Francisco
advirtió de la mundanidad en la que a veces se desliza la Iglesia
"La
alegría es vuestra fortaleza". Es la invitación y, al mismo tiempo, el
programa de vida que el Papa Francisco confió a los 73 hermanos capuchinos
menores de la Provincia italiana de Las Marcas, que se reunieron el jueves 10
de octubre por la mañana en la pequeña sala del Aula Pablo VI, en el Vaticano.
Una conversación cordial, marcada por la fraternidad y la sencillez, en la que
también hubo espacio para formular algunas preguntas dirigidas al Santo Padre.
A continuación, compartimos una síntesis del artículo publicado en
"L'Osservatore Romano".
En
su encuentro con los religiosos el Papa habló en primer lugar de la llamada de
Dios, recordando que Él llama de diferentes maneras y métodos. Y lo hace
invitando en todo momento a la conversión, que es una opción fuerte, "una
decisión que involucra a la persona consagrada y la lleva adelante en el camino
de la vida".
Testimoniar a Cristo con
mansedumbre y pobreza
Uno
de los riesgos a los que se puede enfrentar, si uno no se deja involucrar y
cuestionar por Dios, es la "acidez religiosa", -dijo Francisco- de la
que deriva la infelicidad. Las personas consagradas se convierten así en
"coleccionistas de injusticias", según la actitud típica de quienes
se sienten siempre víctimas y, por tanto, caen en constantes quejas.
Santa
Teresa de Jesús -recordó el Papa al respecto- advirtió a las monjas contra la
tentación de considerarse objeto de injusticia. Este es el "adagio del
lloriqueo", una actitud que debe ser contrarrestada precisamente por la
conversión. Entrar en la comunidad significa, pues, prepararse para pasar de la
conversión a la conversión, porque eso conduce a la humildad.
Francisco
subrayó una vez más la importancia de hablar no con adjetivos sino con la
teología de los sustantivos, como lo indica también el espíritu franciscano.
Predicar a Jesús a través
de la existencia
Otro
tema tratado fue el de la misionaridad, al que está ligada la falta de
vocaciones. "Con la consagración -dijo el Pontífice- ya no hay que pensar
en uno mismo, sino en vivir como testigos. Ciertamente, no hay que hacer
proselitismo, sino predicar a Jesús más a través de la existencia que a través
de las palabras, como el mismo Francisco de Asís recomendaba a sus
hermanos".
No
es casualidad que incluso santas contemporáneas como Teresa de Calcuta hayan
gozado de un respeto unánime en sus vidas, por parte de creyentes y no
creyentes, precisamente por su testimonio. Por eso, el Pontífice invitó a los
capuchinos a ofrecer este testimonio con mansedumbre, pero sobre todo con
pobreza, que debe ser vivida en la práctica, sin olvidar que el diablo entra
precisamente por los bolsillos, es decir, por la falta de coherencia con el
voto de pobreza. Ella, decía San Ignacio de Loyola, debe ser la "madre y
el muro" de la vida religiosa.
El espíritu mundano daña a
la Iglesia
Asimismo,
Francisco advirtió de la mundanidad en la que a veces se desliza la Iglesia. El
espíritu mundano lastima a la Iglesia, tanto es así que Jesús en su oración
pide al Padre que nos aleje no del mundo sino del espíritu del mundo que lo
arruina todo y causa falsedades. Se necesita humildad para contrarrestar este
mal. Otra tentación para la Iglesia es el clericalismo, el hijo de la
mundanidad.
Esto
es lo que corre el riesgo de transformar a los pastores de siervos a amos. Es
necesario, pues, redescubrir y retomar la estructura de servicio en el seno de
la comunidad eclesial, subrayó el Pontífice invitando a los capuchinos a vivir
su Regla con naturalidad, aceptando a los demás y respetándolos. "La
comunión fraterna es natural, no se crea artificialmente. Es una gracia del
Espíritu Santo y se alimenta del perdón", aseguró el Obispo de Roma.
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