Todo cambia
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Con tantos
cambios como hemos tenido en el monasterio, no había tenido tiempo de limpiar
el acuario de los peces. Los pobres han aguantado el tirón, pero ya era pura
necesidad, pues los cristales se habían llenado de algas, el filtro corría el
riesgo de atascarse… y realmente los que peligraban eran los peces.
Así que ya al
fin me detuve a darles una buena limpieza. Ya solo con los cristales parecía
nueva… ¡cómo cambia! Se veía el agua cristalina. Hasta las monjas se dieron
cuenta de que estaban diferentes.
La oración es
donde Jesús nos regala unos ojos nuevos para que veamos la realidad sin el
tamiz de las algas. Las algas son esas cosas que día a día van enturbiando
nuestra mirada, nuestra capacidad de disfrutar, de asombrarnos con las cosas
pequeñas.
Pero ese trato
con el Señor, en ese diálogo con Él, nos regala Su mirada, nos muestra que lo
que Él ve en nosotros es mucho más bonito que el mejor sueño que hayamos
tenido, y que la vida misma es más amable de lo que nos imaginábamos.
Cuando el Señor
nos cambia la mirada, quedamos transformados por completo, porque, si la
realidad es mucho más bonita de lo que yo la percibía, entonces quiero disfrutarla,
y comienzas a ser más alegre, a ver cosas que antes no percibías de los demás,
así como nuevas oportunidades para entregarte y para amar.
“La lámpara del
cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz” (Mt 6, 22).
Hoy el reto del
amor es sentarte un rato y dialogar con el Señor. Pídele unos ojos nuevos para
poder ver cada acontecimiento de tu vida con Su mirada. Ábrete a Su Luz y cree
más en Su versión de tu vida que en la que tú mismo tenías de ti. ¡Él te llama
a ser feliz!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
Fuente:
Dominicas de Lerma
