El cuerpo quemado de su abuelo
"estaba completamente desnudo. Completamente, a excepción de su
Escapulario del Carmen", relata el nieto Kevin Di Camillo
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| Kevin Di Camillo |
Son muchos los dones de la gracia
divina mediados durante siglos por la fe y devoción de los fieles a un
centenario sacramental: el escapulario de la Virgen del Carmen, que la
propia Virgen María confió a San Simón Stock el 16 de julio de 1251. Hoy
sus devotos se cuentan por millones en todos los países evangelizados.
Una de estas historias extraordinarias la protagonizó
un humilde pastor de ovejas italiano, que mientras cuidaba de su rebaño en
las montañas le sorprendió una fuerte tormenta y un rayo le alcanzó de lleno.
Otros pastores lo encontraron completamente calcinado y desnudo, a excepción
del escapulario que llevaba encima. De manera milagrosa logró
sobrevivir y hacer una vida normal que él siempre achacó a la amorosa
protección de la Virgen a través de aquel escapulario que quedó intacto.
La historia de este pastor italiano la cuenta Kevin Di
Camillo (en imagen abajo), bisnieto del protagonista de este hecho excepcional
y ahora profesor de literatura inglesa en la Universidad de Niágara. En un
artículo publicado en su blog del National Catholic Register -que ha traducido al español el portal Cari Filii-, recuerda que este bisabuelo materno, pastor en la región
de los Abruzzos, era una persona pobre, como todos quienes desempeñaban este
trabajo.
En esta región llevaban a las ovejas a pastar en grupos de
tres o cuatro pastores a la vez. Pero no podía haber demasiadas ovejas juntas
en un solo lugar ya que acabarían comiéndose toda la hierba. De modo
que los pastores se desplegaban en abanico, siempre en movimiento para
evitar “minar la hierba”.
Al estar dispersos, los pastores se comunicaban con
silbidos. Cada uno de ellos tenía un silbido propio, distintivo para
hacerse reconocer por los demás. Así se aseguraban de que todos estuvieran
bien. Únicamente se juntaban para comer y finalmente para volver a casa.
Así relata el bisnieto la historia familiar heredada: “Un día
mientras los pastores vigilaban sus rebaños se desató una violenta
tormenta: lluvias torrenciales, relámpagos y truenos sacudiendo los
valles. Esto naturalmente asustó a las ovejas, ya que los animales tienen un
sexto sentido para estos fenómenos naturales. Se dispersaron en busca de
refugio, lo que hizo que el trabajo de mi bisabuelo fuera mucho más difícil
exactamente en el punto en el que necesitaba calma y ‘refugiarse en un lugar’
hasta que pasara la tormenta”.
Una vez que pasó el temporal, como era costumbre, los
pastores se silbaron para asegurarse de que todos estaban bien. Todos
silbaron excepto uno: su bisabuelo. En ese momento, sus compañeros
comenzaron su búsqueda y siguieron silbando, esperando que contestara.
Pero no llegaba respuesta. “Cuando finalmente encontraron a mi bisabuelo
tendido en el suelo, había algunos hechos evidentes: primero, había sido
alcanzado por un rayo, ya que todo su cuerpo estaba carbonizado. En segundo
lugar, los clavos de las suelas de sus botas habían salido disparados por la
fuerza de la electricidad que lo había atravesado. En tercer lugar, su cuerpo
quemado estaba completamente desnudo. Completamente, a excepción de su
Escapulario del Carmen”, relata Kevin Di Camillo.
Pese al horroroso aspecto que presentaba estaba vivo. Así, su
bisnieto cuenta que “los otros pastores lo llevaron al pueblo donde mi
bisabuela y las esposas de los otros pastores le aplicaron una cataplasma de
claras de huevo para ayudarle con las quemaduras de todo el cuerpo”.
En esta región llevaban a las ovejas a pastar en grupos de
tres o cuatro pastores a la vez. Pero no podía haber demasiadas ovejas juntas
en un solo lugar ya que acabarían comiéndose toda la hierba. De modo
que los pastores se desplegaban en abanico, siempre en movimiento para
evitar “minar la hierba”.
Al estar dispersos, los pastores se comunicaban con
silbidos. Cada uno de ellos tenía un silbido propio, distintivo para
hacerse reconocer por los demás. Así se aseguraban de que todos estuvieran
bien. Únicamente se juntaban para comer y finalmente para volver a casa.
Así relata el bisnieto la historia familiar heredada: “Un día
mientras los pastores vigilaban sus rebaños se desató una violenta
tormenta: lluvias torrenciales, relámpagos y truenos sacudiendo los
valles. Esto naturalmente asustó a las ovejas, ya que los animales tienen un
sexto sentido para estos fenómenos naturales. Se dispersaron en busca de
refugio, lo que hizo que el trabajo de mi bisabuelo fuera mucho más difícil
exactamente en el punto en el que necesitaba calma y ‘refugiarse en un lugar’
hasta que pasara la tormenta”.
Una vez que pasó el temporal, como era costumbre, los
pastores se silbaron para asegurarse de que todos estaban bien. Todos
silbaron excepto uno: su bisabuelo. En ese momento, sus compañeros
comenzaron su búsqueda y siguieron silbando, esperando que contestara.
Pero no llegaba respuesta. “Cuando finalmente encontraron a mi bisabuelo
tendido en el suelo, había algunos hechos evidentes: primero, había sido
alcanzado por un rayo, ya que todo su cuerpo estaba carbonizado. En segundo
lugar, los clavos de las suelas de sus botas habían salido disparados por la
fuerza de la electricidad que lo había atravesado. En tercer lugar, su cuerpo
quemado estaba completamente desnudo. Completamente, a excepción de su
Escapulario del Carmen”, relata Kevin Di Camillo.
Pese al horroroso aspecto que presentaba estaba vivo. Así, su
bisnieto cuenta que “los otros pastores lo llevaron al pueblo donde mi
bisabuela y las esposas de los otros pastores le aplicaron una cataplasma de
claras de huevo para ayudarle con las quemaduras de todo el cuerpo”.
“El bisabuelo estaba vivo, lo cual ya fue una especie de
milagro. Pero a veces los milagros también van acompañados de signos. Y el
hecho de que su Escapulario permaneciera intacto y sin quemar fue señal de un
milagro”, afirma convencido Di Camillo.
“Esto no es más que un cuento”, pueden protestar algunos
sobre esta historia. Sin embargo, el bisnieto explica que su abuelo “se
recuperó por completo (o al menos tan completamente como fue posible dado que
no había ningún tratamiento médico real), y atestiguó que efectivamente había
sido alcanzado por un rayo atribuyendo su salvación al Señor
misericordioso a través de la intercesión de María”.
Pero además –prosigue Kevin Di Camillo- “a diferencia de
muchos otros parientes, el bisabuelo nunca emigró a los Estados Unidos, donde
podría haber contado esta historia en la mesa durante las reuniones familiares.
Más bien, la historia en sí cruzó el océano gracias a sus parientes que
fueron edificados por él”.
Reflexionando sobre la historia de su bisabuelo, Di Camillo
cree que “así es como nos presentaremos ante el juez misericordioso en nuestro
día del juicio, que puede golpear a cualquiera de nosotros en cualquier momento
como un rayo: desnudos, pero con la ayuda de María (en este caso, a través
del uso del escapulario del Monte Carmelo)”.
Fuente: Portaluz