Serenidad, sobre todo, para quienes están pasando por momentos difíciles, es el deseo manifestado por el Papa durante el tradicional encuentro de Navidad con los empleados del Vaticano y sus familias
Saludo de Navidad del Papa a los empleados del Vaticano (Vatican Media) |
En el Aula
Pablo VI, en un ambiente festivo, la invitación a las familias a encomendar a
San José las situaciones complicadas y como él escuchar la voluntad de Dios y
ponerla en práctica.
"Donde hay
caridad y amor, está Dios". Esta frase de un famoso canto sacro sirvió al
Papa Francisco para recordar a los empleados del Vaticano y sus familias,
reunidos en el Aula Pablo VI para el saludo natalicio, que “ahí es donde nace
Dios, donde el amor se concreta, se convierte en cercanía, se convierte en
ternura, se convierte en compasión”. Una caridad y un amor que son también una
invitación a no descuidar las necesidades de los ancianos o de las personas
solas: “Que Jesús nazca en sus corazones y en sus familias”
El don de la
serenidad en esta Navidad
Caras
sonrientes, tantos niños y abuelos, un ambiente familiar y festivo no hicieron
olvidar al Pontífice las preocupaciones y dificultades que tantas personas y
familias están atravesando. Por ello manifestó su deseo de que la Navidad les
traiga serenidad.
“Rezo para que
los que más lo necesitan reciban el don de la serenidad, tanto personal como
familiar. La pandemia ha causado muchos problemas a las familias, tanto
económicos como psicológicos. Estoy pensando en los niños y adolescentes, que
se han visto especialmente afectados por los periodos de aislamiento y
aprendizaje a distancia”, subrayó el Papa.
En este
sentido, el Pontífice recordó que la Santa Sede, como lo hizo el año pasado se
ha comprometido a garantizar el empleo y a no dejar a nadie en paro, pues a
pesar de los muchos problemas se ha tratado de encontrar “soluciones
satisfactorias” a través del diálogo, respetando los derechos de los
trabajadores y el bien común.
La intercesión
de San José
Al recordar que
todo este año se ha dedicado a San José, el Santo Padre invitó a pedir su
intercesión no solo para cuestiones laborales, campo donde es “muy competente”,
sino como “guardián de Jesús y de la Virgen María.
“A él pueden
confiarle ciertas situaciones un poco complicadas, cuando uno se da cuenta de
que sus propias fuerzas no son suficientes o que no hay soluciones a mano”
explicó el Papa. Y agregó que si bien San José es “de pocas palabras” -nunca
habla en el Evangelio-, es un hombre de “muchos hechos”: Un hombre que escucha
la voluntad de Dios y la pone en práctica, sin dudarlo.
El Santo Padre
recordó cómo la voluntad de Dios se reveló a San José en su sueño, mientras
dormía, “revelaciones del plan divino” que al despertar cumplía inmediatamente,
pues no se trataba de “fantasías, alucinaciones, al contrario, eran mensajes
muy cercanos a la realidad, destinados a guiar el camino de la Sagrada
Familia”. “Eran -afirmó - la manifestación de la Providencia de Dios”.
Abandonarnos a
Dios para recibir sus mensajes
Precisamente sobre
la Providencia, Francisco explicó que la historia de José y María, nos enseña
que “la familia es el lugar privilegiado donde se experimenta la Providencia de
Dios”. Y por ello, manifestó su deseo de que cada quien, cada familia pueda
experimentar la Providencia, es decir “la mano paterna de Dios guiando nuestros
pasos por sus caminos”, para el bien de los esposos, los hijos y de toda la
familia
“Los planes de
Dios no siempre son claros; a menudo tardan en manifestarse, requieren
paciencia; sobre todo, requieren fe, mucha confianza en que Dios quiere sólo y
siempre el bien, el mayor bien para nosotros y nuestros seres queridos. Por eso
debemos hacer como San José: abandonarnos a Dios -eso es lo que significa
dormir- para recibir sus mensajes”, concluyó el Papa Francisco, no sin antes
desear a todos una ¡Feliz Navidad!
Alina Tufani -
Ciudad del Vaticano
Vatican News