La pandemia que está asolando todos los rincones del mundo también afecta al terreno religioso, y son abundantes los casos de jóvenes de la “Generación Covid” que han encontrado su vocación a lo largo de los últimos meses.
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| Hermanas Dominicas. Dominio público |
Una infancia cerca de la fe
Genevieve
creció en una familia profundamente católica. “Ir a misa y rezar juntos me ayudó a abrazar personalmente la fe”.
También influyeron “mis padres, que siempre han sido un ejemplo de amor y
entrega, y nos enviaban a mis hermanas y a mí a eventos organizados por
religiosas” desde la infancia.
La
joven valora como una bendición
haber recibido una educación católica. “Tuve la suerte de asistir a Sant
Mary´s Catholic High School,
donde encontré amigos católicos y profundicé en la fe con los sacramentos y la
doctrina que nos enseñaban”, cuenta.
Unas
monjas “nos daban clase de
teología y nos contaban sus historias de vocación”. Esto impactó a Genevieve,
que sintió “una profunda convicción de que necesitaba encontrar” la suya, “y
comencé a rezar para conocer la voluntad de Dios”.
“Nunca
más feliz” que rezando en Lourdes
Ver a su hermana mayor
encontrarse con el Señor y discernir su vocación motivó aún más la inquietud
de la estudiante. “Su sí a Jesús profundizó mi deseo de encontrar el mismo gozo
que ella en la vida religiosa”, pero a medida que avanzaba en sus estudios, desechó la idea pensando lo
extraño que sería que Dios llamase a dos hermanas a la vez.
Sin
embargo, durante su último año en la escuela, un viaje a Lourdes “tuvo un gran impacto en mi fe”. Cuenta
que “una noche, las hermanas nos llevaron a la gruta a rezar, me arrodillé, y
supe que nunca había sido más feliz que en aquel momento. Lourdes aumentó mi
vocación, pero no me di cuenta en ese momento”.
No podía ignorar la llamada
Genevieve quería ir a una prestigiosa universidad católica.
Estaba emocionada cuando visitaba el centro, pero sentía que “algo no estaba
bien. Estudiantes católicos, buenos programas, amigos que estudiarían
allí…faltaba algo”.
“Comencé
a asistir a misa diaria y aumenté mi oración, pidiendo a Dios para hacer lo
correcto. `Solo quiero hacer Tu voluntad, renunciaré a esta vida si me lo pides, pero necesito que me
lo muestres´”, rezaba.
“El
día de la Virgen de Lourdes, pedí ayuda a María. Al acostarme, sentí un
presentimiento y pensé: `¿Qué pasaría si yo debiese ser monja y lo hubiese
ignorado todo este tiempo?´. Desde ese momento, decidí que discerniría mi vocación”.
“Dios tenía otros planes”
“Al
día siguiente, escuchamos las historias de vocación de algunas hermanas que
estaban en la escuela, y cuando nos íbamos, me dijeron que la hermana Mercedes quería hablar
conmigo”.
“Fui
a su despacho y me invitó a ir al retiro de discernimiento en marzo de 2020”, recuerda. “Tenía
una imagen perfecta en mi cabeza de cómo sería todo. Iba a misa diaria, tenía
más vida de oración, me preparaba para ir a un retiro… Estaba convencida de
que, con todo eso, Dios me daría la gracia de conocer Su voluntad”. Pero una
vez más, “Dios tenía otros planes”.
Y llegó la pandemia
Era
marzo, y “con la llegada del
Covid, se canceló el retiro. Me sentía perdida, no sabía a qué me llamaba
Dios, y se cancelaron la misa y la escuela”, cuenta. “Decidí frecuentar la adoración, y
acabé yendo casi todos los días. Era el momento más incierto de mi vida, y a la
vez fue una de las mayores bendiciones que jamás he recibido”.
“Mi
alma se refugió en la tranquilidad de la capilla, y me enamoré de Jesús. Una
noche, me di cuenta de que Dios
me estaba ofreciendo todo lo que siempre había soñado en la vida
religiosa y experimenté a Jesús invitándome: `ven y sígueme´”.
“Me entregué por completo a Su plan”,
explica, “incluso si eso significaba renunciar a cosas por Él. Solo quería
estar con Jesús, y supe que si me llamaba a la vida religiosa, sería con las
Hermanas Dominicas de María”, donde también está su hermana mayor.
El miedo se convirtió en algo pequeño
Hablando
con la hermana Mercedes, “le conté todos los miedos que hacían que elegir la universidad pareciese más fácil,
pero me dijo que no podía dejar que el miedo controlara mi decisión, y me habló
de la paz y el gozo que sigue a actuar según el llamado de Dios”.
Genevieve
sabía que “no tenía excusa para
decir que no, y si lo hacía, me arrepentiría para siempre”. A la
mañana siguiente, llamó a la hermana Joseph Andrew y pidió hacer la solicitud.
“El miedo no desapareció, pero se convirtió en algo pequeño e insignificante”,
confesó.
Todas las piezas encajaban
Entonces
“me di cuenta de cómo cada gracia que Dios me ha dado era una preparación para
el momento en que conocí cuál era mi vocación, que era la pieza que faltaba para completar el rompecabezas de
mi vida”.
Genevieve
fue aceptada para ingresar
en las Hermanas Dominicas el 22 de agosto, después de la eucaristía.
“Experimenté
una plenitud de gozo que
solo Dios puede dar cuando hacemos su voluntad. Sin el Covid, no sé dónde estaría en
este momento. Aunque todo parezca incierto y haya motivos para temer, si le
entregamos ese miedo a Dios, Él traerá algo mejor de lo que jamás podríamos
imaginar” concluye Genevieve, ya formando parte de las Hermanas junto con otras
17 jóvenes postulantes.
J. M. Carrera
Fuente: ReL
