Annie es
una madre soltera de Malawi, tiene dos niños y vive a 45 minutos a pie de su
escuela, en una casa en la que la familia llega a tener que dormir de pie
cuando llueve ante un suelo que queda totalmente embarrado.
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Annie, voluntaria de Mary's Meals de Malawi. Dominio público |
“Mis hijos comen una vez al día en la
escuela cuando no tengo nada en casa. Invertí en semillas y
fertilizante el pasado octubre, pero todo se secó. Vivo preocupada por cómo
alimentar a mis hijos y criarlos sin dinero. Mi
esperanza está en ellos”, cuenta la madre.
Los hijos de Annie son solo dos de los 2,6
millones de niños que alimenta la organización benéfica en todo el
mundo.
Un hito que Mary's Meals achaca a sus recientes
expansiones Haití, Sudán del Sur y Etiopía, así como del crecimiento acelerado de los programas
en cuatro países del sur de África: Malawi, Zambia, Mozambique y Zimbabue.
La
Virgen, las madres y abuelas, el secreto
Entre los secretos que permiten a Mary’s Meals el reparto de comida a
cientos de miles de niños en 16 países, los organizadores destacan
especialmente la labor de los voluntarios y
especialmente de las madres o abuelas de
los estudiantes, que son la mayoría de quienes colaboran.
Magnus MacFarlane-Barrow, fundador y president de Mary’s Meals, lo explica así en el
libro sobre su fundación, Give: la capacidad y el arte de vivir
con generosidad (editorial Nueva Eva).
“Cuando veo a gente como esas mujeres que hacen sopas y sándwiches, pienso
en María, la Madre de Jesús. A pesar de ser la mujer más famosa que ha
existido, y la más amada y venerada, no parece que hiciera nada llamativo o
espectacular por sí misma”.
Erin Pratley, Directora de
Desarrollo y Operaciones de Programas de Mary’s Meals Internacional, afirma:
"Nuestra alimentación escolar solo es posible gracias
a la dedicación de nuestras voluntarias locales que garantizan que
haya una comida en la escuela para que todos los niños puedan aprender con el
estómago lleno. En los últimos meses, hemos
podido expandir nuestro trabajo en las zonas de mayor necesidad, algo
que no habría sido posible si no se hubieran sumado más personas como
voluntarias para ayudar a mantener nuestra promesa de una comida diaria en la
escuela".
Beneficios
colaterales: formación, economía y empleo
Myrlande es, como Annie, otra
de esas voluntarias que hacen posible el trabajo de Mary’s Meals. Ella tiene tres hijos y prepara arroz y alubias
para los estudiantes de la escuela Verena II en Puerto Príncipe, Haití. En su
caso, a la pobreza y escasez se
unen otras dificultades, como la violencia
de las bandas que devastó buena parte del colegio tras desatarse un
incendio. Unos peligros que, sin embargo, no han logrado que Myrlande se
replantee su dedicación por el bien de los niños.
“Cuando no hay comidas en la escuela, los niños no vienen. Cuando hay comida, siempre vienen. Poder
asistir a clase y recibir alimentos es la mejor manera de mantenerlos en la
escuela y alejados de las bandas. La
comida les motiva a quedarse en clase”, asegura esta voluntaria.
Fatness, de Zambia, es cocinera
voluntaria en la escuela Kapara y lleva 10 años con Mary’s Meals, desde que
comenzó el programa de alimentación en su escuela.
Conoce por experiencia cómo la escasez de alimentos puede llevar a los
menores a abandonar sus estudios. En su caso, dejó la escuela en la
adolescencia temprana, cuando los problemas familiares se unieron a su “mayor obstáculo” para continuar sus
estudios, el hambre.
“Antes de que llegara Mary’s Meals, mis
hijos también sufrían hambre en la escuela. Cuando me dijeron que una
organización iba a alimentar a los niños, sentí una enorme alegría. Asistí a
reuniones, talleres de cocina y sesiones sobre alimentación. La alegría y
compromiso de los niños, incluidos los míos, me
impulsó a ser voluntaria”, asegura.
Decenas
de miles de voluntarios
Mary’s Meals alimenta a más de 2,6
millones de niños en 16 países y sus voluntarios se cuentan por
decenas de miles. Como se reflejaba en el desarrollo de su plan estratégico
para 2021-2023, solo en Malawi los
voluntarios eran más de 80.000.
Gracias a la labor de la ONG, no solo se logra alimentar a cada niño
durante todo un curso por costos tan reducidos como 22 euros, sino que además
se hace con alimentos de origen local, fomentando
la economía de cada región donde se encuentran, al mismo tiempo que se
alcanzan mejores tasas de escolarización al favorecer que
los alumnos completen sus estudios o los abandonen más tarde.
Fuente: ReL