A
tus pies, Señor
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estamos
en plena novena de Nuestro Padre Santo Domingo; el sábado celebraremos su
fiesta; este año, todo de una manera especial, pero no por ello mal; al revés,
el Señor saca vida de todo.
Santo
Domingo tenía muchos dones y carismas, por eso el Señor se valió de él para
fundar la Orden de Predicadores. Pero hay un aspecto que siempre me ha
cautivado, y te lo comparto desde el corazón: es su manera de orar.
Nos
dicen los testigos que el día lo pasaba con los hombres, y la noche con Dios. Y
fray Angélico nos dibuja a Domingo a los pies de la Cruz.
Mi
Madre Maestra, cuando yo era novicia, me regaló un carboncillo de esa imagen.
Siempre la he tenido conmigo. Ahora se me ha dado la oportunidad de hacerla en
metal (primero un diseño en 3D y después un molde) y no he dudado, por el gran
significado que tiene: en ella se ve el rostro de Domingo pidiendo al Señor por
los hombres, dándole gracias por este misterio de la Cruz... Su cara expresa
esa oración de unión que tenía con Cristo Crucificado, y estoy segura de que
nada de lo que Le pedía se le negaba.
Pero,
donde está Santo Domingo, tenemos que estar tú y yo: a los pies de la Cruz
encontramos todo aquello que necesitamos para ser felices y vivir en plenitud.
Cuando
nuestro corazón está inquieto, es Cristo quien nos lo calma; cuando sentimos
incertidumbre, Su amor en la Cruz nos muestra el camino; cuando sentimos miedo
al futuro, es Jesús el que nos da su Vida para decirnos que todo está en Sus
manos.
Era
a los pies de la Cruz donde Domingo cogía todo: la vida, las fuerzas, la
sabiduría, los consejos, el amor, la Misericordia... tantas cosas que nos
cuentan de él. Era a los pies de la Cruz donde dejaba que el amor de Cristo se
derramase en Él. Donde ves a Santo Domingo, ese es tu sitio, ocúpalo.
Hoy
el reto del amor es abrazarte a Cristo, a los pies de Su Cruz, y dejarle todo
en Sus manos. Coge en tus manos un crucifijo y ora un poco, pídele descubrir la
riqueza de su salvación: que experimentes que Él muere por ti y te resucita. No
hay mejor lugar que a tus pies, Señor.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
