Te
presento a Jesús
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Anoche
estuve un ratito con el Señor en el Oratorio del Noviciado. Allí, a Sus pies,
está colocado un libro de peticiones. En sus páginas están las peticiones de
tantas personas que, al pasar por nuestro locutorio, nos han pedido escribir en
él.
Al
verlo, estuve orando un rato por cada una de esas personas, y recordé que, al
principio de conocer al Señor, me surgió la duda de cómo podíamos saber que Él
nos cuida y nos escucha si muchas de las cosas que Le pedimos parece que no se
cumplen...
Y
me dieron una respuesta que encajó profundamente en mi corazón y, desde
entonces, nunca la he olvidado. Y es que, cuando nosotros Le pedimos algo al
Señor, lo que nos suele ocurrir es que nos hacemos nuestra idea perfecta de
cómo tiene que ser Su respuesta, y, cuando no llega la solución tal y como
nosotros nos la habíamos imaginado, nos cuesta mucho ver la mano del Señor. Y
esto sucede porque, al orar de esta forma, ponemos nuestra mirada en una única
dirección: la de la solución que esperamos.
Sin
embargo, si presentamos las cosas al Señor, si hacemos ese acto de entregarle
lo que llevamos en el corazón, Le estamos dejando las riendas a Él, Le estamos
diciendo que la situación Le pertenece y que confiamos en que es Él quien sabe
cómo ponerle solución. Él siempre está obrando, lo que sucede es que muchas
veces son nuestros ojos los que no saben verLe. Por ello, qué bueno es pedirle
unos ojos nuevos para que podamos descubrir cómo lo va a hacer... ¡y Él lo
hace!
Hoy
el reto del amor es presentarle al Señor esa intención que llevas en el
corazón: esa persona que está enferma, esa circunstancia que no sabes cómo
solucionar, eso que en tu corazón comienza a pesar... Entregárselo no es
desinterés o pasividad, sino confianza en quien sabes que realmente es tu
salvación.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma