IMPRIMIR EN ALTA CALIDAD
Ayer tenía que sublimar unas camisetas. Hice el diseño en el ordenador y, al imprimirlo, me di cuenta de que el color negro salía muy claro. Pensé que, si lo sublimaba así en la camiseta, quedaría gris, y fui a preguntarle a una hermana. Me explicó que era porque lo había enviado a imprimir en calidad estándar, y necesitaba calidad alta. Así que lo volví a imprimir con calidad alta y, ahora sí, salía el color negro intenso.
Mientras subía a sublimarlo donde está la máquina, le
preguntaba al Señor la diferencia en nuestra vida entre estándar y alta.
Aparentemente, la impresión sale en las dos calidades, la diferencia es la
tinta, es la nitidez.
Me daba cuenta de que empezamos el día en estándar:
nos levantamos, desayunamos, nos arreglamos, nos vamos al trabajo, al colegio,
a la compra… y vamos pasando el día entre unas cosas y otras.
Pero, durante nuestra jornada, tenemos momentos y vivimos
situaciones donde tendríamos que vivir en alta calidad. Por ejemplo, puedes
recibir una llamada de teléfono de una persona que necesita que la escuches,
entonces… tienes que imprimir en alta calidad. Quizás un compañero de trabajo
te pide que le ayudes, o te dan una noticia que no entiendes por qué ha
ocurrido esa situación… en todo ello tienes que vivir en alta calidad.
Tu fe, esperanza y caridad se tienen que poner en
marcha, porque tu día no lo puedes vivir sin más. El Señor te invita a vivirlo
en plenitud, a poner fe en ese acontecimiento que no entiendes, a escuchar con
amor esa llamada, a dar esperanza al que no sabe qué hacer.
Durante el día encontrarás muchos momentos donde
podrás vivir con intensidad tu vida de cristiano. Donde podrás apostar, una y
otra vez, por el amor. Así llegará la noche, te sentarás en tu cama y darás
gracias al Señor por haber vivido el día y no haber dejado que el día te
viviera. Porque para ser feliz tienes que imprimir en alta calidad.
Hoy el reto del amor es secundar dos momentos donde
tengas que imprimir en alta calidad: escucha a esa persona que lo necesita,
alivia un poco su soledad.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
