La
Conferencia Episcopal extiende por toda España esta iniciativa para que
ciudadanos que no marcan la X en el IRPF conozcan el impacto que tiene la labor
social y espiritual de la Iglesia en sus barrios
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| Llegada el autobús de Xtantos a Villarmentero |
Una soleada
mañana del mes de febrero, algunos vecinos de Valladolid se acercan con
curiosidad a una calle habitualmente tranquila. «¿Qué pasa?», lanzan algunos
sobre el epicentro de lo que parece ser una excursión. Hay un autobús de línea
en la calle, del cual se apean los visitantes para precipitarse sobre un
edificio muy estrecho y vertical, del que los vecinos no sabrían decir nada
interesante. Es una casa humilde. En su interior, novicios y sacerdotes de la
parroquia de Nuestra Señora de la Merced conviven con migrantes en situación
irregular llegados de África —algunos de ellos, incluso heridos— y que
desconocen el idioma de la misma forma que sus vecinos ignoran que viven allí y
el increíble trabajo que la Iglesia hace con ellos.
Como si de
cualquier ruta urbana se tratase, la Línea 105 irrumpió el pasado mes de
febrero en Valladolid para mostrar de primera mano la labor social y espiritual
que la Iglesia lleva a cabo en el corazón mismo de cada barrio, pueblo y zona
rural de nuestro país. Inspirándose en el éxito que supuso Un viaje Por Tantos
—una experiencia donde un grupo de participantes que no marcaban la X en el
IRPF visitaron proyectos sociales de la Iglesia en varias ciudades de España—,
la iniciativa del Secretariado para el Sostenimiento de la Conferencia Episcopal de
cara a la nueva campaña de la renta se sube al transporte público para mostrar
a los ciudadanos que el acompañamiento y la ayuda de la Iglesia están mucho más
cerca de lo que creen.
Como le pasó a
María del Rosario, una participante en la experiencia que se quedó con la boca
abierta al ver estos pisos de acogida para migrantes. «¡Guau! Yo vivo en este
barrio, y no tenía ni idea de lo que se hace aquí. He tenido una mezcla de
sensaciones impresionante». O a Carlos, vecino de la misma zona despoblada
donde visitaron a Goyo, un sacerdote rural que lleva 16 años dejándose la piel
en atender a las personas mayores que se van quedando solas, así como en
mantener a los pueblos con vida alrededor de la comunidad eclesial. O a Pablo,
que ha vuelto a su barrio de siempre para conocer la realidad del antiguo
seminario menor, ahora reconvertido por Cáritas en un centro de acogida para
personas sin hogar: «Aquí nací yo —recuerda—; es sorprendente la red de ilusión
y de ganas de hacer cosas por los demás que han tejido aquí».
ECCLESIA se
subió al autobús de la Línea 105 —en referencia al número de casilla de
la Iglesia en la declaración de la renta— en Valladolid para comprobar de
primera mano el impacto de la labor de la Iglesia y de los testimonios en los
participantes. La Conferencia Episcopal ha lanzado en Castilla y León esta
iniciativa que, lejos de ser una experiencia cerrada, marcará el camino a
numerosas rutas que replicarán el formato a lo largo y ancho de nuestra
geografía. Aquellas personas interesadas en participar en una campaña de
proximidad y ver el impacto directo del dinero asignado a Xtantos en el IRPF
sobre sus propios vecindarios pueden acudir a sus templos más cercanos o
apuntarse en su diócesis correspondiente a través de la página web www.linea105xtantos.es.
Los 15
participantes fueron elegidos entre las más de 100 solicitudes registradas solo
en Valladolid. En total, ocho mujeres y siete hombres de edades comprendidas
entre los 19 y los 64 años, sin relación alguna entre ellos, pero con una cosa
en común: todos querían conocer de primera mano a qué se destina el dinero
asignado por los contribuyentes a través de la declaración de la renta.
Los
participantes en la expedición del 18 al 20 de febrero fueron Lidia (28 años,
interventora de Renfe), Laura (33 años, psicóloga); Elsa (25 años, logopeda);
Nuria (54 años, celadora); Sergio (19 años, operario de fábrica); Ignacio (35
años, hostelero); Luis Ángel (47 años, técnico de anatomía patológica); Carlos
(58 años, prejubilado); María del Rosario (48 años, limpiadora); Beatriz (39
años, trabajadora de un vivero); Evangelina (59 años, autónoma); Lourdes (64
años, en situación de desempleo); José Manuel (43 años, trabajador de
supermercado); Pablo (53 años, embajador de vinos españoles por el mundo y,
además, alcalde de un pueblo de Valladolid) y Javier (57 años, agente
inmobiliario).
Un total de 12
reconocían al inicio del viaje no marcar la X de la Iglesia. La «falta de
información», «no tener claro a qué se dedica el dinero», pensar —erróneamente—
que no se pueden marcar a la vez la casilla de la Iglesia y la de las ONG, que
hay que elegir una u otra; dejarlo «en manos del asesor fiscal» o «no habérselo
planteado nunca» fueron algunos de los motivos esgrimidos. Al finalizar la
experiencia, 13 de los 15 aseguraron que marcarían la casilla; más una de las
que no lo hacía y que aseguró que se lo estaba pensando, mientras que la
última, que reconocía tener una herida abierta por una mala experiencia del
pasado, no lo tenía claro, si bien mostró su deseo de dar clases de español en
los pisos de Nuestra Señora de la Merced.
La primera
parada de esta reveladora ruta fue en Villarmentero, una pequeña localidad a 17
kilómetros de la capital vallisoletana, descrita como un lugar «adonde no llega
nadie». Allí, los participantes pudieron constatar el esfuerzo de la Iglesia
por combatir la despoblación y mantener la parroquia como «el corazón del
pueblo». Goyo, un sacerdote de 42 años que lleva 16 ejerciendo su ministerio en
zonas rurales, conmovió con su testimonio y su dedicación para con las personas
mayores, como Raimunda. En palabras de Nacho, «el trabajo con la gente mayor y
cómo la Iglesia da vida a los pueblos me parece algo maravilloso», mientras que
Eva resaltó «su cercanía». Por su parte, Carlos, residente en la zona,
señaló que la Iglesia en el ámbito rural «está haciendo diferentes labores muy
importantes» y que el papel de los sacerdotes «es digno de alabanza».
El segundo
destino fue un antiguo seminario reinventado por Cáritas como centro para
personas sin hogar. En la casa, voluntarios y trabajadores de la Iglesia
ofrecen servicios básicos, como ducha caliente, desayuno, estancias aclimatadas
y lavandería. Para muchos de los participantes, como Eva, esta visita supuso
una auténtica revelación: «Veía a Cáritas desde lejos, sin saber si el dinero
llegaba o no. Después de ver esto, sé adónde ha ido ese dinero realmente. Es
una labor impresionante, una oportunidad para las personas sin hogar». Para
Nuria, la experiencia fue algo «muy fuerte», apreciando que el centro es un
«enlace para que estas personas tengan amor, cariño y formación». Los
testimonios de Alberto, trabajador social, y Younes, voluntario en la lavandería,
junto con las conversaciones con los beneficiarios, los impactaron
profundamente. Luis Ángel se conmovió al conocer la historia de una persona sin
hogar y su precaria existencia. «Cáritas hace la vida un poco más fácil a gente
que lo tiene muy difícil», afirmó Carlos, añadiendo que «es importante conocer
lo que hace la Iglesia para luego emitir un juicio coherente». Pablo, por su
parte, sentenció que «la Iglesia es la gran ONG de España y del mundo».
Otra
oportunidad
Posteriormente,
la Línea 105 se dirigió a los pisos donde la parroquia de Nuestra Señora de la
Merced acoge y trabaja con jóvenes migrantes llegados desde África en situación
irregular. Susana Mozo, la educadora social, explicó al grupo cómo estos jóvenes,
en su mayoría musulmanes —la labor social y espiritual de la Iglesia está al
servicio de toda la sociedad y en ninguno de sus proyectos se pregunta o
descarta en función de las creencias particulares de la persona—, reciben
alojamiento, ayuda con trámites, formación y acompañamiento. La visión de las
heridas provocadas por las concertinas y los relatos del peligroso viaje en
cayuco conmovieron a los participantes. «Esta pobre gente viene a tener una
segunda oportunidad en otro país que en el suyo no se le ha dado», reflexionó
Javier, visiblemente sensibilizado. Lourdes incluso expresó su deseo de
ofrecerse como voluntaria para dar clases de español, mientras que Beatriz
afirmó con convicción: «Yo antes no marcaba la X en la declaración, porque no
sabía a qué se destinaba ese dinero. Pero ahora, después de ver esta casa, sí
lo haría».
Combatir la
soledad
El cuarto
proyecto tuvo lugar en el barrio obrero de San Fernando, donde los
participantes conocieron los grupos de mayores organizados por voluntarias de
Cáritas. El programa Envejecemos en común busca combatir la soledad y ofrecer
compañía a través de gimnasia física y mental, así como con actividades
lúdicas. Mercedes, una de las voluntarias, destaca que «el objetivo principal
es centrarse en la persona, brindando compañía y combatiendo la soledad». La
iniciativa, ante la alegría y motivación de los 56 mayores que tomaron parte en
ella, les pareció «maravillosa» y «fantástica». La dedicación de las
voluntarias —Mercedes lleva 44 años en Cáritas—, que contaron cómo mantuvieron
el contacto y la ayuda a sus alumnos durante la pandemia, conmovió al
público.
La última etapa
del recorrido fue el Centro de Espiritualidad Sagrado Corazón de Jesús, un
lugar de acogida para personas «cansadas y agobiadas». José María enseñó las
instalaciones a los visitantes en calidad de director, y les explicó que allí
atienden a personas de toda edad y condición social todos los días de la
semana, ofreciendo apoyo anímico y psicológico desde una perspectiva religiosa.
Al hilo de esto, Pablo comentó con asombro la «amplitud de necesidades a las
que la Iglesia da respuesta», mientras que Lourdes lo dejó claro: «Lo que más
valoro es que primero se cubran las necesidades básicas y, luego, la formación.
Ahí sí que apoyo a la Iglesia».
Sin lugar a
dudas, y como reconocen ellos mismos, la experiencia de la Línea 105 ha dejado
una huella imborrable en los 15 participantes, cumpliendo su objetivo
primordial: acercar a aquellos ciudadanos que aún no marcan la X por
desconocimiento el impacto real que su asignación, voluntaria y sin coste
adicional, tiene en el bienestar de millones de personas en España. Pero no de
cantidades en abstracto, sino de realidades concretas al alcance de la mano,
como las de las personas con que, por ejemplo, compartimos asiento en el
transporte público. Al caer en la cuenta de ello, el simbolismo del autobús de
la Línea 105 brilla con más fuerza.
Si bien las
cifras anuales de la Memoria de Actividades de la Iglesia en 2023 hablan por sí
solas —casi cuatro millones de personas ayudadas en España, incluyendo 38.000
víctimas de violencia de género, 10.000 presos, 120.000 migrantes y la labor de
más de 8.800 centros sociales y asistenciales—, la campaña de Xtantos ha
querido poner rostro y nombre a esta ayuda, mostrando cómo una simple X se está
traduciendo ya en un impacto directo que se puede tocar con la mano. Porque la
labor social y espiritual de la Iglesia está más cerca de lo que muchos
creen.
Luís Rivas
Fuente: Ecclesia
