"Sabía
que cada mes habría algo… que me golpearía en la cara y se aplicaría totalmente
a lo que estaba tratando en ese momento de la vida o con mi familia"
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| Tina y su gran familia |
Pero ser madre de
tantos niños tiene también sus momentos de cruz y cuando acudió por primera vez
a una hora santa -cuenta al portal OSV- ya no pudo
dejarlo más. Era el lugar de paz que tanto necesitaba. ¡Y además tenía ante
ella a Dios! ¿Puede acaso haber algo mejor?
Tina lleva
participando de la adoración eucarística más de 12 años y sigue acudiendo a
este encuentro vital a medianoche, los viernes; el mismo día y hora al que se
inscribió en la capilla de adoración perpetua de su parroquia. "Recuerdo
haber entrado en la capilla por primera vez, y haber sido golpeada por la
presencia de Cristo", dice Tina y prosigue... "No he olvidado que
después de esa experiencia hablé con mis amigos sobre ello. 'Escucha, tienes
que hacer esto’, le dije a un amigo que nunca había ido”.
Tina se convirtió a la fe católica después de
casarse. Pero es gracias a los tiempos de adoración -señala- que ha
profundizado y madurado en la fe. En particular, agradece haber pasado cinco
años, ante Jesús Eucaristía, leyendo y meditando el Diario de Santa Faustina
Kowalska, La Divina Misericordia en mi Alma.
“Sabía que cada mes
habría algo en su diario que me golpearía en la cara y se aplicaría totalmente
a lo que estaba tratando en ese momento de la vida o con mi familia”, afirma
Tina, reiterando además que de esta forma la adoración eucarística ha
enriquecido su alma con una “constancia siempre nueva”
“En las luchas de
la vida, Él está ahí. También en las celebraciones de la vida, Él está ahí.
Durante la indecisión y la confusión, Él está ahí. A través de la
reflexión y la satisfacción, Él está ahí. Me ha hecho darme cuenta que así es
como debe ser mi viaje de fe y como debo vivirlo por Él y con Él. Necesito ser
un reflejo de esto. Necesito reflejarlo y ser sus manos y pies aquí en este
mundo, mientras espero verlo en el próximo”.
Fuente:
Portaluz
