![]() |
| Los fieles del Rosario por la juventud de España, en su paso por las calles del centro de Madrid. Dominio público |
Ya desde antes de las 19:00, hora programada para el inicio del rosario, la calle de San Justo frente a la Basílica pontificia de San Miguel comenzaba a llenarse de fieles. En Religión en Libertad cubrimos ediciones anteriores, y los avances en la organización fueron notables desde los primeros momentos. Si en la edición del pasado 2024 se lamentaron ciertas deficiencias en la megafonía, este año se solventó permitiendo a cientos de fieles rezar prácticamente al unísono de principio a fin de la columna.
Este año fue el sacerdote Raúl Olazábal, del Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote, quien presidió el rezo del rosario, dirigiéndose a los cientos de fieles presentes en la Calle de San Justo recordando la festividad con que coincidía el evento, María Auxiliadora, “la que liberó a Pío VII de Napoleón, la que dio la victoria a los cristianos en Lepanto y Viena y cuya devoción propagó San Juan Bosco”.
Con las palabras de León XIV –“Nuestra Madre María quiere siempre caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor” –, el sacerdote daba comienzo así a un poderoso rosario que no terminaría hasta pasada una hora y media, momento en que la columna llegaba a una abarrotada y sorprendida Plaza de España.
Desde los primeros momentos del rosario, cuando la desierta calle de San Justo daba paso a las vías con tráfico, peatones, bares y establecimientos, se hizo patente el marcado carácter apostólico del Rosario por la juventud y que, sin embargo, pasa más desapercibida en el trato con desconcertados peatones. Como si de algo cotidiano se tratase, no eran pocos los fieles que esporádicamente regalaban sus rosarios a peatones que los miraban, los grababan desconcertados con sus teléfonos o incluso se reían de los fieles.
Los sacerdotes y religiosos presentes en el rosario hacían lo propio, mientras a cada calle se sumaban peatones que, más que tener el evento en sus agendas, daban la impresión de incorporarse como algo improvisado.
El rosario se vigorizaba conforme avanzaba. Crecía en número de fieles y en oración, pero también en vitalidad y en asombro por las calles en que pasaba. Al principio del recorrido, se podría hablar de calles sombrías, como si hubiesen perdido la vitalidad tras un año sin que miles de fieles entonasen con fe sus oraciones. Llegando la Calle Arenal, esas sorpresas se podrían considerar ocasionales, siendo pocos los que entre las ingentes masas de peatones apenas reparaban en lo que sucedía.
Pero conforme Sol quedaba atrás y la columna avanzaba hacia las amplias calles de Callao y la Gran Vía, los peatones dejaban su prisa de lado y se paraban durante minutos a contemplar -y no pocos también a rezar-, llegando incluso algún turista que hablaba de lo que veía como una “procesión”, posiblemente motivado por la icónica escultura mariana que portaban los asistentes.
Los fieles rezaban y entonaban himnos marianos, los niños hacían en ocasiones inaudibles las oraciones con sus gritos y risas -también algún llanto-, y los peatones y residentes grababan desde las aceras laterales o incluso desde sus terrazas y balcones. Muchos miraban con alegría y pocos, aunque los hubo, se mostraban hostiles.
Había quien lo valoraba "como si la alegría y la esperanza volviesen a poblar las
calles" de una nación cuya juventud se encuentra más
que aquejada por los trastornos mentales, las adicciones y el nihilismo, según los últimos informes sanitarios. De hecho, esta es
una de las principales motivaciones y raíces que llevaron al Rosario a dar sus
primeros pasos en 2017, encomendando en sus oraciones una nación que en
ocasiones parece haber perdido la noción de su sentido.
Conforme la columna llegaba a su destino también sonaban más alto los cantos, himnos y continuos “vivas” al Papa León XIV, a la Virgen o a “Cristo Rey”, como concluyó el rosario antes de que Olazábal impartiese la bendición a los presentes. Finalizaba así una nueva edición de un Rosario por la Juventud de España que se aproxima a cumplir su primera década de existencia, y de la que se espera un próximo balance por los integrantes de la Asociación del rosario por la juventud de España.
José María Carrera
Fuente: ReL
