La capilla de San José de Toledo es, por devoción de Santa Teresa que había establecido aquí su quinta fundación, el primer templo de la cristiandad dedicado a San José.
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| Pintura realizada por El Greco de un joven San José con el Niño Jesús |
El pintor, que llevaba décadas en la ciudad, sorprendiendo en sus
pinturas por su hondura teológica y profundidad espiritual, encontró la oportunidad de
glorificar a San José, con mucha valentía, rompiendo para siempre moldes
iconográficos, y creando la primera obra de la historia del arte español que
festeja a san José, lo ensalza y lo encumbra en su justo lugar.
La primera novedad, revolucionaria, es la juventud de José, que
aparece representado con grandiosa figura estilizada: fuerte, apuesto, gallardo, guapo.
Novedoso, porque hasta entonces José, en las escenas del Nacimiento del niño, aparecía anciano, encorvado y apoyado sobre un bastón. La Virginidad de María quedaba así reforzada y más que garantizada. En los iconos bizantinos aparecía apartado, soportando las insidias de Satanás que al oído le susurraba, tentador, comentarios improcedentes.
En las tablas del gótico flamenco, había
ido a buscar luz y aparecía en la cueva de Belén, tarde, despistado, con una
vela o un candil en la mano, y se encontraba con un niño ya nacido, con lo que
su nula participación en el divino suceso, quedaba fuera de duda. Como mucho,
podía encontrarse en su taller de carpintero construyendo una ratonera, imagen
de la trampa en la que estaba a punto de caer el Maligno tras la obra del
Salvador, cuya infancia está apenas iniciándose.
Pero lo habitual, era su papel de actor secundario, y su función de tapadera
para la obra del Espíritu Santo.
¿Qué pasó
entonces para que el anciano se convirtiera en un joven robusto, firme y
atractivo? ¿Cómo redescubrió la Iglesia las virtudes de quien hubo de
acoger a la Reina del Cielo en cinta, protegerla junto a su recién nacido de
poderosos enemigos, vivir la desdicha de exilio y la experiencia amarga del
emigrante en tierra extranjera, regir un hogar en Nazaret, ganar el pan y
asumir las cargas del trabajo y los sinsabores de la vida, y sobre todo educar
en lo humano y lo divino?
Hacía dos siglos que teólogos y santos habían ahondado en su
persona. Ya era momento de revisar su imagen. La ocasión se presentó a raíz del
Concilio de Trento, cuando la Iglesia recomendó a los pintores abandonar las
legendarias historias medievales, supersticiones y leyendas, para volver sus
ojos a la Escritura.
Johannes Molanus en su De Picturis et Imaginibus Sacris,
de 1570, ofreció instrucciones precisas a los artistas: San José no deberá
mostrarse ya como figura decrépita, sino como joven, de cuerpo vigoroso y
carácter firme en su gobierno y cuidado de la Sagrada Familia.
Y aquí tenemos a este padre corpulento, de figura estilizada, que
camina en contraposto hacia delante, apoyado en el cayado de pastor, fundido en
un abrazo con el Niño, envuelto por el manto amarillento, que potencia la
sensación de acogida, calor y refugio.
Su túnica se recorta sobre celajes de cielos plomizos, luces
espectrales de tormenta y efectos fosforescentes, sobre la silueta de Toledo. Sobre la oscuridad ha brillado su
gloria, los cielos se abren y un estallido de gloria angélica lo cubre.
Pero he aquí que José tiene una misión: el Niño Jesús, vestido a la moda cortesana, de rojo,
figura de su pasión, camina hacia al Padre y se esconde en su regazo
protector, mientras nos mira para mostrarnos el camino que ha de seguir nuestra
alma.
El niño
acude a José, porque un peligro inminente le espera delante: el amor
hasta derramar la sangre, pero como buen Padre, no solo lo recibe con gesto
protector, sino que lo guía con suavidad, sin detener el paso, lanzándole al
mundo, a su misión.
Y en el sumun de la glorificación, por esto si fuera poco, al igual que María es
coronada en el cielo, los ángeles también acudirán revoloteando, con escorzos
imposibles, para coronar a San José. Con corona de laurel por ser maestro y
doctor, nos aclara el maestro Gracián, porque conversó con Cristo 30 años; con
vara de lirio blanco por su virginidad y con rosas blancas y rosas, por el amor
inmenso que mostró a su Hijo y a su Madre.
Un Simposio en Toledo con
San José, el 19 y 20 de junio
El 19 y 20 de junio, el Seminario San Ildefonso, en Toledo, acoge
el Simposio "Id a José", en formato presencial, con plazas limitadas, incluyendo un
evento literario-musical en la pinacoteca de la Sacristía de la Catedral de
Toledo.
Entre los temas tratados: la devoción de Teresa de Ávila por San José; San José y la
figura paterna; San José como patrono de la Buena Muerte (por el Dr.
Martínez Sellés), San José
como modelo de discípulo; misa de clausura con el arzobispo emérito
Braulio Rodríguez; organizado por el Instituto San Ildefonso y el Instituto del
Corazón de Cristo.
Pilar
Gordillo
Fuente: ReL
