoción nos
pueda separar o distraer de Jesucristo y de su amor. Nos orienta a él y solo a
él».
Un corazón que habla
también de la naturaleza humana de Cristo, «que ha querido entrar en nuestra
condición histórica, hacerse historia y compartir nuestro camino terreno». «Una
forma de devoción más abstracta o estilizada no será necesariamente más fiel al
Evangelio, porque en este signo sensible y accesible se manifiesta el modo como
Dios ha querido revelarse y volverse cercano».
Así, expone que el
Corazón de Cristo incluye un triple amor. Ante todo, dice, el amor divino
infinito que encontramos en Cristo, pero también en la dimensión espiritual de
la humanidad del Señor y el amor sensible. «Es enseñanza constante y definitiva
de la Iglesia que nuestra adoración a su persona es única, y que comprende
inseparablemente tanto su naturaleza divina como su naturaleza humana».
Al concluir el
capítulo, recoge que la devoción al Corazón de Cristo es algo esencial a la
propia vida cristiana, pues significa apertura, llena de fe y adoración, al
misterio del amor divino y humano del Señor: «El Sagrado Corazón es una
síntesis del Evangelio».
Además, libera de
otro dualismo: el de las comunidades y pastores solo concentrados en
actividades externas, reformas vacías, organizaciones obsesivas, proyectos
mundanos, reflexiones secularizadas… «Estas enfermedades actuales me mueven a
proponer a toda la Iglesia un nuevo desarrollo sobre el amor de Cristo
representado en su corazón santo».
Experiencia
espiritual personal
La tercera clave
recogida en Dilexit nos apunta a la importancia de la experiencia
espiritual personal. Cita textos bíblicos y padres de la Iglesia, pero, quizás,
quien mejor resume la propuesta es san Buenaventura cuando dice que las dos
líneas espirituales en torno al Corazón de Cristo son los sacramentos y la
gracia y el encuentro personal de amor.
A renglón seguido,
Francisco realiza una síntesis de la difusión de la devoción al Corazón de
Cristo a lo largo de la historia hasta llegar a la «nueva declaración de amor»
a sata Margarita María Alacoque, cuya experiencia invita a releer a la luz del
Evangelio y la tradición de la Iglesia. Aparecen también figuras como san
Claudio de la Colombière, san Carlos de Foucauld santa Teresa del Niño Jesús.
Muestra así la larga
corriente de vida interior en torno a esa devoción. Y agrega: «A veces, tenemos
la tentación de considerar este misterio de amor como un admirable hecho del
pasado, como una bella espiritualidad de otros tiempos, y necesitamos recordar
una y otra vez, como decía un santo misionero, que este corazón de ningún modo
ha dejado de amar».
La dimensión
comunitaria, social y misionera
El último capítulo
de la carta encíclica Dilexit nos subraya la necesidad de que culto y
devoción tienen una importante dimensión comunitaria, social y misionera.
A nivel social,
recoge Francisco citando a san Juan Pablo II, la necesidad de reparar las
estructuras de pecado de nuestro mundo es «una respuesta al corazón amante de
Jesucristo que nos enseña a amar».
También el Sagrado
Corazón tiene algo que decir en la misión de la Iglesia, pues esta se convierte
así en una cuestión de amor. De hecho, el mayor riesgo, apunta Francisco, es
que se digan y hagan muchas cosas, «pero no se logre provocar el feliz
encuentro con ese amor de Cristo que abraza y salva».
«Hablar de Cristo,
con el testimonio o la palabra, de tal manera que los demás no tengan que hacer
un gran esfuerzo para quererlo, ese es el mayor deseo de un misionero de alma.
No hay proselitismo en esta dinámica de amor, son las palabras del enamorado
que no molestan, que no imponen, que no obligan, solo mueven a los otros a
preguntarse cómo es posible tal amor. […] No tengas vergüenza de reconocer tu
amistada con él», explica.
Finalmente, recuerda
que la misión se vive en comunión con la comunidad y la propia Iglesia: «Si nos
alejamos de la comunidad, también nos iremos alejando de Jesús. Si la olvidamos
y no nos preocupamos por ella, nuestra amistad con Jesús se irá enfriando.
Nunca se debería olvidar este secreto. El amor a los hermanos de la propia
comunidad es como un combustible que alimenta nuestra relación de amigos con
Jesús».
Conclusión
A modo de cierre,
Francisco recuerda los vínculos de este documento con Fratelli tutti y Laudato
si’, pues el encuentro con Jesús posibilita «tejer lazos fraternos,
reconocer la dignidad de cada ser humano y cuidar juntos nuestra casa común».
Y denuncia que en un mundo en el que todo se compra y se paga, parece que no hay lugar para un amor gratuito. «Él es capaz de darle corazón a esta tierra y reinventar el amor allí donde pensamos que la capacidad de amar ha muerto definitivamente. La Iglesia también lo necesita, para no reemplazar el amor de Cristo con estructuras caducas, obsesiones de otros tiempos, adoración de la propia mentalidad, fanatismos de todo tipo que terminan ocupando el lugar de ese amor gratuito de Dios que libera, vivifica, alegra el corazón y alimenta las comunidades», termina.
Fran Otero
Fuente: Ecclesia
