La
pequeña zona de confort
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hace
ya algunas semanas una amiga nos trajo unos peces de agua fría para nuestro
acuario.
Fue
todo un exitazo, porque estos son grandes, con colores muy vivos, y además muy
resistentes, por lo que a las monjas les encanta contemplarlos.
Pero
en la pecera había otro pececillo, que era de agua templada y, como necesita
más temperatura, lo tuvimos que cambiar a un acuario más chiquitito para dejar
el espacio grande a los otros.
Aparentemente
todo va bien, es un tamaño perfecto para él, está colocado en buen sitio... sin
embargo, me vengo dando cuenta de que, como ahora está en un lugar más
silencioso y por donde no hay mucho movimiento de monjas, y encima en una
pecera más pequeña, pues se ha vuelto muy asustadizo. Cada vez que me acerco se
sobresalta, y no te cuento nada si le voy a cambiar el agua.
Pero
la verdad es que no ha quedado solo ahí, sino que, al verle, el Señor me regalaba
descubrir que también a nosotros nos sucede igual: que, cuanto más pequeña es
nuestra “zona de confort», más miedosos nos volvemos.
Y
es que es cierto, ahora toca salir de la “zona de confort”, volver a los
trabajos, comenzar las clases, y todo en medio de una gran incertidumbre. Sin
embargo, el miedo a salir de la zona de confort solo se vence con la confianza.
Solo nos libera del miedo la experiencia de que Cristo nos cuida siempre, de
que nada de lo que nos sucede es ajeno a Él, que siempre está a nuestro lado,
viviendo con nosotros todo lo nuestro.
Él
es el único en quien se puede sostener nuestra vida, cada una de nuestras
decisiones, cada momento del día... porque sobre Él estamos seguros. La zona de
confort es algo muy humano y es natural, a mí me sucede muchas veces; sin
embargo, no estamos llamados solo a vivir acomodados en un pequeño “recinto”,
pues esto nos va dejando sin vida, sino que estamos llamados a salir, a abrir
cada vez más nuestra vida y nuestro corazón a los demás.
El
regalo es salir de ahí con Cristo, pues es saberse sostenido por los brazos de
uno que es más fuerte y nos protege. Con la certeza de que Él siempre
transformará todo lo que nos suceda en algo bueno para nosotros.
Hoy
el reto del amor es salir de la zona de confort. Únicamente se trata de hacer
lo que la misma vida te pone por delante; pero, antes, mira a Cristo y
entrégale tu vida en sus manos hasta que puedas salir con el corazón descansado
en Él. Adelante, ¡con Cristo una nueva vida te espera!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
