Para volver a pintar...
Estamos
restaurando una ventana de madera; la pintura está muy deteriorada. No se puede
echar otro color o barniz encima, hay que hacer el laborioso trabajo de
“decapar” para volver a pintar. ¡Y a ello nos pusimos!
La ventana
puede tener unos 100 años. Probamos con lija, probamos con un cepillo... y,
finalmente, echamos un producto preparado para decapar. Lo extiendes con una
brocha y, al cabo de un rato, la pintura se arruga, se va desprendiendo y se va
retirando con una espátula.
Pero no es tan
fácil: hay zonas en las que hay que repetir el proceso dos o tres veces y luego
rematar con la lijadora. Así vuelve a su ser, a su color natural, y es entonces
cuando se puede barnizar o volver a pintar.
Me daba cuenta
de que, a lo largo de los años, van pintando sobre nosotros capas y más capas
las vivencias, las personas, los acontecimientos.
¿Quieres
descubrir tu verdadero color? ¿Ser tú mismo? Sé de Cristo. El Señor te ama como
eres, te ha creado así y con esa madera, con tu color; solo tienes que dejar
que Él quite todas las capas de pintura para que puedas descubrir quién eres en
Él.
Y en Cristo
eres libre, porque el motor no es el “qué dirán”; el motor es el Amor, y todo
es diferente, porque no temerás mostrar tu madera “decapada”, tal como es,
porque es una madera amada.
Hoy el reto del
amor es que no tengas miedo a ser tu mismo. Cuando sientas vivir desde una de
las capas de pintura, mira a Cristo y haz lo que te pone en el corazón.
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
