
Uno de los cuidados básicos de los perros beagle es
el cepillado diario, pues sueltan mucho pelo.
Yo he intentado acostumbrar a nuestra perrita desde
el principio, pero, en cuanto digo: “¡A cepillarse!”, Jubi pone cara de “¡A
cepillar al gato!”... y se da a la fuga por toda la huerta. Imposible cazarla.
Pero el otro día tuve una idea. En cuanto me
encontré con ella, le dije:
-Jubi, ¿quieres ir a saludar a las monjas?
¡Imagina su entusiasmo! Me acompañó haciendo fiesta
a todas las hermanas que vimos... y luego se vino conmigo a donde tengo su
cepillo, mansa como un corderito.
A cepillarse, no... ¡pero a saludar, sí! Jubi odia
el cepillo, pero hace lo que haga falta por estar con la Comunidad.
Hacer las tareas en abstracto, simplemente “porque
hay que hacerlo”, no está mal, pero no llena nuestra alma, se hace pesado.
Nuestro corazón está hecho no para la eficacia, sino para el amor.
Solo el amor puede llenar de sentido cada instante
de tu día. Me impresiona mucho contemplar cómo Cristo, a quien seguían
multitudes (¡los evangelios comentan que a veces estuvieron a punto de
aplastarle!) era capaz de detener su marcha para hablar con un ciego, o para
conversar con un paralítico, o cambiaba los planes de todos para ir a comer a
casa de un publicano llamado Zaqueo...
El deseo de Cristo no es llegar “a todos”; sino
llegar “a cada uno”. Con tu nombre, con tu historia. Simplemente tú. Así de
importante eres para Él.
Al poner nombres detrás de nuestras tareas, ¡el
trabajo y la vida se transforman!
Hoy el reto del amor es poner nombres, ver a las
personas que hay más allá de lo que haces. Te invito a que hoy vivas la jornada
con Cristo y como Cristo. Cuando estés realizando una tarea (en el trabajo, en
casa...), piensa en las personas que van a recibir ese servicio. Ora por ellas,
y, con Cristo, ¡descubrirás el trabajo como una forma de amar! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma