“A veces corremos el riesgo de tener una relación ‘mercantil’ con Dios, centrándonos más en nuestras propias bondades que en la generosidad de su gracia”
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| El Papa en el Ángelus. Vatican News |
Este domingo, 24 de septiembre, el Santo Padre
en su alocución antes de rezar la oración del ángelus dijo que, “la justicia
que practicamos a veces no es capaz de salir de la jaula del cálculo y nos
limitamos a dar según lo que recibimos, sin atrevernos a más, sin apostar por
la eficacia del bien hecho gratuitamente y del amor ofrecido con amplitud de
corazón”.
“A veces corremos el riesgo de
tener una relación ‘mercantil’ con Dios, centrándonos más en nuestras propias
bondades que en la generosidad de su gracia”, lo dijo el Papa Francisco en su
alocución antes de rezar la oración mariana del ángelus de este 24 de
septiembre, día en el que la Iglesia celebra la 109 Jornada Mundial del
Migrante y del Refugiado.
Una parábola
que nos muestra los criterios de Dios
Al comentar el Evangelio (Mt
20,1-16) de este XXV Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre dijo que, la
Liturgia del día nos presenta una parábola sorprendente: el propietario de una
viña sale desde las primeras horas del alba hasta la noche para llamar a
algunos jornaleros, pero, al final, paga a todos del mismo modo, incluso a los
que han trabajado solamente una hora.
“Podría parecer una injusticia,
pero no hay que leer la parábola a través de criterios salariales; más bien nos
quiere mostrar los criterios de Dios, que no hace el cálculo de nuestros
méritos, sino que nos ama como hijos”.
Dios es Aquel
que sale a todas las horas para llamarnos
En este sentido, el Papa Francisco
señaló dos acciones divinas que emergen del relato bíblico. En primer lugar,
Dios sale a todas las horas para llamarnos; en segundo lugar, paga a todos con
la misma “moneda”. Ante todo, Dios es Aquel que sale a todas las horas para
llamarnos. La parábola dice que el propietario «al amanecer salió a contratar
jornaleros para su viña», pero después continúa saliendo a varias horas del día
hasta el atardecer, para buscar a aquellos a los que nadie había incorporado al
trabajo todavía.
“Comprendemos así que en la
parábola los trabajadores no son solamente los hombres, sino Dios, que sale
siempre, sin cansarse, todo el día. Así es Dios: no espera nuestros esfuerzos
para venir a nosotros, no nos hace un examen para valorar nuestros méritos
antes de buscarnos, no se rinde si tardamos en responderle; al contrario, Él a
menudo ha tomado la iniciativa y en Jesús ‘ha salido’ hacia nosotros, para
manifestarnos su amor”.
“Y nos busca a
todas las horas del día que, como afirma San Gregorio Magno, representan las
diversas fases y estaciones de nuestra vida hasta la vejez (cf. Homilías sobre
el Evangelio,19). Para su corazón nunca es demasiado tarde, Él nos busca y nos
espera siempre”
Dios paga a
todos con la misma “moneda”
Y al comentar la segunda acción de
Dios, el Santo Padre dijo que, Dios tiene el corazón tan amplio, y paga a todos
con la misma “moneda”, que es su amor. He aquí el sentido último de la
parábola: los jornaleros de la última hora son pagados como los primeros,
porque, en realidad, la de Dios es una justicia superior.
“La justicia humana dicta ‘dar a
cada uno lo suyo, según lo que merece’, mientras que la justicia de Dios no
mide el amor en la balanza de nuestros rendimientos, de nuestras prestaciones y
de nuestros fallos: Dios nos ama y basta, nos ama porque somos hijos, y lo hace
con un amor incondicional y gratuito”.
El riesgo de
tener una relación “mercantil” con Dios
De este sentido último de la
parábola, el Papa Francisco advirtió que, a veces corremos el riesgo de tener
una relación “mercantil” con Dios, centrándonos más en nuestras propias
bondades que en la generosidad de su gracia.
“A veces también como Iglesia, en
vez de salir a cada hora del día y tender los brazos a todos, podemos sentirnos
los primeros de la clase, juzgando a los demás lejanos, sin pensar que Dios los
ama también a ellos con el mismo amor que tiene para nosotros”.
Apostar por la
eficacia del bien
Y esto también se vive en nuestras
relaciones, que son el tejido de la sociedad, afirmó el Pontífice, la justicia
que practicamos a veces no es capaz de salir de la jaula del cálculo y nos
limitamos a dar según lo que recibimos, sin atrevernos a más, sin apostar por
la eficacia del bien hecho gratuitamente y del amor ofrecido con amplitud de
corazón:
“Yo cristiano, yo cristiana, ¿sé
salir hacia los demás? Y, ¿soy generoso hacia todos, sé dar ese ‘más’ de
comprensión y perdón, como Jesús me enseña?”.
Un amor sin
medida
Finalmente, en
el día en el que las Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de las
Mercedes, el Papa Francisco pidió a la Virgen para que “nos ayude a
convertirnos a la medida de Dios, esa de un amor sin medida”.
Vatican News
