Sorprendida “in fraganti”
Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
-¡¡¡Sor
Anaaaaa...!!! -gimoteé, poniendo cara de circunstancias.
-¿Qué
pasa? -preguntó ella, visiblemente preocupada.
Me eché las manos a la cabeza, trasmitiéndole mi
desesperación:
-¡¡Un desastre sin precedentes!! ¡¡¡Una catástrofe de
magnitudes cósmicas!!!
-Ah,
bueno... entonces me dejas mucho más tranquila -contestó con una sonrisa de lo
más relajada.
Ante semejante respuesta... ¡¡no pude evitar reírme!! Claro que había arruinado mi dramatización, ¡pero me encantó ver cómo me conoce para saber que no era nada serio!
Además, el motivo del “drama” era que faltaba uno de mis ingredientes “imprescindibles” en la cocina... pero resulta que sor Ana ya se había dado cuenta, ¡y tenía más en la despensa! ¡Antes de que llegara a pedírselo!
Lo cierto es que me sentí completamente “al descubierto”, conocida... ¡y querida!
Curiosamente, en la Biblia el verbo “conocer” es sinónimo de “amar”. En efecto, Cristo conoce todo de ti. Él sabe bien de tus dones y cualidades, ¡pues fue Él quien las diseñó en ti! Y también es consciente de tus fallos, de tus debilidades... Todo esta presente a sus ojos.
Y conociendo absolutamente todo de ti... te ama.
Cristo nunca dirá que “no sabía lo que hacía” al elegirte. Lo sabe. Y, con todo, apuesta por ti.
El Señor conoce tu verdad, más aún que tú mismo. Su amor no depende de lo bueno o malo que hagas. Te ama porque eres tú. Su amor es infinito e incondicional. Por eso podemos presentarnos ante Él como somos, sin máscaras, ¡pues no va a asustarse ni a escandalizarse! ¡Qué bueno es estar con Alguien que, conociéndote, te ama!
Hoy el reto del amor es mostrar tu corazón a Cristo. Te invito a que, en tu rato de oración, le cuentes a Jesús lo que llevas en tu interior, esa o esa preocupación, ese trabajo o aquel imprevisto... Cuéntale cómo estás, lo que sientes... ¡sin miedo ni maquillaje! Disfruta sabiendo que, estés como estés, ¡su amor por ti no cambia!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
