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| Familia Caletrio Simón. Dominio público |
Dos años después, son ya cuatro los hijos
de Jesús y Julia, que pese a tener tan sólo 33 años evangelizan mostrando la belleza de la familia y el testimonio
cristiano.
El choque cultural entre España y
Corea del Sur es enorme, no menos que el que se da entre Cáceres y Seúl.
Son vidas y culturas opuestas, pero en ambos lugares existe una necesidad de
Dios en un mundo cada vez más secularizado e individualista.
Las
diferencias con España
Uno
de los grandes problemas en Corea del Sur la baja natalidad está haciendo
estragos: el índice de fertilidad no llega al hijo por mujer, es de 0,87, lo
que lleva sumiendo al país desde hace tiempo en un grave invierno demográfico.
“No
son capaces de entender cómo nosotros somos capaces de vivir así siendo tan
jóvenes (33 años), se interrogan, preguntan y nuestra forma de catequizar es
esa”, apunta Julia.
El
idioma es una dura barrera aunque en este tiempo han avanzado sobremanera,
aunque más complicado es encontrar empleo allí. “Hemos estado muy centrados en aprender la lengua y en las
tareas como misioneros, hemos apelado a algunas ofertas de trabajo, pero de
momento es complicado”, agrega.
Personas
concretas les ayudan, y también reciben algo por parte de la diócesis. “No hay lujos pero no nos falta de
nada”, reconocen.
Además, allí los
colegios son caros y ellos no han podido optar a ayudas, así que se ofrecieron
a colaborar con el centro como una forma de compensar los gastos. La exigencia
del sistema educativo es una de las características de Corea del Sur, que
despunta en la encuesta PISA de calidad educativa. “Solamente puede haber un 10 en la clase, hay mucha
competitividad y también un alto índice de suicidio por no llegar a los límites
que se marcan”. Por ahora sus hijos disfrutan de la calma de una escuela
con método Montessori gracias al que “visitan el bosque tres días a la semana”.
Igualmente,
la Sanidad poco se parece a la de España, por en Corea es privada y funciona a
través de seguros. Hace apenas mes y medio fue madre allí. A la complicación
con el idioma –tuvieron que hacerle un dibujo para explicarle que el bebé traía
una vuelta de cordón umbilical al cuello– se sumaron los distintos protocolos
hospitalarios, como compartir habitación con otras seis mujeres o que aíslen a los
niños de sus padres y los agrupen en nidos. Julia cuenta asombrada que las
coreanas, después de dar a luz, pasan un mes y medio en un hospital en donde
les proporcionan cuidados especiales y atienden a sus bebés. “Debió de parecerles inconcebible
que yo me volviera a casa a los dos días a cuidar además a otros tres niños”, cuenta
Julia.
Pero
no todo es choque cultural, hay cosas que les convencen. "Hacer cualquier trámite es muy
rápido, no hay que esperar". También valoran los transportes. A
pesar de la escasez de niños los parques son cómodos y hasta tienen calefacción
para hacer frente al duro invierno. Siempre hay ocio para ellos, y eso les
gusta.
Lo de
volver no lo contemplan por ahora. "El año pasado estuvimos en Plasencia y
en Cáceres en Navidad y la verdad es que estuvimos muy felices y muy arropados,
pero nos dimos cuenta que nuestro
sitio no estaba en España y, al regresar, nos afianzamos con más fuerza a
Corea", concluyen tajantes.
Fuente: ReL
