Desde 2017 el proyecto Hospitales abiertos, avalado por el Vaticano, permite a los más vulnerables de Siria recibir atención médica gratuita. En el país, el 60 % de los hospitales han sido destruidos por la guerra
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| Intervención en el quirófano del hospital italiano de Damasco. Foto Fundación AVSI en Siria/Aldo Gianfrate |
La crueldad se
instaló definitivamente en Siria cuando los hospitales se convirtieron en blanco
del fuego cruzado. Las tremendas sacudidas de los bombardeos dejaban cada vez
menos espacio para la exactitud milimétrica del bisturí. Los médicos y
enfermeros se pusieron en masa rumbo al destierro. Desaparecieron la mayor
parte de los tratamientos paliativos. Se esfumaron las plantas de oncología.
Los once años
de conflicto han diezmado la capacidad de atención médica del país. Aunque
ahora los combates se circunscriben solo a determinadas zonas, faltan medicinas
básicas y personal sanitario; escasea la sangre para las transfusiones y muchos
centros sanitarios han echado el cierre. Ante esta perspectiva desoladora, el
nuncio apostólico en Siria, el cardenal italiano Mario Zenari, tomó cartas en
el asunto y con el apoyo del entonces Pontificio Consejo «Cor Unum» y de
la Fundación AVSI consiguió mantener abiertas las puertas
de tres hospitales —el italiano y el francés en Damasco, y el Saint Louis en
Alepo—. «El Vaticano puede cerrar una pizzería o una heladería, pero no un
hospital, y menos en una situación tan desesperada como la de Siria», asegura.
Desde el 2016, en estas estructuras gestionadas por la Iglesia, quien no puede
costearse un tratamiento —la mayoría de la población en un país en el que seis
de cada diez no logra hacer una comida al día decente— puede ser atendido aquí.
«En cinco años, 80.000 personas se han curado. La mayoría musulmanes. Nadie les
pregunta en la puerta la religión que profesan, lo que también ha contribuido a
suturar la herida del odio en una sociedad muy dividida después de la guerra
civil», asegura Giampaolo Silvestri, secretario general de AVSI.
80.000 curas
médicas gratuitas hasta el 2 de septiembre de 2022
17 millones de
euros es el coste total del proyecto sanitario avalado por el Vaticano
El proyecto,
que hoy tiene el patrocinio del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo
Humano Integral y numerosos benefactores, entre ellos, la Conferencia Episcopal
Italiana o Cáritas
Española, ha añadido en los últimos años cuatro dispensarios médicos
repartidos también por algunas zonas rurales. Su objetivo es atender a otras
60.000 personas en los próximos dos años. El perfil de los pacientes ha ido
cambiando con los años. Al principio atendían sobre todo a heridos de guerra,
pero ahora la mayor parte son personas sin recursos.
El franciscano
Fadi Azar es el director de uno de estos ambulatorios con almacén farmacéutico
en Latakia, en el norte del país, casi en la frontera con Turquía. «Siria está
ahogada por las deudas. El 80 % de la población malvive mendigando por las
calles, rodeados por edificios en ruinas. La gente sobrevive gracias a la ayuda
humanitaria», describe. Casi nadie tiene ahorros o un seguro médico, por lo que
un diagnóstico de hipertensión o de diabetes es letal. «Una operación médica
mínima cuesta más de un millón de liras sirias, es decir 200 o 300 euros. Pero
para un sirio que gana de media al mes 30 o 40 euros es imposible de abordar»,
incide el padre Fadi, que lleva en Siria desde 2015. «Espero que puedan ampliar
el proyecto para cubrir toda Siria. Estos pobres no tiene más recursos. Los
países árabes no ayudan, al revés. Arabia Saudita y Catar han financiado las
armas que usaba el ISIS para destruirnos», manifiesta este sacerdote jordano
que vivió los primeros cuatro años en Damasco, cuando la ciudad estaba cercada
por el grupo yihadista y los bombardeos eran diarios. «En 2018 cayeron tres
proyectiles de mortero en nuestro convento. Uno impactó en la entrada, pero los
otros dos fueron a parar cerca de los dos generadores de gasóleo. Logramos
apagar el fuego rápidamente. Si no, hubiéramos saltado por los aires con la
explosión», recuerda.
El dispensario abre tres días a la semana: los
martes, los viernes y los sábados. Pero viven como en la Edad Media, conectados
a la electricidad solo una hora y media al día. «Una ONG alemana nos donó unos
paneles solares con los que conseguimos alimentar un frigorífico que nos
permite mantener a la temperatura correcta la medicación y las jeringuillas»,
explica. A los cortes de energía se suma la falta de agua que impide, por
ejemplo, que el personal sanitario puede lavarse las manos con asiduidad. En
Latakia viven unas 500.000 personas y este es el único dispensario en 30
kilómetros a la redonda. Allí trabajan un médico internista, un farmacéutico y
una secretaria. Otro de los problemas que afrontan a diario es la falta de
personal especializado. «Hay cerca de 20.000 médicos sirios trabajando en
Alemania. Se van a cursar la especialidad allí y ya no regresan», asegura el
padre Fadi. Entre otras cosas, la Fundación AVSI ha subido el sueldo al personal
sanitario para frenar la hemorragia de huida y que decidan quedarse a pesar de
las dificultades.
Victoria Isabel Cardiel C.
Fuente: Alfa y Omega
