“He llorado de dolor y he sentido miedo. Me he perdido y me he encontrado. En el Camino vi mi vocación como sacerdote", narra el presbítero de la archidiócesis de Madrid
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| Javier Peño |
"Hasta
agosto de 2020, fecha en que completé el Camino desde Roncesvalles (a pesar del Covid-19) mis piernas han
caminado 7000 kilómetros en peregrinación a Santiago; kilómetros
que me han cambiado la vida y la han orientado de un modo
decisivo hacia Dios", afirma.
Confiesa
su experiencia al caminar en tiempos de Coronavirus en el que nunca
pensó que "fuera tan especial. El dolor, el milagrito
de la sanación, Evan y Cristian, a los que si no fuera por la lesión y por el
día perdido sobre el plan inicial, no habría conocido, y, finalmente, el
consuelo y el gozo que acabo de intentar expresar (si acaso es posible) en mi segunda
llegada a Santiago. ¡Ah! Y una promesa que, si se cumple,
me obligará a tomar mi mochila en 2022 desde Saint Jean Pied du Port. Solo Dios
sabe qué pasará".
Catorce historias
En
este libro, Peño presenta el testimonio de catorce historias en
el que sus protagonistas transmiten el valor, el tesón y la fuerza que
deportistas con discapacidad, técnicos deportivos y sus entornos familiares
demuestran día a día a través de sus vivencias y experiencias. Con sus logros,
tanto deportivos como personales, reclaman el sitio que merecen dentro de la
sociedad y eliminan las barreras que les separan -casi siempre más mentales que
arquitectónicas- de su plena inclusión.
"En el Camino
de Santiago he llorado de dolor y he sentido miedo, pero he reído
mucho más con una alegría profunda, y, en cierto sentido, inexplicable. Me he
perdido y me he encontrado. Aprendí a no quejarme y perseverar en el cansancio
y el hartazgo. Aprendí lo que es la gratuidad de un modo nuevo. Fui
evangelizado y he visto milagros físicos y espirituales (si es que acaso se
pueden separar). En el Camino de Santiago me encontré
con Dios y vi mi vocación como sacerdote. Experiencias,
anécdotas, reflexiones, historia, paisajes... todo sirve para descubrir a Dios
si entendemos Su lenguaje y sabemos cómo. Porque allí todo nos habla de Él,
pues el Camino es una gran metáfora de la gran peregrinación del ser humano
hacia el Cielo", testimonia el sacerdote.
"Dios puso en mi corazón la
certeza"
Peño
escribe el libro como invitación para abrir "tu corazón a Dios, antes
o después de hacer el Camino, y que puedas experimentar su cercanía en el
camino de la vida".
El
joven presbítero cuenta cómo vio su vocación: "Casi once años después de aquel día
fui ordenado sacerdote en la catedral de la Almudena. Pero
fue también en el Camino de Santiago donde el Señor me hizo ver que me quería
presbítero. El 4 de diciembre de 2010 es una fecha imborrable para mí: subiendo
a O Cebreiro bajo la nieve, Dios puso en mi corazón la certeza de que me quería
para algo diferente al matrimonio que yo había pensado para mi vida. Y aquella
misma tarde, rezando ante las reliquias del milagro eucarístico que allí se
conservan, lo vi claro por primera vez: sacerdote. Meses después, tras
discernirlo con mi director espiritual, entraba en el seminario".
Sentir la fragilidad de la vida
Javier Peño relata
que el Camino de Santiago "tiene mucho de la esta eucarística en la que
realmente nos partimos, en la que de algún modo nos dejamos llagar.
Es altamente probable que te salgan ampollas o heridas a los largo de la
ruta, que tengas momentos de cansancio físico o psicológico que
parezca partirte. Pero es ahí donde uno se entrega de nuevo en pos del objetivo:
llegar a Santiago, y llegando a Santiago, cumplir esa promesa, hacer esa
intercesión...en definitiva, completar esa intención de amor por la que
comenzaste a peregrinar".
Para
é, el Camino de Santiago "es un momento privilegiado para
sentir la fragilidad de nuestra vida. Física, mental, la
que sea… ¡hay tantas! Pero, precisamente por eso, es una oportunidad
inmejorable de volvernos a Dios y comprender que no hay otros brazos mejores que
los suyos para sentirnos protegidos. Convirtamos los momentos
de flaqueza, así como cada tentación que podamos tener en nuestra vida, en
ocasiones de decirle que sí al Señor, de reafirmar nuestra fe en Él. ¡Convierte
tus obstáculos en oportunidades! ».
El
sacerdote de la archidiócesis de Madrid escribe que la vida y
muerte del Apóstol "han de servir de acicate al
peregrino para un cambio de vida. Un cambio que
signifique, ya no tanto un giro radical, que pocas veces es necesario, pero
sí una disposición clara de seguir a Cristo, aprovechando
la experiencia de la peregrinación".
Fuente: ReligionConfidencial
