“Cada uno de nosotros nos convertimos en lo que elegimos, para bien o para mal”
El Papa en su homilía, dirigiéndose a los jóvenes del mundo, les pidió que no renuncien a “los sueños grandes. No nos contentemos con lo que es debido. El Señor no quiere que recortemos los horizontes, no nos quiere aparcados al margen de la vida, sino en movimiento hacia metas altas, con alegría y audacia.
Para realizar grandes sueños se
necesitan grandes decisiones
Y para realizar esos grandes
sueños, el Santo Padre aconsejó a los jóvenes que deben tener grandes decisiones.
Y de esto habla el Evangelio de hoy. En el momento del “juicio final el Señor
se basa en las decisiones que tomamos. Casi parece que no juzga: separa las
ovejas de las cabras, pero ser buenos o malos depende de nosotros. Él sólo
deduce las consecuencias de nuestras decisiones, las pone de manifiesto y las
respeta”.
De manera que la vida de cada
uno, “la vida, dijo, es el tiempo de las decisiones firmes, fundamentales,
eternas. Elecciones banales conducen a una vida banal, elecciones grandes hacen
grande la vida”.
Cada uno de nosotros nos
convertimos en lo que elegimos
En efecto, cada uno de nosotros
nos convertimos en lo que elegimos, para bien y para mal. “Si elegimos robar
nos volvemos ladrones, si elegimos pensar en nosotros mismos nos volvemos egoístas,
si elegimos odiar nos volvemos furibundos, si elegimos pasar horas delante del
móvil nos volvemos dependientes”. Pero si optamos por Dios, si elegimos a Dios,
“nos volvemos cada día más amados y si elegimos amar nos volvemos felices”.
Porque como afirmó el Papa la “belleza de las decisiones depende del amor.
Jesús sabe que si vivimos cerrados e indiferentes nos quedamos paralizados,
pero si nos gastamos por los demás nos hacemos libres. El Señor de la vida nos
quiere llenos de vida y nos da el secreto de la vida: esta se posee solamente
entregándola”.
Cualquier decisión tiene sus
obstáculos
Pero cualquier decisión que
tomemos, tiene sus obstáculos, que las convierte en arduas las elecciones, y
estos son: el miedo, la inseguridad, los porqués sin respuesta. Sin embargo,
para superar estos obstáculos, Francisco afirmó que “el amor nos pide que
vayamos más allá, que no nos quedemos sujetos a los porqués de la vida,
esperando que llegue una respuesta del Cielo. No, el amor nos impulsa a pasar
de los porqués al para quién, del por qué vivo al para quién vivo, del por qué
me pasa esto al para quién puedo hacer el bien. ¿Para quién? No sólo para mí
mismo: la vida ya está llena de decisiones que tomamos mirando nuestro
beneficio, para tener un título de estudios, amigos, una casa, para satisfacer
los propios pasatiempos e intereses. Pero corremos el riesgo de que pasen los
años pensando en nosotros mismos sin comenzar a amar. Manzoni nos da un hermoso
consejo: «Se debería pensar más en hacer el bien que en estar bien; y así se
acabaría estando mejor» (Los novios, cap. XXXVIII)”.
Y en este siglo 21, a los
obstáculos anteriores para alcanzar esos grandes sueños, se unen la fiebre del
consumo, que “narcotiza el corazón con cosas superfluas. Se encuentra la
obsesión por la diversión, que parece el único modo para evadir los problemas,
y en cambio sólo pospone los problemas”. En estos tiempos, el Papa dijo que hay
una fijación en la reclamación de los propios derechos, olvidando el deber de
ayudar. Otro obstáculo es la gran ilusión sobre el amor, que parece algo que
“hay que vivir a fuerza de emociones y de “me gusta”, cuando amar es sobre
todo: don, elección y sacrificio. Elegir, especialmente hoy, es no dejarse
domesticar por la homogeneización, es no dejarse anestesiar por los mecanismos
de consumo que desactivan la originalidad, es saber renunciar al aparentar y al
mostrarse. Elegir la vida es luchar contra la mentalidad del usar y tirar y del
todo y rápido, para conducir la existencia hacia la meta del Cielo, hacia los
sueños de Dios”.
En vez de decirnos qué me apetece
hacer, decir qué me hace bien
Muchas elecciones surgen cada día
en el corazón. El Papa da otro consejo más a sus jóvenes, un último consejo
para que se “entrenen a elegir bien. Si nos miramos dentro, vemos que a menudo
nacen en nosotros dos preguntas distintas. Una es: ¿Qué me apetece hacer? Es
una pregunta que con frecuencia engaña, porque insinúa que lo importante es
pensar en uno mismo y seguir todos los deseos e impulsos que uno tiene. Sin
embargo, la pregunta que el Espíritu Santo sugiere al corazón es otra: no ¿qué
me apetece hacer?, sino ¿qué te hace bien? Aquí está la elección de cada día:
¿Qué quiero hacer o qué me hace bien? De esta búsqueda interior pueden nacer
elecciones banales o elecciones de vida. Miremos a Jesús, pidámosle la valentía
de elegir lo que nos hace bien, para seguir sus huellas en el camino del amor,
y encontrar la alegría”.
Obras de misericordia que
transforman nuestra vida
En su homilía, el Papa
refiriéndose al Evangelio del día de San Mateo, habló de la lista de “los dones
que el Señor nos entrega, los dones que desea para las bodas eternas con
nosotros en el Cielo”. Jesús, “antes de entregarnos su amor en la cruz, nos
deja su última voluntad. Nos dice que el bien que hagamos a uno de sus hermanos
más pequeños —hambrientos, sedientos, extranjeros, pobres, enfermos,
encarcelados— se lo haremos a Él”.
Son las obras de misericordia,
que transforman nuestra vida en eternidad. El Papa dijo que cada uno de
nosotros puede preguntarse: ¿Las pongo en práctica? ¿Hago algo por quien lo
necesita? ¿O hago el bien sólo a los seres queridos y a los amigos? ¿Ayudo al
que no me puede devolver? ¿Soy amigo de un pobre?, porque en cada uno de
nuestros hermanos, aquellos que más nos necesitan, allí está Él, Jesús.
“Yo estoy ahí”, te dice Jesús, “te espero ahí, donde no imaginas y donde
quizás ni siquiera quieres mirar, ahí en los pobres”.
“Yo estoy ahí, donde el
pensamiento dominante —según el cual la vida va bien si me va bien a mí— no
muestra interés. Yo estoy ahí, dice Jesús también a ti, joven que buscas
realizar los sueños de la vida.”
Un joven santo, cuyo carisma es
siempre actual
Y recordando la conversión de San
Martín de Tours, el Pontífice siguió su homilía: “Yo estoy ahí, le dijo Jesús a
un joven soldado hace algunos siglos. Tenía dieciocho años y todavía no estaba
bautizado. Un día vio a un pobre que pedía ayuda a la gente, pero no la recibía
porque «todos pasaban de largo». Y aquel joven, «comprendió que, si los demás
no tenían compasión, era porque el pobre le estaba reservado a él». Pero no
tenía nada consigo, sólo su capa militar. Entonces la rasgó por la mitad y dio
una mitad al pobre, sufriendo las burlas de algunos a su alrededor. La noche
siguiente tuvo un sueño: vio a Jesús, vestido con el trozo de la capa con que
había cubierto al pobre. Y lo escuchó decir: «Martín me has cubierto
con este vestido» San Martín era un joven que tuvo aquel sueño porque lo había
vivido, aun sin saberlo, como los justos del Evangelio de hoy”.
La JMJ diocesana en el día de la
Solemnidad de Cristo Rey
Al final de la misa, en el
momento del pasaje de la cruz de la JMJ se anunció que a partir de ahora, la JMJ
diocesana, en vez de celebrarse el Domingo de Ramos, se celebrará en la
Solemnidad de Cristo Rey.
Palabras del Papa dirigiéndose a
la juventud del mundo:
Al final de esta celebración
eucarística, saludo cordialmente a todos los presentes y a todos los que nos
siguen a través de los medios de comunicación. Dirijo un saludo especial a los
jóvenes de Panamá y Portugal, representados por las dos delegaciones que en
breve harán el significativo gesto del paso de la Cruz y del icono de la Virgen
María, Salus Populi Romani, símbolos de las Jornadas Mundiales de la
Juventud. Es un paso importante en la peregrinación que nos llevará a Lisboa en
el año 2023.
Y mientras nos preparamos para la
próxima jornada intercontinental de la JMJ, también me gustaría relanzar su
celebración en las Iglesias locales. Treinta y cinco años más tarde de la
creación de la JMJ, después de haber escuchado diferentes opiniones y al
Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, competente en la pastoral
juvenil, he decidido trasladar la celebración diocesana de la JMJ del Domingo
de Ramos al Domingo de Cristo Rey, a partir del próximo año. En el centro
permanece el Misterio de Jesucristo Redentor del hombre, como siempre evidenció
san Juan Pablo II, iniciador y patrono de la JMJ.
Queridos jóvenes: ¡Griten con sus
vidas que Cristo vive y reina! ¡Si ustedes callan, las piedras gritarán!
(cf. Lc 19,40).
Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano
Vatican News
