En 1945 Pío XII confirmó oficialmente que mayo fuera el mes de María y lo hizo culminar creando la fiesta de María Reina el 31 de mayo
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Titi Maciel Pérez / Cathopic |
En Europa mayo
es el mes de las flores y la celebración del esplendor de la
primavera. Los antiguos griegos lo dedicaban a Artemisa (diosa
ligada a la fertilidad) y los romanos a Flora, otra diosa de vegetación y
fertilidad. En la Roma antigua, el 27 o 28 de abril empezaba la
fiesta de Floralia, de carácter plebeyo y licencioso, que podía durar hasta 6
días en la época del Imperio.
Los
medievales asociaron ya María y flores
En la cultura
cristiana, la veneración a María, como Madre y como Dama, enseguida
la asoció con las flores. Si las madres, hermanas y amadas aprecian
las flores, ¿cómo no regalarlas a la Virgen María?
En la Edad
Media, nació la devoción del Rosario, una oración repetitiva que se presenta a María
como un ramillete de flores orantes.
Recuerda Antonio
Sanfrancesco en un reportaje en Famiglia Cristiana que
ya Alfonso X el Sabio, en sus Cantigas de Santa María del
siglo XIII, alababa a María como "Rosa de rosas, flor de flores, mujer
entre mujeres, dama única, luz de los santos y de los cielos lejos".
También el
beato dominico Enrique Susón de Costanza (1295-1366),
místico alemán, hablaba así de la Virgen María en su Libro de la Eterna
Sabiduría: "Bendito sea el amanecer, sobre todas las criaturas, y
bendito el prado florido de rojo, rosas de tu bello rostro, adornadas con la
flor rojo rubí de la Sabiduría Eterna!"
Las
devociones de los siglos XVI y XVII
En Roma, San
Felipe Neri (1515-1595) enseñó a los jóvenes a los que acogía a rodear
de flores la imagen de la Virgen, a cantarle alabanzas y a ofrecer actos de
mortificación en su honor. Muchos de ellos eran huérfanos y
podían ver en Virgen a una madre siempre buena y cercana.
En 1677, el
noviciado de Fiesole, en Italia, fundó una especie de hermandad llamada Comunella en
la que, "habiendo llegado las fiestas de mayo y escuchando anteayer a
muchos seglares que empezaron a cantar mejor y a celebrar a las criaturas que
amaban, decidimos que nosotros también queríamos cantar a la Santísima Virgen
María". Combinaban oración, letanías y entrega de flores a
estatuas de la Virgen.
El mes de
María casi oficial: nace en el siglo XVIII
Según la Enciclopedia
Católica, la devoción de que la Iglesia considere mayo como mes de María se
fortaleció en entornos clericales en Roma en el siglo XVIII en el ámbito
estudiantil de los jesuitas.
Con el buen
tiempo y acercándose el final de los exámenes, muchos estudiantes se entregaban
al desenfreno. El padre Latomia, del Colegio Romano de
la Compañía de Jesús, quiso contrarrestarlo con un voto de dedicación
del mes a la Virgen. Desde Roma se extendió a los colegios jesuitas de todo
el mundo latino y de allí a las iglesias. Se entrelazaron con otras devociones
marianas locales de la primavera.
Giuseppe Maria Mazzolari, jesuita de
familia noble y vida virtuosa, publicó en Parma, bajo su seudónimo de Mariano
Partenio, un texto llamado El mes de María o el mes de mayo
consagrado a María, con el ejercicio de diversas flores de virtud propuestas a
los verdaderos devotos de ella. Animaba a vivir la devoción mariana no
necesariamente en los templos, sino en los lugares cotidianos.
Lo que proponía
era:
- rezar ante una imagen de la Virgen
(preferiblemente el Rosario);
- meditar los misterios eternos;
- entrega de flores.
Otro sacerdote
jesuita, Alfonso Muzzarelli, en 1785 publicó El mes de
María, con propuestas similares. En el siglo XVIII, pues, se difundió la
devoción tanto en parroquias como en hogares.
Tras la II
Guerra Mundial, la fiesta oficial
En 1945 Pío
XII confirmó oficialmente que mayo fuera el mes de María y
lo hizo culminar creando la fiesta de María Reina el 31 de
mayo.
Pero tras
el Concilio Vaticano II, esta fiesta mariana se pospuso para el 22
de agosto, mientras que el 31 de mayo se reservó para la fiesta de la Visitación
de María.
La devoción de
mayo siempre se quiso enlazar con el rezo del Rosario,
especialmente en las familias. En la encíclica Ingruentium malorum de
1951, sobre el rezo del Rosario en familia, Pío XII escribió: "Es sobre
todo en la familia donde queremos que la costumbre del Santo Rosario se difunda
por todas partes, se conserve religiosamente y se desarrolle cada vez más. De
hecho, será en vano intentar remediar los vacilantes destinos de la vida civil,
si la sociedad doméstica, principio y fundamento del consorcio humano, no
vuelve a las normas del Evangelio. Para lograr tan ardua tarea, afirmamos
que el rezo del Santo Rosario en familia es un medio muy eficaz”.
Una
encíclica sobre el mes de mayo en 1965
En la
encíclica Mense Maio del 29 de abril
de 1965, Pablo VI escribía: "El mes de mayo es el mes en
el que los templos y en las casas particulares sube a María desde el corazón de
los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y de
su veneración. Y es también el mes en el que desde su trono descienden
hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la divina
misericordia".
Y en su
encíclica Marialis Cultus, sobre la
devoción mariana, insistió en la importancia del rosario: "Debe ser
considerada una de las ‘oraciones en común’ más excelentes y efectivas
que la familia cristiana está invitada a rezar. De hecho, nos encanta
pensar y esperamos sinceramente que, cuando el encuentro familiar se convierta
en un momento de oración, el Rosario es su expresión más bienvenida".
Finalizamos,
recordando las palabras de Mense Maio de 1965:
"Al
acercarse el mes de mayo, consagrado por la piedad de los fieles a María
Santísima, se llena de gozo Nuestro ánimo con el pensamiento del conmovedor
espectáculo de fe y de amor que dentro de poco se ofrecerá en todas
partes de la tierra en honor de la Reina del Cielo. […]
»Nos es por
tanto muy grata y consoladora esta práctica tan honrosa para la Virgen y tan
rica de frutos espirituales para el pueblo cristiano. Porque María es
siempre camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos de
terminar en un encuentro con Cristo mismo. ¿Y qué otra cosa significa el
continuo recurso a María sino un buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y
con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres en los desalientos y
peligros de aquí abajo tienen el deber y experimentan sin cesar la necesidad de
dirigirse como a puerto de salvación y fuente trascendente de vida?»
- Tomado del portal mariano Cari Filii.
Cari Filii, Pablo J.
Ginés
Fuente: ReligiónenLibertad