ÁNGELUS: LA FE EN DIOS PIDE RENOVAR CADA DÍA LA ELECCIÓN DEL BIEN
“Con su predicación sobre el Reino de Dios, Jesús se opone a una religiosidad que no involucra la vida humana, que no interpela la conciencia y su responsabilidad frente al bien y al mal”
Ángelus del 27 de septiembre 2020 (Vatican Media)
Comentando el Evangelio del día, Papa
Francisco recordó que Dios es paciente con nosotros y “espera ansiosamente
nuestro «sí», para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos y colmarnos
de su misericordia sin límites”.
“Con su
predicación sobre el Reino de Dios, Jesús se opone a una religiosidad que no
involucra la vida humana, que no interpela la conciencia y su responsabilidad
frente al bien y al mal”: explicó Papa Francisco bajo una intensa lluvia, en su
comentario al Evangelio de este Domingo XXVI del tiempo ordinario (Mateo 21,
28-32) durante la oración mariana del Ángelus. El Santo Padre comentó que con
este sencillo ejemplo “Jesús quiere superar una religión entendida solo como
práctica exterior y rutinaria, que no incide en la vida y en las actitudes de
las personas”.
“A
la invitación del padre de ir a trabajar a la viña, el primer hijo responde
impulsivamente «no», pero después se arrepiente y va; sin embargo el segundo
hijo, que enseguida responde «sí», en realidad no lo hace. La obediencia no
consiste en el decir «sí» o «no», sino en actuar, en cultivar la viña, en
realizar el Reino de Dios.”
Privilegiados
de la gracia
“Los exponentes de esta
religiosidad “de fachada” –continuó el Pontífice-, que Jesús desaprueba, son
«los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo», los cuales, según la
admonición del Señor, en el Reino de Dios serán superados por los publicanos y
las prostitutas”. Sin embargo, Jesús no señala a estos últimos como modelos de
vida, sino como “privilegiados de la gracia”, que Dios ofrece a todo aquel que
se abre y se convierte a Él, y recordó que, de hecho, escuchando la predicación
de Jesús, se arrepintieron y cambiaron de vida.
Los dos hermanos
El Santo Padre continuó
reconociendo que “en el Evangelio de hoy, quien queda mejor es el primer
hermano, no porque ha dicho «no» a su padre, sino porque después el «no» se ha
convertido en un «sí»”.
“Dios
es paciente con nosotros: no se cansa, no desiste después de nuestro «no»; nos
deja libres también de alejarnos de Él y de equivocarnos. Pero pensar en la
paciencia de Dios... ¡es maravilloso! Como el Señor siempre nos espera; siempre
a nuestro lado para ayudarnos, pero respetando nuestra libertad. Y espera
ansiosamente nuestro «sí», para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos
y colmarnos de su misericordia sin límites.”
La fe en Dios pide renovar cada
día la elección del bien respecto al mal, la elección de la verdad respecto a
la mentira, la elección del amor del prójimo respecto al egoísmo. Papa
Francisco recuerda que quien se convierte a esta elección de amor, después de
haber experimentado el pecado, encontrará los primeros lugares en el Reino de
los cielos, “donde hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por
noventa y nueve justos”.
Conversión
El Santo Padre recuerda que la
conversión, cambiar el corazón, es un proceso "que nos purifica de las
incrustaciones morales y a veces es un proceso doloroso, porque no hay camino a
la santidad sin alguna renuncia y sin combate espiritual". El Papa invitó
a luchar por el bien, "luchando para no caer en la tentación, haciendo de
nuestra parte lo que podemos para vivir en la paz y la alegría de las
Bienaventuranzas".
“El Evangelio de hoy cuestiona
la forma de vivir la vida cristiana –subrayó Francisco-, que no está hecha de
sueños y de bonitas aspiraciones, sino de compromisos concretos, para abrirnos
siempre a la voluntad de Dios y al amor hacia los hermanos”.
“Incluso
el más pequeño compromiso concreto, no puede hacerse sin gracia. La conversión
es una gracia que siempre debemos pedir: "Señor, dame la gracia de
mejorar. Dame la gracia de ser un buen cristiano".
Dóciles a la acción del Espíritu Santo
Finalmente, el Santo Padre
invitó a rogar a María Santísima para que “nos ayude a ser dóciles en la acción
del Espíritu Santo”, quien derrite la dureza de los corazones y los dispone al
arrepentimiento, para obtener la vida y la salvación prometidas por Jesús.
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LO HUMANO Y DIVINO
Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. (Génesis, 1,26-27)