Juan Pablo II explicó que “lo que justifica la intervención de la Iglesia y de su Pastor Supremo en las cuestiones sociales, es siempre la misión recibida de Cristo para salvar al hombre en su dignidad integral”
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Crédito: Gregorini Demetrio CC BY-SA 3.0 |
Un día como ayer, el 13 de mayo de
1981, el Papa San Juan Pablo II sufrió un grave atentado del que se salvó de
morir gracias a la Virgen de Fátima. Ese
día, Karol Wojtyla iba a pronunciar una catequesis sobre la Rerum novarum, la histórica encíclica
del Papa León XIII que puso las bases de la Doctrina Social de la Iglesia, un
tema que el Papa León XIV, elegido sucesor de San Pedro apenas hace cinco días,
ha vuelto a poner en el tapete.
En cinco días más, el domingo 18 de mayo, el Papa León XIV
presidirá, en la Basílica de San Pedro, la Misa de inauguración de su
pontificado, para el que ha dado ya algunas claves con la elección de su
nombre.
En su discurso a los cardenales el 10 de mayo, León XIV, explicó que eligió
su nombre por varias razones, siendo la principal que “el Papa León XIII, con
la histórica encíclica Rerum novarum” del 15 de mayo de 1891, “afrontó la cuestión social en el
contexto de la primera gran revolución industrial”.
“Hoy la Iglesia —agregó— ofrece a todos su patrimonio de
doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos
de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de
la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.
Juan Pablo II nunca pudo pronunciar su catequesis sobre la Rerum novarum,
el día en el que se cumplían 90 años de su publicación, sin embargo el Vaticano
ofreció el texto completo y explicó que hace parte de las “‘enseñanzas
pontificias’ con un carácter especial por las circunstancias en que no fueron
pronunciadas”.
“Carta Magna” de la actividad social cristiana
El Papa peregrino destacó en su
catequesis que “la Rerum novarum constituye y
es ‘la Carta Magna de la actividad social cristiana’, como la definió Pío XII;
y Pablo VI añadió que su ‘mensaje sigue inspirando la acción en favor de la
justicia’ en la Iglesia y en el mundo contemporáneo; ella es, además,
demostración irrefutable de la viva y solícita atención de la Iglesia en favor
del mundo del trabajo”.
Con el documento pontificio, continuó, “la voz de León XIII se
elevó valiente en defensa de los oprimidos, de los pobres, de los humildes, de
los explotados, y no fue sino el eco de la voz de Aquel que había proclamado
bienaventurados a los pobres y los hambrientos de justicia”.
En ese sentido, Juan Pablo II explicó que “lo que justifica la
intervención de la Iglesia y de su Pastor Supremo en las cuestiones sociales,
es siempre la misión recibida de Cristo para salvar al hombre en su dignidad
integral”.
“Siguiendo las huellas del fundamental documento leoniano, mis
venerados predecesores no han dejado de afirmar, en numerosas circunstancias,
este derecho y este deber de la Iglesia de dar directrices morales en un campo,
como el económico-social, que tiene vínculos directos con la finalidad
religiosa y sobrenatural de su misma misión”.
Con su encíclica, escribió Juan Pablo II, León XIII recordaba el
deber de la Iglesia universal de “hacer cada vez más conscientes a las Iglesias
locales, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a los laicos de su
derecho-deber de prodigarse por el bien de cada uno de los hombres, y de ser en
todo momento los defensores y los artífices de la auténtica justicia en el
mundo”.
El Papa Wojtyla resaltó además que con la Rerum
novarum, León XIII “infundió en el alma obrera el sentimiento y la
conciencia de su dignidad humana, civil y cristiana; favoreció la aparición de
asociaciones sindicales obreras en los diversos países; advirtió a los
gobernantes y a las naciones sus deberes hacia los débiles y pobres, invitando
a los Estados a la creación de una política social, humana e inteligente que
logró el reconocimiento, la formulación y el respeto del derecho de trabajo y
el trabajo para todos los ciudadanos”.
La Doctrina Social de la Iglesia
Juan Pablo II también destacó, en su catequesis nunca
pronunciada, que “durante los siglos, desde sus orígenes hasta hoy, la Iglesia
se ha encontrado y confrontado siempre con el mundo y sus problemas,
iluminándolos a la luz de la fe y de la moral de Cristo. Esto ha favorecido la
formación y el resurgimiento, a lo largo del arco de la historia, de un cuerpo
de principios de moral social cristiana, conocido hoy como Doctrina Social de
la Iglesia”.
“Es mérito del Papa León XIII el haber tratado, antes que nadie,
de darle un carácter orgánico y sintético”, subrayó.
“Sí, la Encíclica Rerum novarum tiene
también hoy vitalidad y validez estimulante y operante para el Pueblo de Dios,
aún cuando haya aparecido en el lejano 1891”, destacó entonces el Papa Wojtyla.
“El tiempo —concluyó— no la ha agotado, sino corroborado; tanto,
que los cristianos la sienten tan fecunda que pueden sacar de ella valentía y
acción para los nuevos desarrollos del orden social en los que está interesado
el mundo del trabajo”.
10 años después del atentado que sufrió y de la catequesis que
no pronunció aquel fatídico 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II publicó su
encíclica social Centesimus annus, al cumplirse 100
años de la Rerum novarum, y lo hizo el 1 de mayo de 1991,
cuando en muchos lugares del mundo se celebraba el Día del Trabajo.
Por Walter Sánchez Silva
Fuente: ACI Prensa