Miedo vs. confianza
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
En estos días
de calor, la cocina se vuelve como un horno. Así que ayer, para aliviar un poco
el calor añadido de los fogones, abrimos la ventana para que corriera un poco
el aire.
Pero claro, al
buen olor, comenzó a acudir alguna que otra avispa. Y… ¡no hay bicho que me dé
más miedo que este! Es aparecer una avispa, y ya no lo puedo evitar: no me
concentro de nuevo hasta que se vuelve a ir o alguien la echa. En realidad la
avispa no me da miedo, me da miedo que me pique.
Así que así
anduvimos, una y otra vez, hasta que al final decidimos cerrar las ventanas.
Era preferible el calor a tener que convivir con el miedo.
Al ver lo que
causa en mí el “miedo a un bichillo”, le preguntaba al Señor sobre la confianza
y el miedo. Porque veía que es cierto que el miedo te hace perder de vista todo
lo demás, te desconcentra de lo que realmente has de hacer, se enciende en ti
la desconfianza y fija tu mirada en el causante de tu miedo.
Muchas veces
hablamos de la confianza. Todos hemos experimentado que no es fácil, que a
todos nos cuesta y realmente nos gustaría que fuese tan fácil como echar de
nuestra vida todo lo que nos causa miedo, y cerrar la ventana detrás. Sin
embargo, en la vida de cada día esto no es tan fácil.
El Señor me
mostraba que el problema no está en aquello que me da miedo, sino en mi
reacción ante ello. Al dejar que toda mi atención se focalice en ello, no solo
me descentro de lo que sí tengo que hacer, sino, sobre todo, pierdo de vista al
Señor. Me pongo a la defensiva queriendo evitar que “me pique”.
Sin embargo, la
confianza consiste en ir soltando esas defensas propias, entregándole el miedo
a que “me pique” y fijando la mirada en Él como mi defensa más que en aquello
que me causa miedo.
La confianza no
se trata de aferrarte a pensar que, si confías en el Señor, nunca te picará
nada. La confianza es saber que Él está al mando, y que suceda lo que suceda,
todo lo utilizará para el bien, para el mío y el de los demás.
Orar esto me ha
dado mucha paz, creo que el próximo día intentaré entregarle el miedo a que me
pique (esta avispa y “otras” más grandes) y haré la prueba de dejar la ventana
abierta en mi vida…
Hoy el reto del
amor es soltar tu defensa propia y poner tu vida al mando de Quien realmente
puede dirigirla siempre hacia el bien. Él es el fuerte, Él es quien
verdaderamente me ama y Él buscará mi bien… y si Él está al mando, ¡que se echen
los miedos a temblar!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
27 agosto 2022
Fuente:
Dominicas de Lerma
