Cuando apareció, estalló el júbilo entre las 35.000 de personas presentes en la Plaza de San Pedro
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| Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News |
El Papa
Francisco se asomó desde el balcón de la Logia central de la fachada de la
Basílica de San Pedro para impartir la bendición apostólica Urbi et
Orbi ante la multitud de peregrinos que abarrotaba la plaza vaticana y
sus aledaños en este Domingo de Resurrección.
“Queridos
hermanos y hermanas, ¡Buena Pascua!”, exclamó el Santo Padre acompañado por su
enfermero personal, Massimiliano Strappetti.
El Pontífice,
de 88 años, que se presentó en silla de ruedas y sin cánulas canales deseó una
feliz Pascua a todos los presentes y anunció, con la voz notablemente fatigada,
que sería el Maestro de Ceremonias Pontificias, Mons. Diego Ravelli, quien
leyera en su nombre el mensaje pascual dirigido a toda la Iglesia Católica y al
mundo entero.
“Que nunca
falle el principio de humanidad como eje cardinal. Ante la crueldad de los
conflictos, no podemos permitirnos olvidar que no se ataca a objetivos, sino a
personas con alma y dignidad", expresó el Pontífice, que proseguirá la
convalecencia por la neumonía bilateral al menos hasta finales de mayo, según
la prescripción de sus médicos.
Cuando
apareció, estalló el júbilo entre las 35.000 de personas presentes en la Plaza
de San Pedro.
“Cuánta
voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a
diferentes partes del mundo. Cuánta violencia percibimos a menudo también en
las familias, contra las mujeres o los niños. Cuánto desprecio se tiene a veces
hacia los más débiles, los marginados y los migrantes”, lamentó en el mensaje.
Y añadió: “En
este día, quisiera que volviéramos a esperar y a confiar en los demás —incluso
en quien no nos es cercano o proviene de tierras lejanas, con costumbres,
estilos de vida, ideas y hábitos diferentes de los que a nosotros nos resultan
más familiares—; pues todos somos hijos de Dios. Quisiera que volviéramos a
esperar en que la paz es posible”.
No ceder a
la lógica del miedo que aísla
El Santo Padre
instó de forma específica a los responsables políticos “a no ceder a la lógica
del miedo que aísla, sino a usar los recursos disponibles para ayudar a los
necesitados, combatir el hambre y promover iniciativas que impulsen el
desarrollo”.
“Estas son las
‘armas’ de la paz: las que construyen el futuro, en lugar de sembrar muerte.
Que nunca se debilite el principio de humanidad como eje de nuestro actuar
cotidiano. Ante la crueldad de los conflictos que afectan a civiles desarmados,
atacando escuelas, hospitales y operadores humanitarios, no podemos permitirnos
olvidar que lo que está en la mira no es un mero objetivo, sino personas con un
alma y una dignidad”, resaltó.
Así, lanzó un
llamado urgente a la paz y la fraternidad y recorrió los principales focos de
conflicto armado, recordando a “todas las víctimas, cuyas lágrimas han sido
recogidas" por Cristo.
"Que
irradie la luz de la paz sobre toda Tierra Santa"
El Pontífice
recordó la conmemoración conjunta este año de la Pascua católica y ortodoxa en
la Iglesia del Santo Sepulcro y pidió que “se irradie la luz de la paz sobre
toda Tierra Santa y sobre el mundo entero”. Al referirse al conflicto entre
israelíes y palestinos, el Papa afirmó: “Me siento cercano al sufrimiento de
los cristianos en Palestina y en Israel, así como a todo el pueblo israelí y a
todo el pueblo palestino”.
A continuación
denunció asimismo el “creciente clima de antisemitismo” y apeló a un cese
inmediato de las hostilidades en Gaza.
De este modo,
pidió a las partes beligerantes “que cese el fuego, que se liberen los rehenes
y se preste ayuda a la gente, que tiene hambre y que aspira a un futuro de
paz”.
El Santo Padre
pidió oraciones por las comunidades cristianas del Líbano y de Siria “que
ansían la estabilidad y la participación en el destino de sus respectivas
naciones”.
Yemen y la
martirizada Ucrania
El Pontífice
también dirigió en el mensaje pascual un saludo especial al pueblo de Yemen,
“que está viviendo una de las peores crisis humanitarias ‘prolongadas’ del
mundo a causa de la guerra”, e invitó a la comunidad internacional a buscar
soluciones mediante “un diálogo constructivo”.
Como suele
hacer en todas sus citas públicas el Pontífice reclamó el don de la paz para
“la martirizada Ucrania” e instó a todos los “actores implicados a proseguir
los esfuerzos dirigidos a alcanzar una paz justa y duradera”.
Acuerdo de
paz definitivo entre Armenia y Azerbaiyán
El Santo Padre
expresó también su anhelo de “que se llegue pronto a la firma y a la actuación
de un Acuerdo de paz definitivo entre Armenia y Azerbaiyán, que conduzca a la
tan deseada reconciliación en la región” y realizó un llamamiento para que, en
los Balcanes occidentales, “se eviten comportamientos peligrosos y
desestabilizantes”.
En su repaso
geográfico por el continente africano, el Papa Francisco deseó que “Cristo
resucitado, nuestra esperanza, conceda paz y consuelo a los pueblos africanos
víctimas de agresiones y conflictos, sobre todo en la República Democrática del
Congo, en Sudán y Sudán del Sur” y sostuvo a quienes sufren en “el Sahel, en el
Cuerno de África y en la Región de los Grandes Lagos”.
Myanmar,
"atormentado desde hace años por conflictos armados"
Finalmente, al
mencionar Asia, pidió no olvidar a Myanmar, que sufrió un catastrófico
terremoto de magnitud 7,7 el pasado 28 de marzo que mató a más de 3.600
personas, si bien el número de víctimas puede seguir aumentando. “Que en este
tiempo no falte nuestra ayuda al pueblo birmano, atormentado desde hace años
por conflictos armados, que afronta con valentía y paciencia las consecuencias
del devastador terremoto en Sagaing”, señaló.
Pidió,
finalmente, que en este Año jubilar, la Pascua sea también ocasión propicia
para liberar a los prisioneros de guerra y a los presos políticos. “Queridos
hermanos y hermanas: en la Pascua del Señor, la muerte y la vida se han
enfrentado en un prodigioso duelo, pero el Señor vive para siempre y nos
infunde la certeza de que también nosotros estamos llamados a participar en la
vida que no conoce el ocaso, donde ya no se oirán el estruendo de las armas ni
los ecos de la muerte. Encomendémonos a Él, porque sólo Él puede hacer nuevas
todas las cosas. ¡Feliz Pascua a todos!“, concluyó.
Después el
Pontífice recorrió durante unos minutos la plaza de San Pedro para saludar y
bendecir a los fieles presentes.
Por Victoria Cardiel
Fuente: ACI Prensa
