Un sacerdote exorcista advirtió que el pecado, aún más el pecado mortal, es más grave que una posesión demoníaca, pues pone a la persona en riesgo de la condenación eterna
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| Imagen referencial. Crédito: Pixabay / Dominio público |
Entrevistado
por ACI Prensa, el P. Francisco Torres Ruiz, sacerdote de la diócesis de
Plasencia y encargado del ministerio del exorcismo, dijo que normalmente “nos
aterran las posesiones demoníacas más que vivir en pecado porque son más
espectaculares, son físicas, podríamos decir sensibles, la aprecian los ojos de
nuestra carne”.
“Crean una
emoción en el hombre que le lleva al miedo, al pánico, al morbo, a la
curiosidad, etc.”, señaló.
“Por otra
parte, la acción del pecado digamos que es menos escandalosa, menos llamativa”,
dijo, pues “pecamos sin tener conciencia muchas veces del mal que nos estamos
causando, porque es un daño que se inflige a nuestra alma, pero físicamente el
pecado no se ve”.
“Lo que se ve o
lo que se siente pueden ser los efectos espirituales que ese pecado va creando
en nosotros”, señaló.
El exorcista
español indicó que “cualquier manifestación diabólica, llámese posesión,
vejación, infestación de una casa de un lugar, etc., sea la que sea, nos da más
miedo, más pavor que vivir en pecado, precisamente porque no somos conscientes
de que la gravedad máxima de los hombres es vivir en pecado y sobre todo vivir
en pecado mortal”.
“Cuando
alguien, por ejemplo, viene a verme, y presenta algún caso, o tiene alguna
inquietud espiritual en este campo en el que nos movemos, yo siempre digo lo
mismo: que la manifestación diabólica, la posesión o la vejación, si se vive en
gracia de Dios, es decir, se lleva una vida de sacramentos, de oración, de
trato con la Virgen, con los santos, con el Santísimo Sacramento, etc., no
conlleva la condenación”.
“Una persona
que muriese estando poseída por el diablo, que puede morir de un cáncer, puede
morir de un infarto, lo que sea, no por ello está llamada a ser condenada”,
explicó.
Por el
contrario, dijo, “una persona que no está poseída, que, digamos, goza esa
libertad humana, no tiene ese dominio despótico que supone la posesión sobre
las personas, si vive en pecado mortal, es una persona irredenta, impía y no
quiere convertirse, pues corre el riesgo lógicamente de condenarse”.
Por David Ramos
Fuente: ACI
Prensa
27 mayo 2022
