Respeto y comprensión para todos, ecumenismo con los que buscan la unidad y colaboración con todos los hombres de buena voluntad
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| Abraham Path Initiative |
En nuestras relaciones con los que no comparten nuestra misma fe,
es importante tener presentes dos principios, contenidos en el documento del
Concilio Vaticano II sobre la Libertad Religiosa (Dignitatis Humanae):
– Libertad de conciencia
Consiste en el derecho y el deber que tiene cada hombre de buscar
la verdad y seguirla según su conciencia. Nadie tiene el derecho de imponer a otro
una determinada creencia, aunque parezca como la mejor.
– Libertad religiosa
Consiste en el derecho que tiene cada hombre de profesar
públicamente su creencia, a solas o en grupo, sin que nadie se
lo pueda impedir.
Teniendo presentes estos dos principios básicos, he aquí algunas
actitudes frente a los que no comparten nuestra fe:
Consiste en respetar a las personas, sin distinción de credo, raza
o ideología.
Consiste en hablar y escuchar. Es el método más adecuado para
favorecer el conocimiento y el respeto mutuo. El diálogo tiene que estar siempre abierto para todos,
creyentes y no creyentes, confiando en el “esplendor de la verdad” y tratando
siempre de comprender, más que juzgar.
Según el Concilio Ecuménico Vaticano II, «por Movimiento Ecuménico se entienden las
actividades e iniciativas que, según las variadas necesidades de la Iglesia y
las características de la época, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad
de los cristianos» (Unitatis Redintegratio, n.4).
Por lo tanto, no se trata de una especie de convivencia
pacífica entre los discípulos de Cristo, aceptando la división como
un hecho normal.
Se trata más bien de un esfuerzo consciente por sanar las
divisiones que se han ido creando a lo largo de la
historia y restablecer
la unidad, haciendo realidad el deseo de Cristo en vísperas de
su pasión:
“Que todos
sean uno” (Jn 17,21).
Teniendo presente todo esto, no puede haber ecumenismo y proselitismo
al mismo tiempo. Se trata de dos caminos contrarios.
Afortunadamente es ya una hermosa realidad el diálogo ecuménico
entre la Iglesia católica, las Iglesias ortodoxas y las que tuvieron origen a
raíz de la reforma protestante.
Ojalá que algún día pueda darse también con aquellos grupos que
actualmente tienen una actitud sectaria, una vez que tomen conciencia del grave
daño que están provocando a la causa del Evangelio y opten por el camino de la
reconciliación y la unidad.
Es la actitud frente a los grupos proselitistas,
que tratan por todos los medios de socavar la fe de los católicos más débiles
para llevárselos a sus grupos.
Frente a esta situación, es preciso fortalecer la fe, conocer la
identidad católica y responder a los ataques que vienen de los grupos
proselitistas, «dando razón de la propia esperanza» (1Pe 3,15).
Cuando se trata de amar a los demás, para cristiano no existen
barreras. Dijo Jesús:
«Si aman a
los que los aman, ¿qué premio merecen? ¿No hacen lo mismo también los paganos?»
(Mt 5, 46).
Por lo tanto, tenemos que esforzarnos por estar
presentes en las luchas que se libran en favor del hombre y la creación entera,
colaborando con todos sin distinción de credo o ideología.
Este esfuerzo común tiene que dirigirse para remediar los males
que afligen nuestra sociedad, como son «el hambre y las calamidades, el
analfabetismo y la miseria, la escasez de viviendas y la injusta distribución
de los bienes» (Unitatis Redintegratio,
n. 12).
Vivimos en una sociedad plural y hay que respetar a todos, pero al
mismo tiempo guardando nuestra identidad como católicos.
Que la fe, en lugar de dividir, sea un estímulo más para
superarnos como seres humanos y luchar en favor de las grandes causas de la
humanidad.
Flaviano
Amatulli Valente
Fuente:
Aleteia
