El Papa Francisco recibió esta mañana a 170 habitantes y participantes de la Villa de François, les pidió que contribuyan a redescubrir lo que es un verdadero pueblo: un tejido de relaciones humanas concretas en apoyo mutuo
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El
Santo Padre reunido la mañana del 14 de mayo con los miembros Villa de
François, recordó cuando el fundador del proyecto, Étienne Villemain, le habló
sobre esta iniciativa y que, entonces, no pudo evitar decirle que no sabía
"lo que el Espíritu Santo pudiera inspirar... Y ahora”, señaló, "me
alegra ver que el proyecto sigue adelante".
Una Iglesia como hospital de campaña
La Villa o la Aldea de Francois (Francisco) la definió
el Papa como un lugar eclesial que se sale del marco habitual, que propone otra
cosa; es la Iglesia como "hospital de campaña", preocupada más por
los que sufren, añadió el Santo Padre, que por defender sus propios intereses,
asumiendo el riesgo de la novedad para ser más fiel al Evangelio.
La
definición del mundo como una "aldea" se ha convertido en un lugar
común: el desarrollo acelerado de los medios de transporte y comunicación y las
redes sociales sugieren que todos estamos más cerca unos de otros. Sin embargo,
mucha gente se queda al margen de este supuesto pueblo, reservado a una élite
privilegiada.
El verdadero pueblo: relaciones humanas concretas en
apoyo mutuo
A
los participantes y habitantes del Village de Francois, el Papa les auguró que
esta iniciativa contribuya a redescubrir lo que es un verdadero pueblo: un
tejido de relaciones humanas concretas, en el apoyo mutuo, en la atención a los
necesitados, en la convivencia de generaciones y en la preocupación por
respetar la Creación que nos rodea.
"En
efecto, la Aldea de François fue imaginada a partir de la convicción de que
"todo está ligado", y se tiene una experiencia concreta de ello al
asociar el medio ambiente y el respeto de la vida humana, desde la concepción
hasta la muerte natural, la oración y la fraternidad, y también al reunir a las
diferentes generaciones".
Cuento
con su testimonio, dijo, para mostrar que la vida según el Evangelio se
encuentra en la consideración equilibrada de todos estos aspectos:
"A
menudo tendemos a movilizarnos con gran celo por causas muy legítimas, pero
perdiendo de vista el panorama general. La experiencia concreta nos muestra,
sin embargo, que es la persona humana en su conjunto la que necesita ser amada,
acompañada e incluida en una red de relaciones enriquecedoras y
constructivas".
Estas
relaciones, afirmó por último, tienen un modelo absoluto, una fuente a
partir de la cual pueden desarrollarse. Señalando la antigua abadía trapense,
donde se han instalado los de la Villa de François, el Papa les señaló que ve
en ello:
"Una llamada a poner en el centro de vuestra
experiencia, además de una vida sencilla y laboriosa, el cuidado y el
desarrollo de la vida interior, de la relación con Jesucristo, que es el único
que puede colmar nuestros corazones sedientos. En el Evangelio según San Juan,
Él dice: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (14,6). Él mismo
experimentó, en persona, lo que se percibe en la Villa de François: fue frágil,
en brazos de su madre y en la cruz; trabajó como artesano; vivió al ritmo de
las estaciones y de la naturaleza; creció en un pueblo donde se mezclaban las
generaciones; rezó, perdonó y amó al prójimo. Te lo confío como modelo e
inspiración en tu proyecto y en tu vida diaria".
Patricia
Ynestroza, Ciudad del Vaticano
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