El cardenal decano Giovanni Battista Re recordó al cardenal español fallecido el pasado 10 de agosto en la homilía de las exequias del purpurado, celebrada hoy en la Basílica Vaticana: un hombre que "amó a la Iglesia con inteligencia y bondad"
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| Funeral del cardenal Eduardo Martínez Somalo |
Toda una vida
transcurrida "al servicio del Papa, de la Santa Sede y de la Iglesia
universal". El cardenal Eduardo Martínez Somalo -fallecido el 10 de agosto
a los 94 años de edad- tuvo una "vida laboriosa y larga", marcada por
"varias tareas importantes" que le fueron encomendadas "por la
confianza de los Pontífices" y que siempre realizó con espíritu de
servicio, en "plena fidelidad al Papa y generosa dedicación por el bien de
la Iglesia y la salvación de las almas".
Así lo
subrayó el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio,
durante el funeral del cardenal español celebrado el viernes 13 de agosto por
la mañana en el altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana.
Al destacar los
rasgos de su carácter y personalidad, el Cardenal Re recordó a Martínez Somalo
como un "hombre pacífico por temperamento, bondadoso y acogedor, dotado de
una aguda inteligencia para captar el núcleo de los problemas y de una gran
capacidad para evaluar a las personas y los acontecimientos". Se
"entregó mucho a la Iglesia y colaboró con siete pontífices romanos, a los
que amaba y con los que siempre actuó en estrecha unión".
En su homilía,
el Decano del Colegio Cardenalicio hizo un recorrido por las principales etapas
de la vida del cardenal, nacido en 1927 en la localidad española de Baños de
Río Tobía, ordenado sacerdote en 1954 y trasladado unos meses después a Roma
para asistir a la Pontificia Academia Eclesiástica. En 1956, Martínez Somalo
entró en el "papel diplomático de la Santa Sede", comenzando su
servicio en la Secretaría de Estado en la sección de lengua española -de la que
llegó a ser jefe unos años más tarde- y trabajando al mismo tiempo como
profesor de español en la misma Academia Eclesiástica.
A principios de
1970 fue nombrado consejero de la Delegación Apostólica en Gran Bretaña; pero
-recuerda Re- su "alejamiento de Roma duró sólo unos meses, porque en
octubre de ese año fue llamado de nuevo al Vaticano como asesor de la
Secretaría de Estado", convirtiéndose así en colaborador directo del
entonces sustituto, el arzobispo Giovanni Benelli. En 1975, Pablo VI lo nombró
nuncio apostólico en Colombia, elevándolo a la dignidad de arzobispo. Había
elegido como lema episcopal "Caritas et veritas": dos palabras
-señaló el cardenal decano- que "le han guiado durante toda su vida y han
dirigido su obra".
En mayo de
1979, Juan Pablo II "quiso que fuera su estrecho colaborador y lo nombró
sustituto de la Secretaría de Estado, cargo que ocupó durante nueve años con
gran sintonía de pensamiento y acción con el Papa, procurando llevar a cabo sus
indicaciones y proyectos apostólicos". El cardenal Re recordó, en
particular, que tras el atentado contra el Papa Wojtyła el 13 de mayo de 1981,
el sustituto Martínez Somalo de la oficina de la Secretaría de Estado "se
dirigió inmediatamente al Hospital Gemelli y permaneció allí hasta que el Papa
se despertó tras la larga operación". En los días siguientes "pasó
una hora diaria con el Papa".
Durante el
período en que fue sustituto "no aceptó otros compromisos para estar
completamente a disposición del Santo Padre, con espíritu de servicio y con el
deseo de estar cerca de él y de ayudarle". Pero en los años anteriores
-subrayó el decano- también llevó a cabo "siempre y con entusiasmo un
intenso ministerio pastoral, dedicándose de manera particular al mundo del
sufrimiento y encontrando tiempo a pesar de sus pesados compromisos de
oficina".
En 1988 fue
nombrado prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos y recibió la púrpura cardenalicia. Cuatro años más tarde fue
nombrado jefe del Departamento de Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de
Vida Apostólica.
El cardenal Re
destacó la "gran confianza" que depositó en él Juan Pablo II, hasta
el punto de que lo envió como representante en numerosos eventos eclesiales
internacionales, y luego le confió el cargo de camarlengo de la Santa Iglesia
Romana. Así, "desde el momento del fallecimiento del difunto Juan Pablo II
y mientras duró la Sede vacante, desempeñó su delicada función con gran
competencia y sabiduría", adhiriéndose fielmente a las disposiciones de la
constitución apostólica Universi Dominici Gregis.
Sin embargo, a
partir de los 85 años, "la energía que le caracterizaba empezó a decaer y
ya no le permitía ni siquiera salir de casa". Pero "en su casa seguía
los acontecimientos de la Iglesia con lucidez y participación", llevando "una
vida regular y alegre, gracias a la atenta y válida asistencia de las Hermanas
Misioneras de Jesús Sacerdote Eterno, que le prestaban un servicio
verdaderamente grande y que asistían a su misa por la mañana y también rezaban
con él largamente durante el día".
Asimismo, el cardenal
decano aseguró que cuando lo visitaba, se admiraba de su serenidad,
tranquilidad y abandono confiado en Dios. Al final de sus conversaciones, el
purpurado repetía a menudo una jaculatoria: "Confío en Ti, Jesús, porque
lo puedes todo; confío en Ti porque lo sabes todo; confío en Ti, Jesús, porque
me amas a pesar de todo". Y subrayaba especialmente la expresión "a
pesar de todo".
Hace unos tres
meses, recordó Re, "la situación clínica" empezó a empeorar, hasta el
punto de que tuvo que ser hospitalizado durante unos diez días. Luego regresó a
su casa en el Vaticano, donde recibió "toda la asistencia y los cuidados
necesarios". El Papa Francisco "lo visitó y le llevó su consuelo y
bendición hace una semana". Por su parte, el cardenal aceptó "su
lenta pero inexorable decadencia con pleno abandono a la voluntad de Dios,
sostenido y reanimado por la gran esperanza cristiana", expresando
"palabras de gratitud a sus hermanas y a quienes generosamente hicieron lo
posible por asistirlo".
El decano del
Colegio Cardenalicio concluyó que el "testimonio de amor a Cristo" y
el "arraigado sensus Ecclesiae" que deja el cardenal Martínez Somalo
son "una herencia que hay que conservar". De ahí la esperanza de que
"en el cielo Dios le conceda la alegría y la paz que se ha ganado con su
alegre e incansable dedicación al servicio del Papa y de la Iglesia".
L'Osservatore
Romano
