La valenciana Amparo Portilla Crespo, madre de 11 hijos, falleció en Madrid víctima de cáncer al pulmón en 1996, cuando tenía 71 años de edad.
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| Amparo y Federico con sus 6 primeros hijos |
Ahora, al cumplirse 20 años de
iniciarse la causa, el Papa ha aprobado el decreto que la declara Venerable por
haber ejercido las virtudes cristianas en un grado heroico. Ya sólo se necesita
un milagro por su intercesión para que pueda ser declarada beata.
Amparo
Portilla nació en 1925, la mayor de cuatro hermanos. A los 12 años de edad, perdió a su padre, encarcelado y
asesinado en 1937 durante la Guerra Civil. A los 18 se le impuso la
medalla de Hija de María en su colegio del Sagrado Corazón en Godella. Estudió Magisterio y
Puericultura e impulsó la catequesis en la parroquia de la Santa Cruz,
especialmente entre niños marginados por su pobreza.
Una familia numerosa en Madrid
A
los 25 años, casada con Federico Romero, se mudó a Madrid y se volcó en su
familia cada vez más numerosa, como "trabajadora infatigable, siempre
alegre y generosa, dando a los demás permanente ejemplo de vida cristiana”. Tuvieron 11 hijos y no les
faltaron las penurias económicas.
También
buscaba volcarse con "los más desprotegidos, pobres, enfermos o apartados
de Dios", según los promotores de su beatificación.
Su
familia destaca que siempre
intentaba hablar bien de la gente, excusar a todos y tener algo bueno
que poder decir de ellos. En cierta ocasión, hablando de una persona que no
estaba quedando muy bien retratada, dijo,
quizá con mentalidad de maestra: "¡Pero de pequeña pintaba muy
bien!". La frase se hizo famosa entre sus conocidos: un esfuerzo
por hablar bien de los demás.
Una precursora del Movimiento Familiar
Cristiano
En
Madrid llegaría a ser líder
nacional de la Obra Apostólica Familiar, un movimiento católico
familiarista que en 1966 se refundaría, junto con otros, en el actual Movimiento
Familiar Cristiano. Participaba en programas de televisión
hablando de la vida familiar y matrimonial.
De
1994 a 1996, enferma de
cáncer de pulmón, dio ejemplo de fe, entereza y lo ofreció como instrumento
para crecer en cercanía con Dios, ella y los que la acompañaban. Incluso al
ir agravándose su estado seguía interesada en los problemas de los demás, e
incluso en los acontecimientos sociales y mundiales. Primero le quitaron un
pulmón. Luego empeoró. Quimioterapia, radioterapia, ocho broncoscopias,
radiocirugía por metástasis cerebral... su entereza y alegría cristiana forman
parte de las virtudes cristianas que la Iglesia reconoce.
Murió
en su casa en la madrugada del 10 de mayo de 1996 “mirando en sus últimos días
una imagen de Virgen de los Desamparados y dejando en todos los que la
conocieron su profunda y auténtica vida cristiana”. Su cuerpo descansa en la
Cripta de la Almudena en Madrid.
P. J. Ginés
Fuente: ReL
