Con tal que lo quieras ver
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al
Señor. Que pases un feliz día.
Ayer salí con otra hermana a dar un paseo y las
dos íbamos comentando qué bonito estaba todo. Siempre me llama la atención los
tonos amarillos y naranjas del otoño, me encanta ver los cambios de esta gama
de colores en los árboles, las hojas caídas y, a la vez, una hierba verde
crecida con las primeras lluvias del otoño…
Además el día estaba muy nublado, sin embargo,
durante nuestro paseo, vimos una estrella brillar con fuerza. Era curioso,
porque las nubes no dejaban ver el cielo, y no se veía ninguna más, solo
aquella estrella brillante.
Un simple paseo se puede convertir en todo un
espectáculo… ¡con tal que lo quieras ver!
Y es que el Señor se manifiesta en nuestra vida
a cada paso, a cada instante, con un paisaje o con esa persona con la que
intercambias unas palabras, con un recuerdo o iluminando una palabra a tu mente
mientras lees o estudias… Eso sí, con tal que quieras ver que es Él, que está
ahí, y que se quiere manifestar en tu vida.
“Con tal que lo quieras ver”, esa era la frase
que me venía continuamente. Porque yo soy la primera que he pasado cientos de
veces por lugares impresionantes, y no me he percatado de casi nada de lo que
mis ojos podían ver, o tantas veces en que mis oídos no han sabido escuchar al
hermano, o incluso esas veces en que la casualidad es la “base científica” de
las cosas que nos pasan…
Y es que el Señor está bajo apariencias
insospechadas que requieren solo de una cosa por nuestra parte: la Fe. Lo mismo
le sucedió a Cristo durante su vida terrena. De todos los que convivieron con
Él, muchos solo veían a un hombre, y solo algunos, con la Fe, descubrieron que
verdaderamente era el Mesías esperado, el Salvador. O, sin ir más lejos, nos
sucede cada día en la Eucaristía. Nuestros ojos humanos solo ven pan, pero, con
los ojos de la Fe, sabemos que Él está ahí, vivo, presente y real.
Así que le preguntaba al Señor cuál es la clave
para verle, para descubrirle. Y mirando el Evangelio comprendí que todos los
que se dejaron salvar, curar y atraer por Jesús, tenían un mismo denominador
común: la sencillez de corazón. Y es verdad, porque a veces complicamos tanto
al Señor que es imposible que le veamos. Sin embargo, Él está ahí, siempre,
para nosotros, en lo sencillo de cada día.
Hoy el reto del amor es descubrir al Señor en
tres cosas de tu vida cotidiana. Hoy pídele tener abiertos los ojos de la Fe,
para que, con un corazón sencillo, puedas descubrir cómo Él tiene preparada esa
palabra que necesitas escuchar, ese paisaje que te alegra el corazón o ese
detalle que, por ser inesperado, te devuelve la ilusión…
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
16 noviembre 2022
Fuente:
Dominicas de Lerma
