El más letal de los pecados
Hace un par de semanas, estaba
tranquilamente en mi celda, cuando, de pronto... ¡zas! Una bombilla de mi
lámpara se fundió.
¡No imaginas la sensación! Al
anochecer tan pronto, fuera ya estaba oscuro. Es cierto que mi lámpara tiene
tres bombillas, así que no me quedé “atrapada en las tinieblas de Egipto”,
¡pero hay que ver cómo se nota una bombilla menos!
Sin embargo, para cambiar la
bombilla tengo que traer una escalera, hacer títeres en mi celda... y el asunto
quedó aplazado “para cuando tenga un rato libre”. Imagina el resto...
Pues eso, que ahí sigue fundida.
El problema es que, hace dos días... ¡zas! ¡¡Otra bombilla decidió dejar de
lucir!! Lo curioso es que, esta vez, aunque solo me queda una bombilla, ya no
he notado tanto la diferencia. En el fondo, me he acostumbrado a tener menos
luz... ¡¡Horror!! Acabo de descubrir que... ¡¡me he acostumbrado a la
oscuridad!! Hoy mismo voy a por la escalera...
Hoy es Cristo Rey. Me impresiona
mucho que, a pesar de ser dueño de todo, ¡el Señor no deja de asombrarse! Al
terminar la Creación, dijo que todo era “muy bueno”, pero aún hay otro detalle
más: siempre que vemos en el Evangelio a Jesús tomar pan, aparecen expresiones
como “alzó los ojos al Cielo”, “pronunció la bendición”, “dio gracias”... Y,
precisamente, decidió quedarse entre nosotros en el Pan, en la Eucaristía, ¡que
significa “acción de gracias”!
Lo que más me gusta es que,
cuando Él dio gracias en aquella cena con los de Emaús, a los dos discípulos
“se les abrieron los ojos”, ¡¡y volvió a nacer el asombro!! Qué forma tan
bonita y delicada del Señor de decirnos que, para abrir los ojos, basta con dar
gracias...
Hoy el reto del amor es dar
gracias. ¿Te has planteado lo maravilloso que es saberse hijo de Dios, heredero
del Cielo? ¿Cuándo fue la última vez que diste gracias a Cristo, el Rey del
Universo, por elegirte, por caminar a tu lado? ¿Y por tu familia, tus
amigos...? ¡¡Tienes miles de motivos para dar gracias!! Así pues, ¡nada de
acostumbrarse! ¡Que se enciendan todas las luces de tu corazón! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
