Espía improvisada
Hola, buenos
días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Fui a la iglesia
para cubrir mi turno de vela con el Santísimo. Vi que, en los bancos, había
varias personas dispersas, orando.
No llevaba ni
dos minutos sentada en mi sitio cuando, de pronto, una musiquita rompió el
silencio del templo. Ruidos… y escuché claramente cómo una mujer comenzaba a
hablar.
Al instante
imaginé que a esa señora le había entrado una llamada y se había salido al
atrio a atenderla, sin embargo, se oía bastante la conversación.
No quise darle
importancia, traté de no distraerme, ¡¡pero es que la mujer no callaba!! En
serio: quien estuviera al otro lado del teléfono, ¡no tenía ni media opción de
meter baza!
De pronto me
llegaron claramente sus palabras: “Y este es el monasterio de las Dominicas,
fundado por el Duque de Lerma…”.
No era una
llamada: ¡¡era una visita turística!! Y, en medio de la sorpresa, escuché de
nuevo:
“Igual alguno
de ustedes conoce a estas monjas, pues cada mañana envían un mensaje llamado
Reto del Amor…”. ¡¡Y empezó a leerles el reto de ese día!!
¡¡No pude
evitar sonreír!! ¿Sabría la guía que una de las que escribe esos mensajes la
estaba escuchando narrarlo? Imagina leer un libro… ¡y tener al autor al otro
lado de la puerta!
En ese instante
caí en la cuenta de que… ¡¡¡esto nos ocurre cada día!!!
En efecto, cada
vez que abrimos la Biblia, su Autor nos escucha leerla, y no porque esté “al
otro lado de la puerta”, ¡sino porque está a nuestro lado! Dispuesto a
escucharte y, sobre todo, a hablarte.
Cuando un libro
te hace bien, sientes deseos de conocer a quien lo ha escrito, de hablar con
esa persona, preguntarle, profundizar… Del mismo modo, la Palabra quiere ser un
trampolín que te empuje a conocer más a Jesucristo, ¡a conocerle en persona! La
Biblia es el único libro cuyo Autor… ¡lo lee contigo!
Hoy el reto del
amor es leer el evangelio del día. ¡Puedes encontrarlo en mil lugares! Busca un
momento tranquilo y léelo en voz alta, saboreando cada palabra… y recordando
que esas palabras están escritas para ti, por la Persona que más te ama:
Jesucristo. ¡Y Él (¡en persona!) está sentado a tu lado, deseando hablar un
rato contigo! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
28 agosto 2022
Fuente: Dominicas de Lerma
