Tras décadas acompañando a los delincuentes más violentos de España, este psicólogo dice en su último libro que «tener fe religiosa ayuda a sobrellevar el sufrimiento»
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| Foto: Juan Luis Vázquez
Díaz-Mayordomo |
Comienza su
nuevo libro, El ser humano, un ser espiritual, con la expresión «anhelo
de Dios». ¿Es algo que tenemos todos?
Mira, yo he sido desde siempre muy de campamentos, muy de estar en la
naturaleza con los jóvenes. Más tarde, por mi profesión, he trabajado en el
mundo de la educación especial, y también con chicos metidos en violencia,
asesinatos, violaciones, incluso intentos de suicidio. Además, he tratado a pederastas
y a los delincuentes más violentos de España. Aparte, he trabajado mucho tanto
en la docencia como en la terapia de trastornos, obsesiones, compulsiones,
psicosis, melancolías… En todos estos ámbitos, en los que he tratado a miles de
personas, con el tiempo me he dado cuenta de que hay algo que no nos
funciona bien como sociedad. Y ese algo es que somos seres físicos, sociales,
culturales…, pero también espirituales. Esto no es una creencia mía, sino que
lo he comprobado repetidamente a lo largo de toda mi carrera.
¿Cómo se nota
esa sed de espiritualidad? ¿Es algo externo o interno?
Hoy en día hay una sensación de vacío absoluto, y por eso todos queremos
cambiar de coche, irnos de vacaciones a no sé donde, vivir experiencias… pero
luego al llegar a casa estamos hastiados. Hay que serenar la vida y no pedirle
más de lo que te puede dar. Creamos o no creamos en algo o en Alguien mas allá
de nosotros, tenemos ese anhelo de trascendencia que necesitamos llenar. La
espiritualidad es parte consustancial del ser humano desde los tiempos de
Atapuerca.
En psicología
ha triunfado el término inteligencia emocional. ¿Hemos de empezar a hablar
de inteligencia espiritual?
Es una expresión que yo utilizo porque este es un tema que la sociedad demanda.
He firmado muchos ejemplares en la última Feria del Libro porque este asunto
interesa cada vez más. Hace poco estuve en el Hospital de La Paz hablando sobre
los cuidados al final de la vida, y muchas preguntas de los sanitarios iban
sobre la espiritualidad. Ojo, ha bajado mucho la sensación de pertenencia
religiosa, pero ha aumentado la espiritualidad.
¿Eso significa
que la gente no busca un Tú al que dirigirse?
Lo que sucede es que desde hace algunas décadas se ha mirado mucho a Oriente,
pero aquí tenemos a una Teresa de Jesús o a un Ignacio de Loyola a los que
tenemos que conocer.
¿Qué dice la
psicología de Dios y de nuestra parte espiritual?
Yo soy crítico con mi disciplina porque a algunos les parece inapropiado hablar
del alma, como si fuera algo no científico. Otros reducen esto simplemente a
tomar una foto del cerebro cuando se activa tal o cual emoción, pero hay que ir
más allá. Yo, como psicólogo, tengo que decir que tener fe religiosa te ayuda a
vivir mejor y a sobrellevar mucho mejor los sufrimientos y la perspectiva de la
muerte. Lo he visto en casos muy cercanos. Una sociedad sin Dios y sin esperanza
se convierte en una sociedad en la que aumentan la prostitución, la droga, la
violencia… Esto hay que decírselo a la gente. Una sociedad sin espiritualidad
es como una casa sin cimientos.
¿Y una sociedad
sin religión?
La gente valora mucho Cáritas porque actúa y hace mucho por la sociedad. La
pena es que hoy la gente confunde la religión con la época de Franco cuando iba
bajo palio. Hace falta en la Iglesia católica una mayor pedagogía sobre su
aportación al mundo de la espiritualidad.
Escribe en su libro
sobre la confesión. ¿Por qué?
El concepto de pecado siempre ha sido algo que te hacía echar el freno cuando
algo malo se te ponía por delante. Hay que recuperar esa conciencia, el
arrepentimiento. Yo he tratado a muchos delincuentes a los que estar entre
rejas no les ha cambiado para nada. La confesión libera a la gente del pecado y
de la culpabilidad, pero te pide no volver a las andadas. Hoy esto ha
desaparecido.
¿Por qué se ha
metido en todo este jardín?
Tengo ya casi 65 años y no tengo miedo a nada. Hoy se está confundiendo a la
sociedad, y especialmente a los jóvenes, por motivaciones totalmente
ideológicas. Yo tengo que decir a la sociedad que es muy bueno que haya
terapias y psicofármacos, pero que, si no conoce la esencia de la vida, entonces
está abocada a seguir cometiendo grandes errores. Podemos seguir comiendo miles
de chucherías, pero seguiremos desnutridos de lo que realmente nos alimenta.
Todo esto lo digo basándome rigurosamente en la ciencia y en la experiencia. Al
final, todos nosotros vivimos tratando de encontrar respuesta a la pregunta
sobre cuál es la esencia de la vida. ¿Para qué he nacido? ¿Qué
hay después? Y da igual que seas religioso o no: al final todo el
mundo tiene un innegable deseo de trascendencia.
Juan Luis Vázquez
Díaz-Mayordomo
Fuente: Alfa y Omega
