Álvaro agradece su enfermedad con fe porque le ha llevado a Dios, y contempla al sacerdote Jesús Zurita como uno de los mejores medios de Dios para hablarle.
| Jesús Zurita y Álvaro Carrasco. Dominio público |
En
2018, lo que parecía una repentina pérdida de sensibilidad, escondía en
realidad un agresivo tumor medular. Entrevistado por el youtuber Enrique
Vidal, ha contado que nunca pensó que un sacerdote y su enfermedad serían los instrumentos de Dios
para triunfar en su vida y ocuparla por completo. Hoy, lo agradece por
encima de todo.
Conoció a un sacerdote que no dejaba a
nadie indiferente
Pese
a que su familia siempre
fue creyente, nunca tuvieron costumbre de frecuentar los sacramentos. Por
ello, el joven vivió alejado de la práctica religiosa, hasta que conoció a un
sacerdote recién destinado a su universidad: Jesús Zurita.
"Estudié
con él las asignaturas de la DECA [Declaración Eclesiástica de Competencia
Académica, que capacita para ser profesor de Religión]. Al principio lo veía
como un profesor más, pero veía
que no dejaba a nadie indiferente, y muchos se acercaban a hablar con
él". No tardó mucho en contactar con el sacerdote.
Las
clases que recibía fueron cambiando
poco a poco la perspectiva de Álvaro, que cada vez sentía más interés
debido al formato en el que desarrollaban las clases, estudiando la actualidad
analizada desde la moral religiosa.
"Empecé
a tener curiosidad y le mandé un mensaje admitiendo de que estaba despertando interés por
algo que casi había perdido".
Desde
entonces, el sacerdote se convertiría "en el mejor instrumento posible de
Dios". "Ya llevo dos años desde 2019 con mi proceso de conversión y
crecimiento en la fe cuidado por el Señor".
Un agresivo tumor le hizo redescubrir a Dios
Hasta
que llegó la enfermedad. "En 2018 empecé a tener síntomas extraños, no sabía lo que me pasaba, me fallaba la pierna derecha hasta
que tuve paralizada la
parte derecha del cuerpo".
Era
un tumor de médula, benigno pero muy agresivo, que había destruido sus
vértebras.
"Dios siempre fue la clave”,
expresa Álvaro. “Cuando me lo diagnosticaron, creía que el amor de las personas
era lo más grande, pero supe que solo Dios podría mantenerme vivo".
En abril de 2910 tuvo
su primera operación. “Fueron casi diez horas, y siempre gracias a Dios salió genial.
En una semana estaba en casa”. Todo empezó a ir bien, pero cuenta que poco a
poco se iba confiando y “dejaba de dar gracias”.
La enfermedad, lo que más agradece en su
vida
El
20 de noviembre, el día de su cumpleaños, se sometió de nuevo a una
intervención de siete horas. "El 12 de abril del siguiente año me
volvieron a operar para retirar lo último que quedaba. Por fin, dando gracias, los médicos me han dado el alta”.
Álvaro
define todo este proceso como una
época dura y difícil marcada por el dolor, “pero gracias a una desgracia tengo
a Dios en mi vida”.
Aquella
experiencia le cambió su perspectiva sobre la fe. “Nunca pensé en Dios, pero llegó la enfermedad y Dios tocó la
bombilla. `Estoy aquí´, dijo. Y el día antes de mi operación en 2019 me confesé, seis años
después de la última vez, que lo hice por mi confirmación”.
Desde
aquel momento, y hasta ahora, lo
único que quiere es tener la certeza de que se va a encontrar a Dios.
“Una
persona que tenga una circunstancia, enfermedad, una perdida dura… si no se acerca a Dios, no va a
encontrar lo que busca, porque estamos hechos para Dios”.
“Sin
esta enfermedad no sería lo que soy, ni conocería lo que conozco ni sería lo
feliz que soy”, concluye el joven. “Por tener a Dios los días no son perfectos, pero si tienen
sentido. Si tuviera que dar gracias por algo, lo haría por la enfermedad, y
si tuviera que hacerlo por alguien, sería por el padre Jesús. Sigue marcando mi
vida porque Dios me sigue hablando mediante él”.
Fuente: ReL