Las dominicas de Nashville son uno de los fenómenos religiosos de Estados Unidos y también del mundo entero. Cada año reciben a numerosas jóvenes que están búsqueda y esta congregación ya supera los 300 miembros, la mayoría de ellas menores de 40 años.
| Hermana Mary Martha. Dominio público |
Su
historia hacia la vida religiosa no tiene elementos muy extraordinarios pero si algunos pasos curiosos.
En
primer lugar porque fue el
interés en un chico lo que le acercó más a la Iglesia. Una vez en
ella, dos hitos la invitaron a esta vocación: un artículo en la prestigiosa
revista deportiva Sports Illustrated de una famosa jugadora de baloncesto que
decidió dejar su carrera en la cima para irse a un convento; y por otro lado los niños a los que le
enseñaba le fueron mostrando a su vez a ella que su vida debía dar un
paso más.
“Crecí
en Canadá, a una hora al este de Vancouver, en la Columbia Británica, pero me
fui después de Scundaria para asistir a Christendom, una pequeña universidad
católica en Virginia. Debo confesar que aunque crecí como católica, la fe no fue la principal
influencia en mi decisión de asistir a la universidad”, recuerda la
ahora religiosa.
A misa diaria para gustarle a un chico
De
hecho, la hermana Mary Martha explica que una vez que llegó a dicha universidad
empezó a “ir a misa todos
los días solo para impresionar a un chico que me gustaba. Funcionó, pero
también tuvo la consecuencia inevitable de profundizar mi fe”.
De
este modo, las horas santas, las procesiones del Rosario, incluso las clases
empezaron a cobrar para ella una importancia muy personal “ya que –asegura- sentí un inexplicable deseo
de absorber todo lo católico”.
Como
dato curioso, aquel chico
que le gustaba es ahora un sacerdote y ella está en el convento.
Tras
acabar sus estudios comenzó a enseñar en colegios. Pasó varios años trabajando
tanto en la costa Este como en la Oeste de EEUU y finalmente se estableció en
Delaware. Allí enseñaba a
alumnos de Secundaria.
“Aprender
fue divertido, pero nunca pude guardármelo para mí. La emoción de mostrar a los demás la belleza y la maravilla de
todo eso hizo que me encantara enseñar, desde una época en la que, incluso
en la escuela primaria, mis hermanos y hermanas eran alumnos reacios”, explica.
Mientras
enseñaba intentaba formar también a sus alumnos en personas íntegras tanto
académica como moral y espiritualmente. Pero recuerda: “poco sabía yo que al mismo tiempo Dios me estaba moldeando para
una vocación dominica. Todos las señales estaban ahí, incluso en las
escuelas donde enseñé: ¡Nuestra Señora del Rosario y Academia de Aquino!”.
El ejemplo de la deportista que lo dejó
todo
En
medio de todo esto se produjo un suceso que la tocó profundamente. “Recibí un
artículo publicado en la revista Sports Illustrated.
Se trataba de una mujer joven, una jugadora de baloncesto profesional internacional, que amaba
lo que hacía, era buena en eso, tenía grandes amigos, familia, novios y dinero…
todo. Pero para ella no era satisfactorio; ella lo dejó todo para
unirse a una comunidad de clarisas de clausura. Para mí, fue un artículo muy inquietante de
leer; había demasiadas similitudes".
"Con
un acto de fe, cinco meses
y una visita a Santa Cecilia más tarde, compré un boleto de ida a
Nashville”, afirma.
Mary
Martha pensaba que ir al sería un “acto de sacrificio”, una “completa renuncia
al mundo”. Es más, asegura que pensó que “tendría que renunciar a mí misma para encajar en el molde de
‘hermana’: estirarme, encogerme, estrujarme a toda costa”.
Más que negarse a uno mismo, es
descubrirse mejor
Pero
no era así. “He llegado a
aprender que la vida religiosa no se trata de negar o borrar nada, sino de desarrollar
y descubrir quién soy realmente. Ahora estoy en el mismo lugar que mis
antiguos alumnos, pero Dios
es el maestro, formando toda mi persona y quitando los miedos y faltas
que encubren la persona que soy”, confiesa.
Al
hacer esto asegura haber tenido más “felicidad, libertad y energía de lo que jamás hubiera
imaginado”.
“La ironía de entregarle toda tu
vida a Dios en la vida religiosa es que Él te lo devuelve todo, ¡con interés! El
sacrificio es real, pero Dios obra con la naturaleza y la enriquece con su
gracia”, concluye su testimonio.
J. L.
Fuente: ReL