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El momento más emocionante: el intercambio de anillos. Parroquia San Sebastián Mártir (captura). Dominio público
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Es la segunda ocasión que
esta comunidad celebra una ceremonia de esta naturaleza, poco común en España
pero más habitual en otros países.
Y esta vez con una ventaja respecto
al año anterior, señaló el párroco Javier
Sánchez-Cervera al comienzo de su homilía:
"Que sabemos lo que pasó con los
novios de la macroboda anterior", que festejaban sus primeros doce
meses.
Y esa mañana habían asistido
allí mismo a una misa para renovar sus
votos, así que las noticias eran alentadoras para
los nuevos contrayentes: Ernesto y Natali, Juan y Lorena, Arnaldo y Gladyz,
Jenrry y Johana, David y Adela, Yeisson y Abad, Fernando y Marisol, Edgar y
Patricia, David y Daniela, Alejandro y Patricia, Dengerbith y Jhoseidyth, José
y Socorro, Camilo y Laura.
Pero, al
comentar el Evangelio que acababa de leer (la parábola de la casa edificada sobre la roca: Mt 7, 24-27), don Javier recordó que allí se estaba optando por "darle protagonismo a lo importante, que es el sacramento", porque las formas (muchos invitados o pocos, gasto
desbordante o más modesto, casarse una pareja o casarse muchas) no hacen
"más fácil o más difícil lo que viene después".
¿Y qué viene después?
El oficiante lo explicó en tres puntos, siguiendo los tres elementos que atacan
la casa de la parábola, "esa familia que vais a crear": "Cayó la
lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos", anuncia Jesús.
· La
lluvia, dificultades que vienen de arriba: "Satanás
y sus ángeles, que están empeñados en destruir la familia y el matrimonio,
porque es un lugar donde Dios habita. Son las tentaciones que anidan en el
corazón y dividen".
· Los
vientos, dificultades que vienen de los lados: "Los que están contigo, por mala intención de gente que quiere
haceros daño, o por torpeza:
reveses, dificultades, golpes".
· Los
ríos, dificultades que vienen de abajo: "Nuestras propias debilidades:
soberbia, vanidad, orgullo, impureza, ira".
La garantía del éxito
Entonces, "¿qué garantiza el éxito del matrimonio que
vais a fundar?
"Lo dice Jesús",
respondió don Javier: "El que escucha mi
palabra y la pone en práctica, ese está edificando su casa sobre roca.
Porque Cristo es la roca. Cuando escucho la palabra de Dios y trato de vivir
conforme a su palabra, estoy conectando
mi interior con lo eterno, con Jesucristo, con la roca", y aunque
vengan lluvias, vientos o ríos, "la casa no se hunde".
Pero "si somos tan fatuos y
tan soberbios de pensar que no
necesitamos a Dios"... entonces somos "necios",
como el propio Cristo llama a quienes edifican sobre arena.
Así que el éxito en el
matrimonio "dependerá de esto, simplemente de esto", subrayó el
sacerdote: "Porque Él apuesta
por vuestro amor. Nuestro amor es muy pequeño, es muy débil, es muy frágil,
se acaba enseguida. Es Su amor el que espera sin límites, cree sin límites,
aguanta sin límites, el que no pasa nunca".
Por eso pidió a los novios que escucharan la Palabra de Dios y la pusiesen
en práctica, como los matrimonios del año anterior, que muchos "rezan,
se confiesan, están esperando niños, ayudan en catequesis".
Casas viejas, casas bellas
"Cuando Dios está en el
centro, aquello tiene una fortaleza
maravillosa", añadió, e hizo una bella comparación con las casas del
norte de España, cuyas piedras envejecen con los años de lluvias y viento. Y
sin embargo, "las ves y dices, '¡Qué bonitas son!': el paso de los años,
las dificultades, no las han quebrado, las han hecho más hermosas. Y qué bonito
es ver que las parejas que han puesto a Dios en el centro, cuando pasan los años van descubriendo un amor
cada vez más bonito".
"Para quien pone a Dios en
el centro", concluyó, "lo de hoy es el inicio de algo infinitamente
más hermoso que la boda: es el sacramento que
os va a acompañar toda la vida y os va a sostener y os va a dar una intimidad con Dios y entre vosotros que no
os habéis imaginado nunca".
Fuente: ReL