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Todo comenzó en la década de 1920 en San Giovanni
Rotondo, donde vivía el Padre Pío. Giovanni Siena conoció por primera vez al
místico capuchino durante su primera comunión en 1928. Tenía 8 años por
entonces. Tras haber trabajado en las minas, luego como docente y periodista,
terminó por unirse al equipo de la clínica para personas necesitadas fundada
por el Padre Pío, la Casa
Sollievo della Sofferenza, donde se cruzó de nuevo con el padre
capuchino.
«Un buen
joven»
Como Paola residía también en San Giovanni
Rotondo, veía con frecuencia al místico. Convencida de que su vocación se
encontraba en el matrimonio, la joven pidió consejo un día al Padre Pío: “Pero
¿cuál es tu deseo profundo?”, le preguntó el capuchino. Paola le respondió que
quería fundar una familia, que le encantaban los niños y que soñaba con tener
los suyos propios. “Entonces, recemos para que Dios te permita conocer a un
buen joven”, concluyó el místico, y le dio algunos consejos: confesarse
regularmente y comulgar todos los días.
Algún tiempo después, Paola descubrió que un tal
Giovanni tenía mucho interés en ella. Se lo encontraba de vez en cuando en el
entorno del futuro santo. Cuando convinieron prometerse al cabo de unos meses,
decidieron rezar juntos diariamente y confiar a Dios su futuro matrimonio.
El 27 de agosto de 1950,
durante una misa celebrada a las 5 de la mañana, el religioso les dio el
sacramento del matrimonio. Emocionado, Pío repitió al final de la
ceremonia este anhelo: “¡Sed felices, sed felices, sed felices!”.
La receta
del Padre Pío
Cuando llevaban casados solamente algunos meses,
Paola y Giovanni descubrieron que no podían tener hijos: Paola
padecía infertilidad.
El Padre Pío, que seguía acompañando a la pareja, les prometió rezar todos los
días el pequeño rosario al “Sagrado Corazón de Jesús” y le dijo a Giovanni que
lo contara en su libro Il mio amico Padre Pio: “Ya verás, tendrás
tantos hijos como hay coros de ángeles”.
Con
sorprendente rapidez, una pequeña les nació el 24 de julio de 1951. Sin
embargo, cayó gravemente enferma y, según los médicos, no tenía ninguna
posibilidad de sobrevivir. La desesperada pareja pidió entonces al Padre Pío
que rezara por su hija a punto de morir. Él les tranquilizó en seguida: su hija
no moriría y viviría mucho tiempo. Y la niña sanó.
Después de este “milagro”, Giovanni y Paola
permanecerían aún más cercanos al místico, hasta su muerte en 1968.
Se confesaban con él,
rezaban con él y le pedían regularmente consejo en relación al matrimonio, a la
educación de sus nueve hijos y a las preocupaciones cotidianas.
Paola dijo un día: “Después de sesenta años de matrimonio,
puedo decir que la receta del Padre Pío, esta
oración al ‘Sagrado Corazón de Jesús’, funciona. Giovanni y yo nos
queremos como el primer día”.
Anna Gebalska-Berekets
Fuente:
Aleteia
