Hace ya unos meses te comenté
que, en los pasillos del monasterio, habíamos colocado unos enormes
“cortinajes” fabricados con sábanas viejas. El objetivo era frenar, al menos un
poco, la suciedad de las obras.
Pues bien, los pintores ya han
terminado... ¡y han retirado las enormes “cortinas de sábanas”!
Lo cierto es que, después de
tantísimo tiempo, ya me había acostumbrado a ellas: verlas, esquivarlas al
pasar... Cuando el otro día, al llegar al pasillo, lo encontré totalmente
despejado, ¡fue una sensación increíble!
¡Me parecía inmenso, amplio, que
ensanchaba el alma con solo mirarlo! Sinceramente, la sensación que me dio fue
de libertad.
En estos momentos, es fácil
cubrir los pasillos del alma con enormes cortinas: miedo, tristeza... Nos sale
sin pensar, para defendernos del polvo del día a día. Y puede llegar un momento
en que nos acostumbremos a tener nuestra casa llena de cortinajes.
Sin embargo, ¡eso no es lo que el
Señor sueña para ti! “Para la libertad nos ha liberado Cristo”, dice san Pablo.
Jesús no quiere siervos, ni esclavos, ¡quiere amigos, hijos de Dios!
A Cristo no le asusta que tu
corazón esté lleno de cortinajes, ¡cuenta con ello! Y sabe que esas cortinas
son la ocasión que tienes para volverte a Él y pedirle ayuda. ¡Está deseando
ponerse “manos a la obra”!
Si abres tu corazón al Señor, Él
se encargará de darte su confianza, su amor, y, poco a poco, irá descolgando
esas cortinas... ¡y tu corazón se ensanchará en la libertad que Él te da!
Hoy el reto del amor es
entregarle a Cristo tus cortinas. Pon en sus manos aquello que te preocupa, lo
que te cuesta... Disfruta de la maravilla de poder ponerte ante Jesús sin
máscaras, tal y como eres. Experimenta su amor por ti... ¡y deja que Él siga la
obra! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
