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| Reliquias por la canonización de Santa Teresa de Calcuta / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa) |
Para explicar la importancia de esta práctica, CNA
–agencia en inglés del Grupo ACI– entrevistó al custodio de reliquias y
director del ministerio Tesoros
de la Iglesia, P. Carlos Martins, que lleva los restos de varios
santos a Estados Unidos para que sean venerados.
El P. Martins explicó que las reliquias se dividen en
varios tipos, como las de “primera clase” o también llamadas de primer
grado, que son “el cuerpo o los fragmentos del cuerpo de un santo, como carne o
un hueso”.
Indicó que también existen las reliquias de “segunda
clase”, que son “algo que le perteneció al santo como una camisa o un libro
(o los fragmentos de esos objetos)”.
El P. Martins señaló que finalmente están las de “tercera
clase”, que son “los objetos que el santo tocó o que han sido tocados por
una reliquia de primera, segunda u otra de tercera clase”.
El sacerdote aclaró que “cualquier parte del cuerpo
del santo es sagrada y puede ser colocada en un relicario”. También los huesos,
la carne, los cabellos y la sangre son considerados como reliquias.
Respecto a los orígenes de la veneración, el P.
Martins indicó que se remonta al siglo II cuando los cristianos recuperaban los
restos de los mártires, quienes habían sido discípulos fieles de Cristo.
Además, comentó que durante los primeros siglos
también “era tradición construir un templo sobre la tumba de un santo”, como es
el caso de las basílicas de San Pedro y la de San Pablo de Extramuros, donde la
tumba de cada santo está debajo del altar.
El sacerdote destacó que con esta evidencia
arquitectónica se puede confirmar la autenticidad de una reliquia, lo cual es
“críticamente importante”.
Sobre el valor de las reliquias, el P. Martins indicó
que la Biblia “enseña que Dios actúa a través de ellas, especialmente en los
términos de sanación” y resaltó que algunos de estos sucesos se encuentran
narrados en 2 Re 13, 20-21; Mt 9, 20-22; Hch 5, 15; Hch 5, 15; y Hch 19, 11-12.
Asimismo, aclaró que “las reliquias no son mágicas.
No contienen un poder propio, un poder separado de Dios” y dijo que el
Señor las utiliza como un medio para hacer sus milagros porque “quiere dirigir
nuestra atención a los santos como ‘modelos e intercesores’”.
En cuanto a la forma en la que deben ser conservadas,
el sacerdote manifestó que “el mayor honor que puede concederle la Iglesia a
una reliquia es colocarla dentro de un altar, donde se pueda celebrar
la Misa”.
“Esta práctica data desde los primeros siglos de la
Iglesia. De hecho, los sepulcros de los mártires eran los altares más valiosos
para la liturgia. Otra alternativa es colocarlas en un nicho devocional donde
la gente pueda venerarlas. Tales santuarios son importantes porque proporcionan
a la gente una experiencia más profunda de la intimidad con el santo”, agregó.
Por otro lado, indicó que “la Iglesia no prohíbe que
los laicos posean reliquias. Ellos pueden tenerlas en sus casas”. Sin embargo,
dijo que debido a los numerosos abusos perpetrados contra las reliquias –como
la venta o el descuido– “la Iglesia ya no emitirá reliquias a los individuos,
ni siquiera al clero”.
En cuanto a la devoción a las reliquias que se
presentan en las ceremonias de beatificación y canonización, el P. Martins
explicó que antes de que la persona sea beatificada, “la tumba es exhumada y
los restos mortales son recuperados”. Estos pueden ser trasladados a una
iglesia, capilla u oratorio.
Tras la beatificación, la Iglesia Católica “solo
permite la devoción local. Es decir, la devoción en el país en que el individuo
vivió y murió”.
“Cuando la Madre Teresa de Calcuta fue beatificada,
solo en la India y en Albania, donde nació, se permitió su devoción. Por
ejemplo, no se podía celebrar una Misa en su honor en Estados Unidos ni colocar
sus reliquias en los altares de ese país”, destacó.
Luego de la canonización, la Iglesia ya permite “una
devoción universal”.
Traducido y adaptado por María Ximena Rondón.
Publicado originalmente en CNA.
Fuente: ACI Prensa
