¿Marcas eternas?
Tenía unas gafas que aglutinaban
en sus cristales toda clase de recuerdos: una gota de esmalte, un pequeño
golpe... huellas digitales... Puedes pensar...¡madre mía! Pero yo estaba
acostumbrada a las manchas, convivía con ellas, y ya, aunque limpiase los
cristales, siempre había alguna marca que permanecía.
Hace unos meses me cambiaron de
gafas; imagina cómo noté la diferencia. Todo se veía con claridad, era tan
diferente... que decidí firmemente cuidarlas cada día. Y, aunque yo no he
cambiado (pues sigo llevándolas conmigo a cada aventura), por la noche las dejo
en la mesilla junto a un paño; al despertarme las limpio y... ¡a empezar el día!
Antes de que Cristo entrase en mi
vida, pensaba que era normal convivir con la incertidumbre, con la inquietud,
ver a las personas a mi manera, mirar con mi mirada... Cuando te encuentras con
Cristo te cambian de gafas, pues vives desde el Amor y la confianza; te cambia
la mirada.
Hoy el reto del amor es que no
camines con las manchas de ayer en las gafas, con todo aquello que marcó los
“cristales” de tu corazón. Si algo te preocupa, si algo te hace empezar el día
de mal humor, sin ganas, con tristeza... para, deja tus gafas a los pies de
Cristo, entrégale aquello que te ha marcado y deja que Él lo lleve, muera y
resucite por ello. Con Cristo a tu lado, cada día, cada hora, cada minuto... es
una nueva oportunidad.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
