Esta familia portuguesa se vio inundada de vocaciones cuando su madre descubrió en el Opus Dei un carisma que encajaba con su exitosa carrera periodística.
| Dora, Joao Pedro y sus hijos seminaristas |
“Tras
estos años estaba muy cansada, y reflexionando sobre si este era mi camino en
mi vida profesional”, cuenta al portal del Opus Dei.
La
historia de fe de Dora,
João Pedro y su familia comenzó entre micrófonos, mesas de mezclas y
sintonías. Él era técnico
de sonido y ella, presentadora de la cadena portuguesa Smooth fm.
"Pensé que era especial. Hasta el punto de que terminé una relación y
empecé a dejarle mensajes en el cristal del estudio", relata su
marido.
Meses
después comenzaron a verse y no tardaron en casarse. Veintinueve años y cuatro hijos después, miran atrás en su
vida y solo pueden sentirse satisfechos y dar gracias a Dios. Sin embargo, el punto en el que se
encuentran hoy es fruto de un
camino lleno de sorpresas, algunas difíciles de comprender.
Llegar a la santidad, ¿en la radio?
"Esto es lo que quiero"
La
primera de ellas fue el cambio de perspectiva de la propia Dora, que comenzó a
raíz de una invitación a
un retiro mensual del Opus Dei en pleno cuestionamiento de su proyección
laboral.
“Debe
ser interesante, vamos a ver”, pensó.
Quedó asombrada por el mensaje
del sacerdote que impartía el retiro, el padre Gonzalo: “Esto es para mí. Quiero entender mejor qué es la
santificación del trabajo, porque es lo que necesito. Esto es lo que
quiero”.
Y
conforme se empapaba por aquel mensaje, comprobó que “nada cambiaba, y al mismo tiempo, lo cambió todo”.
“Sigo
siendo la misma”, afirma, “lo que realmente cambió fue mi perspectiva y mi
forma de ver las cosas”.
El "boom" vocacional
En
ese momento, Pedro,
uno de sus hijos gemelos sorprendía
a la familia anunciando su vocación al sacerdocio.
“Me
pareció muy curioso, desde
pequeño Pedro decía que quería ser sacerdote”, relata su padre.
“Y
sin saber por qué, lo sentí dentro de mí”, cuenta Pedro. Pero la primera respuesta no fue la que
esperaba.
“No, no lo harás. ¡Qué tontería! Crece,
tienes mucho por hacer, tiempo para madurar. Es algo muy drástico y exigente,
tómatelo con calma”, le aconsejó su madre.
De
entre toda su familia, sus padres, sus hermanas… el joven solo encontró un apoyo.
“Si
así Pedro es feliz, yo
digo que se vaya”, dijo su hermano Alfonso.
Una llamada imparable de Dios
Poco
después de la noticia, Dora presentó su solicitud de admisión en el Opus Dei.
“Tratando
de ser coherente, pensé que no
podría crecer en la vocación a la que Dios me llamaba y al mismo
tiempo cerrar los ojos a
la que mi hijo estaba siendo llamado”, pensó.
Mientras,
su padre, trataba de asimilar la noticia. “Si lo haces por ir a misa todos los
días, también podemos hacerlo en nuestra parroquia”, le decía. Fue su
acercamiento al Opus Dei junto a Dora lo que le ayudó a comprenderlo. “Me convencí de que debía decir que
sí”, admite João Pedro.
“Que
mis padres comprendiesen más profundamente lo que era la Iglesia y Jesús hizo ayudó
a que le diese una mirada sobrenatural a mi vocación, a darme cuenta de que era Jesús
quien me llamaba a través de la Iglesia”, relata Pedro.
Dios tiene "su propia llamada para
cada uno"
Sin
embargo, la familia parecía haber asimilado la vocación de Pedro cuando su hermano Alfonso fue a un
encuentro cuaresmal de oración.
“Tengo
algo que contaros”, dijo el otro gemelo a sus padres. “Fuimos a misa, y
viniendo del encuentro, supe
que estaba llamado al seminario”.
“Fue
una sorpresa total”, admite Dora. “Desde pequeño Pedro quería ser sacerdote…
¿pero Alfonso?”.
Su
vocación, siendo la misma, era al mismo tiempo diferente que la de su hermano
gemelo. Cuando fue al seminario por primera vez a probar, su padre le animó: “Esto es solo
para ti. Serás muy feliz. Adelante”.
“Fue
bueno darse cuenta de que, cuando
el Señor llama, se dirige a cada uno, individualmente. No estoy imitando a
Pedro, ni él a mí. Somos hermanos gemelos, pero cada uno tiene su vocación,
porque Dios tiene su propia llamada para cada uno”, explica Alfonso.
Dora
no encontraba ningún motivo para impedirle a su hijo que siguiera su camino.
“Los miramos y dijimos: Gracias a
Dios, porque son felices y están en el camino que han elegido con toda
libertad”, a la espera de su ordenación este 28 de noviembre.
Toda una familia llevando al Señor en su
día a día
Pasado
el tiempo, Pedro no deja de sorprenderse por “cómo Dios lo preparó todo de esa manera”.
“Mi vocación y la de mi madre en la
Obra es parecida”, admite Pedro. “Para mí fue fundamental conocer a San
Josemaría junto a mi madre y comprender la dimensión de la santidad en las
cosas pequeñas, del día a día”.
Hoy,
el primero de los gemelos que conoció su vocación contempla la santidad como
algo hermoso, y para toda la vida. “Esa vida con Jesús está en el día a día”, añade su hermano.
Echando
la vista atrás, Dora y su familia se encuentran hoy en un mismo punto, sin
haber hecho nada por recorrer un
camino “que ha sido de toda la familia”.
“Mi vocación es realmente caminar
en santidad en medio del mundo, y de todas las cosas que hago”,
concluye. “Es llevar a
nuestro Señor en todo lo que hago”.
Fuente: Opus Dei/ReL