"Francisco ve, repara mi casa que, como ves, está en ruinas." Estas fueron las palabras que empujaron al joven Francisco y que son un llamado especial para cada uno de nosotros
En su video mensaje a los jóvenes participantes en la economía
de Francisco, en primer lugar, el Papa les agradeció por estar presentes
en este encuentro, “por todo el trabajo que han hecho, por todo el compromiso
de estos meses, a pesar de los cambios de planes”, sobre todo dijo porque no se
desanimaron, al contrario, el Pontífice alabó el “el nivel de reflexión, la
calidad, la seriedad y la responsabilidad” con la que los jóvenes trabajaron,
no dejaron de lado nada que les de “alegría, les preocupe, indigne e impulse a
cambiar”.
La vocación de Asís
"Francisco ve, repara mi casa que, como ves, está en ruinas." Estas fueron las palabras que empujaron al joven Francisco y que son un llamado especial para cada uno de nosotros. El Papa expresó a los jóvenes su satisfacción, al saber que aceptaron inmediatamente esta invitación, porque, afirmó, “son capaces de ver, analizar y experimentar que no podemos seguir así: el nivel de adhesión, inscripción y participación en este pacto, lo ha demostrado claramente. “Ustedes manifiestan una especial sensibilidad y preocupación por identificar los temas cruciales que nos desafían. Lo han hecho desde una perspectiva particular: la economía, que es su campo de investigación, estudio y trabajo.
Saben que es urgente una
narrativa económica diferente capaz de tomar nota responsablemente del hecho de
que "el sistema mundial actual es insostenible desde diferentes puntos de
vista" y afecta a nuestra hermana tierra, tan maltratada y despojada, y al
mismo tiempo a los más pobres y excluidos. Van de la mano: despojas la tierra y
hay muchos pobres excluidos. Son los primeros afectados y también los primeros
olvidados”, dijo.
El Papa dijo a los
jóvenes que no son un "ruido" superficial y transitorio que puede
dormirse y narcotizarse con el tiempo. Están llamados a que hagan un impacto
concreto en sus ciudades y universidades, en el trabajo y los sindicatos, en
las empresas y movimientos, en las oficinas públicas y privadas con
inteligencia, compromiso y convicción, para llegar al núcleo y al corazón donde
se elaboran y deciden los temas y paradigmas. La gravedad de la situación
actual, que la pandemia de Covid ha hecho aún más evidente, exige una toma de
conciencia responsable de todos los actores sociales, de todos nosotros, entre
los cuales ustedes, les afirmó, tienen un papel primordial: las consecuencias
de nuestras acciones y decisiones les afectarán personalmente, por lo que no
pueden permanecer fuera de los lugares donde se genera el presente y el futuro.
O están involucrados o la historia pasará sobre ustedes.
“Sed sagaces como
serpientes y sencillos como palomas”
Recordando
las palabras de San Pablo VI: "El desarrollo no se reduce a un mero
crecimiento económico. Para que sea un desarrollo auténtico debe ser integral,
lo que significa que debe estar dirigido a la promoción de cada hombre y de
todo el hombre. [...] cada hombre y todos los hombres. No aceptamos separar lo
económico de lo humano, el desarrollo de la civilización donde se inserta. Lo
que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada grupo de hombres,
hasta el punto de comprender a toda la humanidad".
Al respecto, Francisco dijo que muchos jóvenes “tendrán la oportunidad de actuar e influir en las decisiones macroeconómicas, donde el destino de muchas naciones está en juego. Estos escenarios también necesitan personas preparadas, "sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. " (Mt 10:16), capaces de "velar por el desarrollo sostenible de los países y evitar la asfixiante sumisión de estos países a sistemas de crédito que, lejos de promover el progreso, someten a sus poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia".
Los sistemas de crédito son por sí solos
un camino hacia la pobreza y la dependencia, señaló. Esta legítima protesta
exige el estímulo y el acompañamiento de un modelo de solidaridad internacional
que reconozca y respete la interdependencia entre las naciones y
favorezca mecanismos de control capaces de evitar cualquier tipo de sumisión,
así como de velar por la promoción de los países más desfavorecidos y en
desarrollo; cada pueblo está llamado a hacerse autor de su propio destino y del
de todo el mundo.
Ser buenos
samaritanos
“Hoy nos
enfrentamos a una gran oportunidad de expresar nuestro ser hermanos, de ser
otros buenos samaritanos que asumen el dolor del fracaso, en lugar de fomentar
el odio y el resentimiento". Un futuro imprevisible está ya en
gestación, recordó el Papa, cada uno de estos jóvenes puede hacer mucho desde
su trabajo, donde les toca tomar decisiones. El Santo Padre les aconsejó no
escoger los atajos, que seducen e impiden que se mezclen para ser levadura allí
donde están, deben “ensuciarse las manos. Después de la crisis sanitaria que
estamos atravesando, la peor reacción sería caer aún más en un consumismo
febril y en nuevas formas de autoprotección egoísta. No olviden que de una
crisis nunca salimos igual: salimos mejor o peor. Cultivemos lo que es bueno,
aprovechemos la oportunidad y pongámonos todos al servicio del bien común”.
Los alentó
además a no temer a involucrarse y tocar las almas de las ciudades con la
mirada de Jesús; “no teman morar valientemente en los conflictos y encrucijadas
de la historia para ungirlos con el aroma de las Bienaventuranzas. No teman,
porque nadie se salva solo. Nadie se salva a sí mismo”. Recordó a los jóvenes,
procedentes de 115 países, que nos “ necesitamos unos a otros para dar vida a
esta cultura económica, capaz de hacer germinar sueños, suscitar profecías y
visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, envolver heridas,
tejer relaciones, para resucitar un amanecer de esperanza, para aprender unos
de otros, para crear una imagen positiva que ilumine las mentes, caliente los
corazones, devuelva la fuerza a las manos e inspire a los jóvenes - a todos los
jóvenes, sin excluir a nadie - la visión de un futuro lleno de la alegría del
Evangelio".
Una
nueva cultura
El Santo Padre dijo que aunque si necesitamos un cambio, surge el problema cuando nos damos cuenta de que, “para muchas de las dificultades que nos persiguen, no tenemos respuestas adecuadas e inclusivas; por el contrario, sufrimos una fragmentación en el análisis y el diagnóstico que termina bloqueando toda posible solución. Después de todo, carecemos de la cultura necesaria para permitir y estimular la apertura de diferentes visiones, basadas en un tipo de pensamiento, un tipo de política, un tipo de programas educativos, y también carecemos de una espiritualidad que no nos deje encerrados por una sola lógica dominante. Si hay una necesidad urgente de encontrar respuestas, es indispensable crecer y apoyar a grupos líderes capaces de desarrollar la cultura, iniciando procesos, trazando caminos, ampliando horizontes, creando pertenencia...
Todo esfuerzo para
administrar, cuidar y mejorar nuestra casa común, para que este esfuerzo sea
significativo, requiere cambiar "los estilos de vida, los modelos de
producción y consumo, las estructuras consolidadas de poder que hoy rigen la
sociedad". Para ello se necesitan grupos de liderazgo comunitario e
institucional que puedan asumir los problemas sin permanecer prisioneros de
ellos y de sus propias insatisfacciones, y así desafiar la sumisión -a menudo
inconscientemente- a ciertas lógicas (ideológicas) que terminan justificando y
paralizando toda acción frente a la injusticia.
En estos meses, los jóvenes empresarios tocaron 12 temas que reflexionaron, debatieron, discutieron e identificaron formas practicables. “Experimentaron, dijo Francisco, la tan necesaria cultura del encuentro, que es lo opuesto a la cultura del desperdicio, que está de moda. Y esta cultura del encuentro permite que muchas voces estén alrededor de la misma mesa para dialogar, pensar, discutir y crear, desde una perspectiva multifacética, las diferentes dimensiones y respuestas a los problemas globales que afectan a nuestros pueblos y democracias. Y exclamó cuán difícil es avanzar hacia soluciones reales cuando se ha desacreditado, calumniado y descontextualizado al interlocutor que no piensa como nosotros. Esta es “una forma de defenderse cobardemente de las decisiones que tendría que tomar para resolver tantos problemas”.
Este ejercicio de encontrarse más allá de
todas las diferencias legítimas es el paso fundamental para cualquier
transformación que ayude a dar vida a una nueva mentalidad cultural y, por lo
tanto, económica, política y social; porque no será posible dedicarse a grandes
cosas sólo según una perspectiva teórica o individual sin un espíritu que lo
anime, sin unas motivaciones internas que le den sentido, sin una pertenencia y
un arraigo que dé aliento a la acción personal y comunitaria.
El
Pacto de Asís
"No podemos permitirnos seguir posponiendo ciertos asuntos. Esta enorme e imperativa tarea requiere un compromiso generoso en la esfera cultural, en la formación académica y en la investigación científica, sin perderse en modas intelectuales o posturas ideológicas que son islas, que nos aíslan de la vida y el sufrimiento concreto del pueblo". Con estas palabras el Papa les dijo a los jóvenes economistas, empresarios, trabajadores y líderes empresariales, que ha llegado el momento de atreverse a correr el riesgo de favorecer y estimular modelos de desarrollo, progreso y sostenibilidad en los que las "personas, y especialmente los excluidos (y entre ellos también la tierra hermana), dejen de ser -en el mejor de los casos- una presencia meramente nominal, técnica o funcional para convertirse en protagonistas de sus vidas como de todo el tejido social. Esto no es algo nominal: están los pobres, los excluidos... que su presencia no sea nominal, ni técnica, ni funcional".
Es hora,
afirmó, de convertirse en protagonistas de su vida como de todo el tejido
social. "No pensemos por ellos, pensemos con ellos: recordemos el legado
del iluminismo, de la Ilustración, de las elites ilustradas. Todo para el
pueblo, nada con el pueblo. Y eso no funciona. No pensemos por ellos, pensemos
con ellos. Y de ellos aprendamos a avanzar en modelos económicos que
beneficiarán a todos, porque el enfoque estructural y de toma de decisiones
estará determinado por el desarrollo humano integral, tan bien elaborado por la
doctrina social de la Iglesia".
La política y la economía no deben "someterse a los dictados y al paradigma eficientista de la tecnocracia"., señaló por útimo y dijo que hoy en día, pensando en el bien común, necesitamos de manera ineludible que la política y la economía, en diálogo, se pongan decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana".
Sin esta centralidad y esta orientación seguiremos
siendo prisioneros de una circularidad alienante que sólo perpetuará las
dinámicas de degradación, exclusión, violencia y polarización: "Todo programa,
elaborado para aumentar la producción, no tiene en última instancia otra razón
que el servicio de la persona. Su función, dijo, es reducir la
desigualdad, combatir la discriminación, liberar al hombre de su servidumbre.
[...] No basta con aumentar la riqueza común para que se distribuya
equitativamente - no, esto no es suficiente - no basta con promover la
tecnología para que la tierra se vuelva más humana para habitar". eso
tampoco es suficiente.
La perspectiva del desarrollo humano
integral es una buena noticia para profetizar y poner en práctica -y no son
sueños: éste es el camino- una buena noticia para profetizar y poner en
práctica porque propone que nos encontremos como humanidad sobre la base de lo
mejor de nosotros mismos: el sueño de Dios de que aprendamos a hacernos cargo
de nuestro hermano y de nuestro hermano más vulnerable (cf. Gn 4:9). "La
medida de la humanidad se determina esencialmente en la relación con el
sufrimiento y el sufriente. Esa medida de humanidad. Esto se aplica tanto al
individuo como a la sociedad"; una medida que también debe encarnarse en
nuestras decisiones y modelos económicos, aseveró por último.
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