El trabajo es un componente esencial en la vida humana, y también en el camino de santificación
| Papa Francisco en la Audiencia General. Foto: Vatican Media |
En la audiencia general de este
miércoles 12 de enero, el Papa Francisco reflexionó en su catequesis en el
oficio de San José que aprendió también Jesús y destacó la importancia y
dignidad del trabajo.
“En estos tiempos de pandemia
muchas personas han perdido el trabajo, sabemos, y algunos, aplastados por un
peso insoportable, han llegado al punto de quitarse la vida. Quisiera hoy
recordar a cada uno de ellos y a sus familias. Hagamos un instante de silencio
recordando aquellos hombres, aquellas mujeres, desesperados porque no
encuentran trabajo”, afirmó el Santo Padre.
A continuación, la catequesis
pronunciada por el Papa Francisco:
Los evangelistas Mateo y Marcos
definen a José como “carpintero” u “obrero de la madera”. Hemos escuchado hace
poco que la gente de Nazaret, escuchando a Jesús hablar, se preguntaba: «¿No
es éste el hijo del carpintero?» (13,55; cfr Mc 6,3). Jesús
practicó el oficio de su padre.
El término griego tekton,
usado para indicar el trabajo de José, ha sido traducido de varias maneras.
Los Padres latinos de la Iglesia lo hicieron con “carpintero”. Pero tengamos
presente que en la Palestina de los tiempos de Jesús la madera servía,
además de para fabricar arados y muebles varios, también para construir
casas, que tenían ventanas de madera y techos de terraza hechos de vigas
conectadas entre sí con ramas y tierra.
Por tanto, “carpintero” u “obrero
de la madera” era una calificación genérica, que indicaba tanto a los
artesanos de la madera como a los trabajadores que se dedicaban a actividades
relacionadas con la construcción. Un oficio bastante duro, teniendo que
trabajar materiales pesados, como madera, piedra y hierro. Desde el punto de
vista económico no aseguraba grandes ganancias, como se deduce del hecho de
que María y José, cuando presentaron a Jesús en el Templo, ofrecieron solo
un par de tórtolas o pichones (cfr Lc 2,24), como prescribía
la Ley para los pobres (cfr Lv 12,8).
Por tanto, Jesús
adolescente aprendió del padre este oficio. Por eso, cuando de adulto
empezó a predicar, sus paisanos asombrados se preguntaban: «¿De dónde le
viene a éste esa sabiduría y esos milagros?» (Mt 13,54), y se
escandalizaban a causa de él (cfr v. 57). Porque era el hijo del
carpintero, pero hablaba como un doctor de la ley y se escandalizaban
de esto.
Este dato biográfico de José y
de Jesús me hace pensar en todos los trabajadores del mundo, de
forma particular en aquellos que hacen trabajos duros en las minas y en ciertas
fábricas; en aquellos que son explotados con el trabajo en negro; en las
víctimas del trabajo -hemos visto que en Italia ha habido bastantes-; en los
niños que son obligados a trabajar y en aquellos que hurgan en los vertederos
en busca de algo útil para intercambiar...
Me permito repetir esto que he
dicho: los trabajadores escondidos; los trabadores que hacen trabajos duros en
las minas y en ciertas fábricas, pensemos en ellos; quienes son explotados con
el trabajo en negro, les dan el sueldo de contrabando, a escondidas, sin la
jubilación, sin nada, y si no trabajas, tú no tienes ninguna seguridad, trabajo
en negro, y hoy existe el trabajo en negro, y mucho; a las victimas del
trabajo, que sufren accidentes en el trabajo; a los niños que son obligados a
trabajar, esto es terrible, un niño, en la edad del juego, deben jugar,
obligados a trabajar como personas adultas, los niños obligados a trabajar y en
aquellos pobres que hurgan en los vertederos en busca de algo útil para
intercambiar... van a los vertederos. Todos ellos son hermanos y hermanas
nuestros que se ganan la vida así, no les dan la dignidad, pensemos en ellos, y
esto sucede en el mundo, esto sucede.
Pero pienso también en
quien está sin trabajo, ¡cuánta gente va a tocar las puertas de las
fábricas, de las empresas! “¿hay algo que pueda hacer? No, no hay…”. La falta
de trabajo; y pienso en los que se sienten justamente heridos en su dignidad
porque no encuentran un trabajo. Vuelven a casa, “¿encontraste algo? Nada. Pasé
por Cáritas y traigo el pan”.
Lo que te da dignidad no es
llevar el pan a la casa, tú puedes recibirlo en la Cáritas. No. Lo que
te da dignidad es ganar el pan, y si nosotros no damos a nuestra gente, a
los hombres y mujeres la capacidad de ganarse el pan, esta es una
injusticia social, en aquel lugar, en aquel país, en aquel continente. Los
gobernantes deben dar a todos la posibilidad de ganar el pan, porque esa
ganancia les da dignidad. Es una ‘unción de dignidad’ el trabajo. Esto
es importante.
Muchos jóvenes, muchos padres y
muchas madres viven el drama de no tener un trabajo que les permita vivir
serenamente. Viven al día. Y muchas veces la búsqueda se vuelve tan dramática
que los lleva hasta el punto de perder toda esperanza y deseo de vida.
En estos tiempos de pandemia
muchas personas han perdido el trabajo, sabemos, y algunos, aplastados por un
peso insoportable, han llegado al punto de quitarse la vida. Quisiera hoy
recordar a cada uno de ellos y a sus familias. Hagamos un instante de
silencio recordando aquellos hombres, aquellas mujeres, desesperados
porque no encuentran trabajo.
No se tiene lo suficientemente en
cuenta el hecho de que el trabajo es un componente esencial en la vida
humana, y también en el camino de santificación. Trabajar no solo sirve
para conseguir el sustento adecuado: es también un lugar en el que nos
experimentamos a nosotros mismos, nos sentimos útiles, y aprendemos la gran
lección de la concreción, que ayuda a que la vida espiritual no se
convierta en espiritualismo.
Pero lamentablemente el trabajo
es a menudo rehén de la injusticia social y, más que ser un medio de
humanización, se convierte en una periferia existencial. Muchas veces me
pregunto: ¿con qué espíritu hacemos nuestro trabajo cotidiano? ¿Cómo
afrontamos el cansancio? ¿Vemos nuestra actividad unida solo a nuestro destino
o también al destino de los otros? De hecho, el trabajo es una forma de
expresar nuestra personalidad, que es por su naturaleza relacional.
Y también el trabajo es una forma
de expresar nuestra creatividad. Cada uno hace el trabajo a su modo, con su
estilo, el mismo trabajo, pero con un estilo diferente. Es bonito pensar que
Jesús mismo trabajó y que aprendió este arte propio de San José.
Hoy debemos preguntarnos qué
podemos hacer para recuperar el valor del trabajo; y qué
contribución, como Iglesia, podemos dar para que este sea rescatado de la
lógica del mero beneficio y pueda ser vivido como derecho y deber fundamental
de la persona, que expresa e incrementa su dignidad.
Queridos hermanos y hermanas, por
todo esto hoy deseo recitar con ustedes la oración que San Pablo VI elevó a
San José el 1 de mayo de 1969:
Fuente: ACI Prensa