Indicaciones
confusas
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Para
conservar el color blanco, los hábitos se lavan con muchísimo cuidado. Es más:
antes de meterlos en la lavadora, se “marcan” las manchas, para luego
repasarlas.
Eso
de “marcar” es sencillo: coges un hilo de color y, aguja en mano, das unas
puntaditas alrededor de la mancha.
Pues
en esas estaba yo el otro día, perdida entre los metros de tela que componen el
hábito, en búsqueda y captura de manchas. Cuando estaba a punto de dar por
terminada la misión...
-¡Uy,
ahí te dejas una mancha enorme! -me avisó una hermana desde enfrente.
-¿Una
mancha enorme? ¿Dónde? -pregunté mientras levantaba la tela.
-¡Ahí,
ahí! ¡Al lado de tu mano!
Pero
yo, por más que miraba, no daba con la mancha dichosa. Y sus “indicaciones
gestuales”, desde tan lejos, eran muy poco orientativas.
-¿Pero
cuál de las dos manos? -dije, tratando de tener alguna pista más.
-¡Esa!
-¿Y
cuál es “esa”?
-¡¡La
del anillo!!
Solté
una sonora carcajada: ¡¡llevo un anillo en cada mano!! En la izquierda, un
anillo- rosario de plata; en la derecha, la alianza.
En
fin, menos mal que, entre las risas, descubrí la mancha...
Lo
cierto es que este hecho me ha llevado a orar mucho. Continuamente me viene a
la mente el texto de san Pablo que dice que ya no hay hombre o mujer, esclavo o
libre, “porque todos sois uno en Cristo Jesús”.
Mis
anillos son signo de mi consagración. Es verdad que una mano es la derecha y
otra la izquierda, pero, si dices, como esa hermana, “la mano del anillo”, ¡no
hay diferencia entre ellas! La posición respecto al cuerpo queda en segundo
lugar, ¡lo que importa es el anillo!
Lo
mismo sucede entre nosotros. Podemos ser muy diferentes; desarrollar funciones
dispares... pero hay algo por encima de todo eso que nos hace iguales: en el
bautismo, todos hemos sido marcados. Lo que te define no es ser “mano derecha”
o “mano izquierda”. Lo que te define es que eres hijo de Dios.
Este
título es tu anillo. Es lo que queda por encima de todo lo demás, de lo que
hagas o de tus errores. Eres un elegido. Si algo te define, es que eres amado
de Dios.
Hoy
el reto del amor es buscar “el anillo” que nos une. Te invito a que des gracias
al Señor por el amor que te tiene, ese amor que fue primero, antes de que
hicieses nada, ¡ese amor que permanece siempre! Siéntete amado, especial para
Él. Y hoy, cuando te salten a la vista las diferencias con el hermano que
tienes al lado, ¡recuerda que lleva el mismo “anillo” que tú! ¡Es también amado
del Señor! No te centres en lo que os diferencia, ¡sino en Cristo que os une!
¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
