A toda luz
En el
Monasterio hay muchas salas y pasillos que tienen dos interruptores de luz, lo
que se conoce como “luces conmutadas”. Al ser sitios tan grandes, es muy
práctico, pues puedes encender y apagar las luces si tener que pasear tanto.
Sin embargo,
también tiene un inconveniente: de vez en cuando vas a encender la luz... ¡y no
funciona!
Personalmente,
no tardo ni un instante en llegar a la terrible conclusión: “¡¡No me lo puedo
creer!! ¡Otra bombilla que se ha fundido!”.
Pero, al pasar
poco después, ¡me encuentro la bombilla luciendo para otra hermana como si
nada!
A fuerza de repetirse la escena, ya he descubierto el misterio: lo que sucede es que hay veces que uno de los dos interruptores se queda sin cerrar del todo, no hace bien el contacto... y, por mucho que acciones el otro interruptor, la bombilla no luce.
Hoy, en la
oración, no he podido evitar ponerme a orar con esto. Porque... ¿cuál es el
interruptor que hace que la Semana Santa se llene de luz?
Este año,
muchos “interruptores” estarán bloqueados, sin hacer contacto: procesiones
suspendidas, encuentros de Adoración anulados, restricciones de aforo...
Es verdad, nos
enfrentamos a otra “Semana Santa diferente”. Pero algo es seguro: con Cristo,
cualquier momento, por difícil o extraño que sea, es momento de gracia. Mucho
más esta Semana.
Todos esos
“interruptores” nos ayudan, y este año los echaremos de menos... pero no son el
interruptor clave. El interruptor fundamental, el que llena de luz estos
días... es el Amor.
Y el primer
interruptor, el que se encuentra en el corazón de Cristo, está activado. Toda
su Pasión no es más que un grito “apasionado”: “Te amo más que a mi vida...”.
No nos salva el sufrimiento. Nos salva el amor.
Su interruptor
está encendido, pero esta Semana también tiene la luz “conmutada”. ¡Y el otro
interruptor está en tu corazón!
Hoy el reto del
amor es dejar que el interruptor de tu corazón esté activo. Pídele al Señor que
tu corazón no se bloquee con restricciones y cambios: ¡Él quiere obrar
maravillas en ti! Pon en Sus manos los próximos días, y pídele que su Amor
“haga contacto” (¡y nunca mejor dicho!) en tu corazón. ¡Que tu Semana Santa se
llene de luz!
VIVE DE CRISTO
