La visita a una catedral es una ocasión formidable para descubrir tesoros de arte, arquitectura, historia... y Eucaristía
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| Shutterstock | Alexandros Michailidis |
“En los países
religiosos, la catedral es el sitio más adornado, más rico, más dorado, más
florido; es en donde la sombra es más fresca y la paz más profunda.” Theophile
Gautier («Viaje por España», 1840).
La catedral es
la iglesia donde tiene cátedra el obispo, es decir uno de los sucesores de los
mismos apóstoles. Es el templo más extraordinario de todos y el lugar donde
cada día nos encontramos con Dios en el sacramento de la Eucaristía. Aunque
casi siempre han pasado siglos desde su construcción, sigue siendo un
distintivo de muchas ciudades. Pero, ¿por qué se construyeron las
catedrales? ¿Por qué era necesario tanto esfuerzo en levantar una obra tan
grande? Quizás estas sean algunas de las preguntas que se harían unos niños
delante de una catedral.
Lo primero que
llama la atención a un niño cuando le llevas a visitar una catedral es que es
sublime y muy alta. Pero, ¿saben qué es realmente una catedral? ¿Cuál era
su función?
La catedral es
la iglesia principal
de una diócesis y el lugar desde donde el obispo ejerce su misión.
Antiguamente,
la construcción de una catedral aglutinaba a los maestros más importantes en
las diversas artes. En ellas se conserva arte religioso de todos los
tiempos. La catedral no solo tenía una función religiosa sino que era un centro
de actividades. Las procesiones recorrían sus majestuosas naves, el arte y la
música ensalzaban el culto solemne amenizado por los monumentales órganos y el
imponente coro.
La liturgia y
la grandiosa arquitectura de una catedral eleva los ojos del hombre a Dios.
Pero, ¿cómo
podemos explicar una catedral a los niños?
Una catedral
cuenta historias muy importantes para nosotros. Hoy en día, son espacios
museísticos con culto litúrgico pero que carecen de la ebullición con la que
contaban cuando fueron diseñadas.
Mirar la
fachada
Como ya he
comentado, quizá la cosa que más llame la atención de los niños sea el
tamaño de la fachada de la catedral. Pararse unos minutos para contemplar
la grandeza del edificio siempre es atractivo. Podemos explicarles que cuanto
más alta es una catedral, más cerca del Cielo estará su cumbre. Además, puede
resultar interesante comparar el tamaño con otros monumentos y establecer
rankings.
Una bonita idea
cuando disponemos de un poco de tiempo, es llevar un cuaderno y pinturas.
Si es posible, los niños pueden dibujar la fachada principal o algunos de los
elementos que más llamen su atención. Este ejercicio de observación les hará
saborear más los detalles particulares de su riqueza arquitectónica.
Una buena
práctica es buscar entre todos algún elemento particular de sus fachadas ¡Todo
un éxito! Por ejemplo: número de gárgolas, personajes de la fachada, colores de
la piedra empleada…
Podemos
ambientarles en la época histórica hablándoles del bullicio que
rodeaba a una catedral, su barrio. El palacio del obispo, la escuela de
los niños que formaban parte del coro, artesanos, maestros y arquitectos. Puede
resultar interesante relatarles como las catedrales hacían uso de una avanzada
arquitectura y servían como escuela de formación a los maestros menos
experimentados.
Elementos
curiosos
Funciona muy
bien ir descubriendo la catedral a través de sus elementos e historias más
curiosas. Por ejemplo: buscar marcas de cantería, personajes importantes
enterrados en la catedral, cuadros singulares, pavimentaciones particulares,
capiteles…
Algo que les
suele llamar mucho la atención son las vidrieras y rosetones, por sus
vivos colores y la luminosidad. Pueden dibujarlas, intentar descifrar las
historias que en ellas se cuentan…
Lo más valioso
Pero sobre todo
no olvidemos recalcar a los niños que las catedrales son un valioso tesoro
que conservamos, por su valor histórico, artístico, simbólico y humano como
parte de la imagen de las sociedades que las levantaron. Sin olvidar que la
realidad de estos edificios es mucho más fascinante que su arquitectura o sus
historias. Pues todavía, después de cientos y miles de años, bajo su
excepcional arquitectura son templos del tesoro de la Eucaristía.
Miriam
Esteban Benito
Fuente: Aleteia
